domingo, 14 de septiembre de 2008

La Colina de la Vida: Sui Generis

La colina de la Vida, Sui Generis & León Gieco

León Gieco y Victor Heredia en vivo(Cuba). La Colina de la Vida


Irak: La tierra de la muerte y la Resistencia
700 mil muertos y millones de refugiados


Sobreviviendo: Víctor Heredia

Saludos
Vlady

El lado oscuro de Jorge Luis Borges y fragmentos de Cómo nace un texto

Sí, Borges llegó a escuchar a Pink Floyd, es una parte de su vida que no sabía, menos el de su encuentro con Mick Jagger. Tiene que leer "cómo nace un texto", del genial Borges. Obviamente, escuchaba a Bach y le encantaba la música sacra.
Saludos tradicionales.

Cómo nace un texto
Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin. En el caso de un poema, no: es una idea más general, y a veces ha sido la primera línea. Es decir, algo me es dado, y luego ya intervengo yo, y quizá se echa todo a perder. En el caso de un cuento, por ejemplo, bueno, yo conozco el principio, el punto de partida, conozco el fin, conozco la meta. Pero luego tengo que descubrir, mediante mis muy limitados medios, qué sucede entre el principio y el fin. Y luego hay otros problemas a resolver; por ejemplo, si conviene que el hecho sea contado en primera persona o en tercera persona. Luego, hay que buscar la época; ahora, en cuanto a mí eso es una solución personal mía, creo que para mí lo más cómodo viene a ser la última década del siglo XIX. Elijo si se trata de un cuento porteño, lugares de las orillas, digamos, de Palermo, digamos de Barracas, de Turdera. Y la fecha, digamos 1899, el año de mi nacimiento, por ejemplo. Porque ¿quién puede saber, exactamente, cómo hablaban aquellos orilleros muertos?: nadie. Es decir, que yo puedo proceder con comodidad. En cambio, si un escritor elige un tema contemporáneo, entonces ya el lector se convierte en un inspector y resuelve: "No, en tal barrio no se habla así, la gente de tal clase no usaría tal o cual expresión."
El escritor prevé todo esto y se siente trabado. En cambio, yo elijo una época un poco lejana, un lugar un poco lejano; y eso me da libertad, y ya puedo fantasear o falsificar, incluso. Puedo mentir sin que nadie se dé cuenta, y sobre todo, sin que yo mismo me dé cuenta, ya que es necesario que el escritor que escribe una fábula por fantástica que sea crea, por el momento, en la realidad de la fábula.


[Jorge Luis Borges, Cómo nace un texto (fragmento)].
Un emperador mogol en el siglo XIII sueña un palacio y lo edifica conforme a la visión; en el siglo XVIII un poeta inglés que no pudo saber que esa fábrica se derivó de un sueño, sueña un poema sobre el palacio. Confrontadas con esta simetría, que trabaja con almas de hombres que duermen y abarca continentes y siglos, nada o muy poco son, me parece, las levitaciones, resurrecciones y apariciones de los libros piadosos.
[Jorge Luis Borges, conclusión de El sueño de Coleridge]

Borges y sus lados ocultos
Entre otros gustos, gozaba con la música de Pink Floyd y los Rolling Stones.

Gerardo Lissardy. BBC Mundo.

Jorge Luis Borges escuchaba Pink Floyd, tenía pasión por el arroz con manteca y queso, y de joven abandonó el vino después de oír a un amigo de su padre pronosticar que se convertiría en un "borracho perdido". Estos son algunos rasgos del lado más personal y menos conocido del prestigioso escritor argentino que su viuda, María Kodama, relató a BBC Mundo.

El diálogo se produjo a propósito de una muestra de fotografías y textos de viajes de Borges y Kodama por el mundo, "El atlas de Borges", inaugurada esta semana en La Casa de América Latina de la capital francesa. Lo que sigue son extractos de esa conversación.

–Una pregunta que surge al ver la exposición es si Borges tenía una rutina...

–No, creo que si Borges hubiera tenido buena vista quizás lo hubiéramos perdido como escritor. Hubiera sido un aventurero. Era una persona que no tenía rutinas, ni siquiera para escribir. Escribía, como decía, cuando la Musa le dictaba o cuando el espíritu lo habitaba. Si no tenía ninguna idea en la cabeza, seguía de largo y no pasaba nada.

–¿Cómo era un día en la vida de Borges?

–Se levantaba más o menos a las ocho o nueve de la mañana, desayunaba, después recibía a los periodistas, a los estudiantes (...). Íbamos bastante al cine; le gustaba mucho.

–¿Cuál era su plato favorito?

–El arroz con manteca y queso. Hay una anécdota muy divertida, porque un día un amigo lo invita a comer a Maxim’s. Viene el maitre, a quien le habían explicado quién era Borges, y le dice: "Maestro, ¿qué podemos servirle?". Y empieza a dar una larga lista del menú, exquisito por supuesto. Borges escucha atentamente y termina diciendo: "Arroz con manteca y queso". El amigo queda paralizado y le dice: "Pero maestro, estamos en el mejor restaurante de París...". Entonces él mira al maitre y le dice: "Por eso, quiero saber cómo preparan mi plato preferido en el mejor restaurante de París: arroz con manteca y queso".

–¿Qué música escuchaba?

–Él decía que era sordo musical, porque tenía solo oído para la música de la palabra. Y decía cosas como por ejemplo que Beethoven no le gustaba, lo que producía el horror sagrado de toda la gente entendida. Pero le gustaban por ejemplo Brahms, Bach, la música antigua, medieval, la música folclórica, la milonga y los "tangos de la guardia vieja", como decía. Creía que Gardel había arruinado el tango.

–¿Por qué?

–Porque lo había hecho "sentimental y llorón". En cambio, me decía que los "tangos de la guardia vieja" eran como las milongas: tenían letras divertidas, en doble sentido. Le gustaba eso y después cosas divertidas como los Beatles, los Rolling Stones, Pink Floyd.

–¿Pink Floyd?

–Sí, le encantaba. Tal es así que el himno para su cumpleaños no era el "Happy birthday" sino "The wall".

–¿Cómo lo descubrió?

–No sé. La película The wall es terrible y la vimos infinidad de veces. En un momento creo que sabía de memoria los diálogos. Le gustaba ese tipo de música porque decía que era una cosa de enorme fuerza, terrible pero vital.

–¿Y los Rolling Stones?

–Le encantaban, también decía que tenían una fuerza increíble. Un día estábamos en el hotel Palace de Madrid, esperando a que vinieran a buscarnos para cenar, y veo que viene Mick Jagger. Se arrodilla, le agarra la mano a Borges y le dice: "Maestro, yo lo admiro". Borges, un poco asombrado, no lo veía, dice: "¿Y usted quién es, señor?". Y él responde: "Soy Mick Jagger". Borges dice: "Ah, uno de los Rolling Stones". Mick Jagger casi se desmaya y pregunta: "¿Cómo maestro, usted me conoce?". Y Borges dice: "Sí, gracias a María". Yo le había contado a Borges que en una película que se llama Performance aparece una gran foto de Borges y creo que Mick Jagger leyendo a Borges.

–¿Escuchaba música Borges para escribir?

-No, pero se había dado cuenta que escuchando música sin ponerla él y sin darse cuenta que estaba, le transmitía como una energía para escribir.



El vino, nunca más

–¿Tomaba vino?

-Me contó que cuando era joven sí. Hasta que un día, en una reunión, escuchó a un amigo del padre que decía: "¡Qué lástima! Si Jorge sigue así va a terminar borracho perdido". Desde ese día dejó de beber.

–¿Nunca más?

–Nunca más bebió hasta que empezó a dar las conferencias. Entonces bebía un guindado o un vasito de caña para poder hablar, porque era muy tímido. Me angustiaba mucho, pero nunca se lo dije, porque él era tartamudo y se había corregido, pero cuando estaba cansado, si bebía la copita de vino, tenía como dificultad para arrancar. (...)Recuerdo que un día, caminando, me dijo la conferencia que iba a dar. Y de pronto se paró y comentó: "Pero he dado la conferencia... Entonces, quiere decir que puedo decirla sin tomar el vino". Me pidió que le dijera dónde iba a estar sentada: "Doy la conferencia para usted". Y no tomó nunca más.

Saludos de Vlady

domingo, 7 de septiembre de 2008

Los Jaguares: Quisiera ser alcohol

No se olviden, "Los Jaguares" se presentan en Lima. Espero ahora sí poder ir con mis patas.
Quisiera ser alcohol

Antes de que nos olviden (acústico)

Nada mejor que un video improvisado, gente coreando la canción "sombras en Tiempos perdidos" (Monterrey 2007)

Saludos
Y ahora sí nos vemos en el concierto.
Vlady

La Sagrada Chakana

Un símbolo Inka, que fue usado "ilegítimamente", que tiene gran contenido, espero les interese este artículo escrito por Sergio Fritz.
Saludos
La Sagrada Chakana
La Chakana es la simbolización geométrica de la síntesis de nuestro saber tradicional Andino. Desde el punto de vista de nuestra cosmovisión es importantísimo y hasta vital acercarnos a la esencia de su significación.
Que significado tiene su nombre? Fue producto del azar, o es que en su nombre esconde una significación mucho mas profunda ?.
El presente análisis-ensayo pretende acercarnos a la esencia de este símbolo sagrado de nuestra ancestral cultura Andina.
CHAKANA, es indudablemente una voz qechwa compuesta de dos elementos-partes: CHAKA y NA como subfijo. CHAKA que es traducida como PUENTE y la partícula NA que en la estructura gramatical del qechwa representa al “potencial – NA” (1), mediante el cual:
1) Cualquier tema verbal puede ser nominalizado al adjuntarse este subfijo:
ejemplos:
a) QepiNA wan qepirkunaq = lo había envuelto con una servilleta
Qepi-y = envolver
QepiNA = cualquier objeto que sirve para envolver
Nota: los verbos qechwas en fu forma infinitiva termina en “Y” lo que va agregado a su raíz (ejemplo: en Qepi-y , la raíz es Qepi )
b) Muruy = sembrar
Moruna = usado (se refiere a un terreno) para sembrar
2) Sirve como objeto indirecto de los verbos
Ejemplo:
a) MikuNAn paq papa ta yanuriy = sancocha (en imperativo) papas para que el coma
Mikuy = comer
MikuNA paq = para comer
b) MuruNAn paq jara ta churan = guarda maíz para que lo siembre
Muruy = sembrar
MuruNA paq = para sembrar ( se refiere a lo que será sembrado)
Ahora bien,
CHAKA = puente
CHAKAY = “puentear” , comunicar, llevar hacia, cruzar algo de un extremo a otro, cruzar algo, poner dos cosas atravesadas como los brazos de una cruz (2)
CHAKANA = que sirve (posibilita) para “puentear”, enlazar, conectar, comunicar, que a través de si permite llegar hacia algo.. al otro extremo.
Aquí emerge totalmente valida una interrogante: enlazarnos, comunicarnos con que?... Es el camino de doble sentido hacia que o donde?.
Será que el Qhapaq Ñan (graficado en la Chakana) tiene que ver con el camino que comunica con el Principio Esencial, la Tradición Primordial, la Fuente Primordial de la vida y la sabiduría, el Gran Misterio (Dios)? Y de ser asi, con que objetivo?
Otro análisis que resulta sumamente interesante es el siguiente: Sabemos que existen diferencias fonéticas ( también gramaticales) entre el qechwa de Ancash, Ayacucho y Qosqo.
Lo que en el qechwa de Ancash se pronuncia TSA, en Ayacucho y en el Qosqo deviene en CHA. Lo mismo con TSI = CHI ( ejem.: Noqantsik = noganchik = nosotros).
En nuestro caso concreto: TSAKA = CHAKA = PUENTE.
Pero veamos lo interesante de todo esto. Si Tsaka es puente, TSAKAY = puentear, cruzar, llevar hacia, pero básicamente significa OSCURIDAD, OSCURO. Si se acepta que el color negro ( en general la oscuridad) en las diferentes culturas simbolizo siempre y simboliza “ lo eterno”, lo infinito, lo substancial, entonces, TSAKAY en una de sus acepciones originales podría significar y entender se como: “ llevar hacia lo perpetuo e infinito, hacia la fuente de los “ ciclos cósmicos” eternos.
De esto se desprende con claridad meridiana que TSAKANA (o sea CHAKANA) puede traducirse y entenderse como: algo que sirve (posibilita) para "puentear", conectar, cruzar hacia, comunicar (por ejemplo, con la Fuente Primordial de la Vida y la Sabiduría).
Esta posibilidad y analisis es del todo valido, toda cuenta que según estudios realizados hace un par de décadas por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, el qechwa mas antiguo es precisamente el de Ancash y es a partir de el que fueron evolucionando los demás dialectos, incluso lo que posteriormente llegaría a ser el “qechwa Imperial”, que dicho sea de paso, fue establecido como idioma oficial del Tawantinsuyu. Pero estamos convencidos también que nuestra cultura tradicional Andina emergió muchísimo antes que esta época de diferenciación dialéctico-idiomático
En este contexto es importantísimo preguntarse, como se fundo nuestra Civilización Andina?
Todas las civilizaciones tradicionales (incluida la Andina) se fundan, emergen o expresan un principio metafísico. La expresión o manifestación de este principio metafísico en la realidad ordinaria constituye aquello que suele llamarse “lo sagrado” (aunque en realidad, si la Existencia Universal es la manifestación del Principio, entonces todo en ella es sagrado). El despliegue de este principio en la realidad contingente constituye lo que llamamos “Espíritu Tradicional”, y es propio de las civilizaciones normales o tradicionales(3).
El despliegue gradual del principio metafísico a través de fases sucesivas origina una serie de grandes elongaciones cósmicas, las cuales a su vez están formadas por ciclos cósmicos, y todo ciclo cósmico supone el desarrollo de un estado particularmente especifico de manifestación universal.
Toda tradición es como un río que fluye, el cual es vivificado en forma permanente desde su misma fuente que es de origen no-humano o sea metafísico, es por esta razón que la parte no-humana de una tradición no puede envejecer ni tampoco verdaderamente morir. Cuando ha cumplido su función, retorna a la Fuente de la que se ha originado y del cual continua dependiendo. En términos generales, podemos afirmar que la irrupción del elemento de origen no humano que se manifiesta en el origen mismo de una tradición, da forma a una particular mentalidad, que origina a su vez una civilización tradicional. Esta es la razón por la que en la etapa fundacional de toda forma civilizacional particular, veamos irrumpir o manifestarse ciertos elementos o hechos extraordinarios que constituyen lo que en lenguaje teológico se llama REVELACION.
Si tradición es lo que se transmite de una manera u otra, entonces una tradición puede ser oral o escrita, aunque esta haya sido oral en su origen. Pero lo que en realidad se trasmite no son solo palabras, ya sean estas orales o escritas, lo que se transmite es el elemento de origen no humano que toma como soportes la oralidad o la escritura, o incluso ambos.
Una tradición no es mas tradición porque sea oral o escrita, una tradición es autentica porque vehicula un elemento de origen no-humano.
La utilidad de una tradición no es la conservación de mitos, ritos y creencias, sino mas bien de la transmisión de una influencia espiritual particular a través de estos soportes. Por eso nuestro “culto de los antepasados” se basa en creencias mas o menos mágico-religiosos.
Cuando alguno de nuestros antepasados recibía la influencia espiritual, que vehicula nuestra tradición, se convertía por este hecho en una suerte de deposito viviente de esta influencia espiritual (Hijo del Sol) y cuando moría sus despojos devenían en WAKA, es decir ”cosa o algo santificado”. El culto a los antepasados tenia mucho que ver con la conservación, transmisión regular, fluida e ininterrumpida de la influencia espiritual.
A diferencia de esto, el pensamiento racionalista y descriptivo ( y también segmentante de la realidad y del conocimiento) que impera en el Occidente moderno dice:el hombre actual no es mas que el resultado de la evolución progresiva de un pre-homínido. Occidente moderno supone que una tradición no es mas que una suerte de recuento de actos ya hábitos, los cuales han sido empíricamente adquiridos por repetición desde tiempos remotos. Además, también sostienen que estos actos y hábitos al irse acumulando (desde una fantasiosa fase de transición pre-homínido hasta los tiempos actuales), han adquirido cualidades distintas en cada grupo humano, de esta forma según ellos, han nacido los sistemas de representación simbólica de la realidad (mitos, leyendas, artes y artesanías, ciencias y tecnologías arcaicas, etc). Estos sistemas , con el paso del tiempo se han transformado- según las hipótesis modernistas- en los diferentes registros simbólicos que existen en cada grupo humano, asi como en los usos y costumbres de cada pueblo.
Que es o que se debe entender por Tradición Primordial?. Cabe decir, que las tradiciones representan una manifestación directa de la Revelación Primordial, hecho que marca una ruptura de la dimensión horizontal y temporal por el eje vertical y trascendente de un arquetipo particular. En otras palabras, las formas tradicionales particulares se han desarrollado a partir de una Revelación, que ha sido escuchada o vista por ciertos “cualificados receptáculos” humanos, quienes son llamados rishis en la tradición hindú, wichasha wakan en la tradición lakota (sioux), CHAKA RUNA en la tradición del Tawantinsuyu.
Para comprender el termino CHAKA RUNA, es preciso saber que este se deriva de un termino qechwa “pacha chaka” que se traduce como puente en una profundidad (4) ; y corresponde a la idea de “puente cósmico”. El Chaka runa u “ hombre puente” es el hombre que ha accedido a la Identidad Suprema, es decir se ha convertido en un cualificado puente entre lo que simbólicamente se llama: la Tierra y el Cielo. Debido a esto puede actuar como un receptáculo y como transmisor de una sabiduria de origen no-humano- el Gran Misterio, el Principio Esencial.
Podemos hacer las siguientes conclusiones: cada forma tradicional particular no es mas que una fase de desarrollo de la Tradición Primordial. Cada forma tradicional no es sino una trascripción sujeta a las contingencias de tiempo, lugar y gente de la Revelación original, la cual yace en deposito en la Tradición Primordial: esta es fija e inmutable, pero no por ello inexistente.
La norma y el eje, el germen imperecedero de todo “lo sagrado” , el fundamento de todas las tradiciones secundarias y de las religiones, es la Tradición Primordial y pueden tener acceso a el los Qhapaqkuna (nobles, sabios, justos y por ende poderosos), pues estos son los Chaka runa, quienes han aprendido a transitar por el Qhapaq Ñan, (5) por el “puente cósmico” de la sagrada Chakana.
Es en este contexto que debe de entenderse el significado de la Sagrada Chakana .... es en este contexto y desde este ángulo-perspectiva que debemos mirar al infinito y luminoso Qhapaq Ñan.

(1) Jacinto E. Córdova Guimaray: Flexiones y posposiciones en el qechua Ancash-Huaylas, Trujillo-Perú, Universidad Nacional de Trujillo, 1981, pp. 16.
(2) Cesar A. Guardia Mayorga: Diccionario Kechwa- Castellano- 4ta edición, Ediciones Peisa, 1969, pp. 46.
(3) Intisunqu Waman: Tradición y Modernidad, una perspectiva amerindia, Colombia, Editorial Mejoras Ltda., 2002, pp. 107-141, 170
(4) http://www.inkarri.net/quien/chaka.htm
(5) http://www.quechuanetwork.org/yachaywasi/Capac-Cuna.pdf

lunes, 1 de septiembre de 2008

The Beatles

norwegian wood (Rubber Soul)

Across The Universe (Anthology version)

Girl

While My Guitar Gently Weeps

Versión en concierto. While My Guitar Gently Weeps - George Harrison

Juan Rulfo: Nos han dado la tierra

Nos han dado la tierra: Juan Rulfo
Después de tantas horas de caminar sin encontrar ni una sombra de árbol, ni una semilla de árbol, ni una raíz de nada, se oye el ladrar de los perros.
Uno ha creído a veces, en medio de este camino sin orillas, que nada habría después; que no se podría encontrar nada al otro lado, al final de esta llanura rajada de grietas y de arroyos secos. Pero sí, hay algo. Hay un pueblo. Se oye que ladran los perros y se siente en el aire el olor del humo, y se saborea ese olor de la gente como si fuera una esperanza.
Pero el pueblo está todavía muy allá. Es el viento el que lo acerca.
Hemos venido caminando desde el amanecer. Ahorita son algo así como las cuatro de la tarde. Alguien se asoma al cielo, estira los ojos hacia donde está colgado el sol y dice:
-Son como las cuatro de la tarde.
Ese alguien es Melitón. Junto con él, vamos Faustino, Esteban y yo. Somos cuatro. Yo los cuento: dos adelante, otros dos atrás. Miro más atrás y no veo a nadie. Entonces me digo: "Somos cuatro". Hace rato, como a eso de las once, éramos veintitantos, pero puñito a puñito se han ido desperdigando hasta quedar nada más que este nudo que somos nosotros.
Faustino dice:
-Puede que llueva.
Todos levantamos la cara y miramos una nube negra y pesada que pasa por encima de nuestras cabezas. Y pensamos: "Puede que sí".
No decimos lo que pensamos. Hace ya tiempo que se nos acabaron las ganas de hablar. Se nos acabaron con el calor. Uno platicaría muy a gusto en otra parte, pero aquí cuesta trabajo. Uno platica aquí y las palabras se calientan en la boca con el calor de afuera, y se le resecan a uno en la lengua hasta que acaban con el resuello. Aquí así son las cosas. Por eso a nadie le da por platicar.
Cae una gota de agua, grande, gorda, haciendo un agujero en la tierra y dejando una plasta como la de un salivazo. Cae sola. Nosotros esperamos a que sigan cayendo más y las buscamos con los ojos. Pero no hay ninguna más. No llueve. Ahora si se mira el cielo se ve a la nube aguacera corriéndose muy lejos, a toda prisa. El viento que viene del pueblo se le arrima empujándola contra las sombras azules de los cerros. Y a la gota caída por equivocación se la come la tierra y la desaparece en su sed.
¿Quién diablos haría este llano tan grande? ¿Para qué sirve, eh?
Hemos vuelto a caminar. Nos habíamos detenido para ver llover. No llovió. Ahora volvemos a caminar. Y a mí se me ocurre que hemos caminado más de lo que llevamos andado. Se me ocurre eso. De haber llovido quizá se me ocurrieran otras cosas. Con todo, yo sé que desde que yo era muchacho, no vi llover nunca sobre el llano, lo que se llama llover.
No, el llano no es cosa que sirva. No hay ni conejos ni pájaros. No hay nada. A no ser unos cuantos huizaches trespeleques y una que otra manchita de zacate con las hojas enroscadas; a no ser eso, no hay nada.
Y por aquí vamos nosotros. Los cuatro a pie. Antes andábamos a caballo y traíamos terciada una carabina. Ahora no traemos ni siquiera la carabina.
Yo siempre he pensado que en eso de quitarnos la carabina hicieron bien. Por acá resulta peligroso andar armado. Lo matan a uno sin avisarle, viéndolo a toda hora con "la 30" amarrada a las correas. Pero los caballos son otro asunto. De venir a caballo ya hubiéramos probado el agua verde del río, y paseado nuestros estómagos por las calles del pueblo para que se les bajara la comida. Ya lo hubiéramos hecho de tener todos aquellos caballos que teníamos. Pero también nos quitaron los caballos junto con la carabina.
Vuelvo hacia todos lados y miro el llano. Tanta y tamaña tierra para nada. Se le resbalan a uno los ojos al no encontrar cosa que los detenga. Sólo unas cuantas lagartijas salen a asomar la cabeza por encima de sus agujeros, y luego que sienten la tatema del sol corren a esconderse en la sombrita de una piedra. Pero nosotros, cuando tengamos que trabajar aquí, ¿qué haremos para enfriarnos del sol, eh? Porque a nosotros nos dieron esta costra de tapetate para que la sembráramos.
Nos dijeron:
-Del pueblo para acá es de ustedes.
Nosotros preguntamos:
-¿El Llano?
- Sí, el llano. Todo el Llano Grande.
Nosotros paramos la jeta para decir que el llano no lo queríamos. Que queríamos lo que estaba junto al río. Del río para allá, por las vegas, donde están esos árboles llamados casuarinas y las paraneras y la tierra buena. No este duro pellejo de vaca que se llama Llano.
Pero no nos dejaron decir nuestras cosas. El delegado no venía a conversar con nosotros. Nos puso los papeles en la mano y nos dijo:
-No se vayan a asustar por tener tanto terreno para ustedes solos.
-Es que el llano, señor delegado...
-Son miles y miles de yuntas.
-Pero no hay agua. Ni siquiera para hacer un buche hay agua.
-¿Y el temporal? Nadie les dijo que se les iba a dotar con tierras de riego. En cuanto allí llueva, se levantará el maíz como si lo estiraran.
- Pero, señor delegado, la tierra está deslavada, dura. No creemos que el arado se entierre en esa como cantera que es la tierra del Llano. Habría que hacer agujeros con el azadón para sembrar la semilla y ni aun así es positivo que nazca nada; ni maíz ni nada nacerá.
- Eso manifiéstenlo por escrito. Y ahora váyanse. Es al latifundio al que tienen que atacar, no al Gobierno que les da la tierra.
- Espérenos usted, señor delegado. Nosotros no hemos dicho nada contra el Centro. Todo es contra el Llano... No se puede contra lo que no se puede. Eso es lo que hemos dicho... Espérenos usted para explicarle. Mire, vamos a comenzar por donde íbamos...
Pero él no nos quiso oír.
Así nos han dado esta tierra. Y en este comal acalorado quieren que sembremos semillas de algo, para ver si algo retoña y se levanta. Pero nada se levantará de aquí. Ni zopilotes. Uno los ve allá cada y cuando, muy arriba, volando a la carrera; tratando de salir lo más pronto posible de este blanco terregal endurecido, donde nada se mueve y por donde uno camina como reculando.
Melitón dice:
-Esta es la tierra que nos han dado.
Faustino dice:
-¿Qué?
Yo no digo nada. Yo pienso: "Melitón no tiene la cabeza en su lugar. Ha de ser el calor el que lo hace hablar así. El calor, que le ha traspasado el sombrero y le ha calentado la cabeza. Y si no, ¿por qué dice lo que dice? ¿Cuál tierra nos han dado, Melitón? Aquí no hay ni la tantita que necesitaría el viento para jugar a los remolinos."
Melitón vuelve a decir:
-Servirá de algo. Servirá aunque sea para correr yeguas.
-¿Cuáles yeguas? -le pregunta Esteban.
Yo no me había fijado bien a bien en Esteban. Ahora que habla, me fijo en él. Lleva puesto un gabán que le llega al ombligo, y debajo del gabán saca la cabeza algo así como una gallina.
Sí, es una gallina colorada la que lleva Esteban debajo del gabán. Se le ven los ojos dormidos y el pico abierto como si bostezara. Yo le pregunto:
-Oye, Teban, ¿de dónde pepenaste esa gallina?
-Es la mía- dice él.
-No la traías antes. ¿Dónde la mercaste, eh?
-No la merqué, es la gallina de mi corral.
-Entonces te la trajiste de bastimento, ¿no?
-No, la traigo para cuidarla. Mi casa se quedó sola y sin nadie para que le diera de comer; por eso me la traje. Siempre que salgo lejos cargo con ella.
-Allí escondida se te va a ahogar. Mejor sácala al aire.
Él se la acomoda debajo del brazo y le sopla el aire caliente de su boca. Luego dice:
-Estamos llegando al derrumbadero.
Yo ya no oigo lo que sigue diciendo Esteban. Nos hemos puesto en fila para bajar la barranca y él va mero adelante. Se ve que ha agarrado a la gallina por las patas y la zangolotea a cada rato, para no golpearle la cabeza contra las piedras.
Conforme bajamos, la tierra se hace buena. Sube polvo desde nosotros como si fuera un atajo de mulas lo que bajara por allí; pero nos gusta llenarnos de polvo. Nos gusta. Después de venir durante once horas pisando la dureza del Llano, nos sentimos muy a gusto envueltos en aquella cosa que brinca sobre nosotros y sabe a tierra.
Por encima del río, sobre las copas verdes de las casuarinas, vuelan parvadas de chachalacas verdes. Eso también es lo que nos gusta.
Ahora los ladridos de los perros se oyen aquí, junto a nosotros, y es que el viento que viene del pueblo retacha en la barranca y la llena de todos sus ruidos.
Esteban ha vuelto a abrazar su gallina cuando nos acercamos a las primeras casas. Le desata las patas para desentumecerla, y luego él y su gallina desaparecen detrás de unos tepemezquites.
-¡Por aquí arriendo yo! -nos dice Esteban.
Nosotros seguimos adelante, más adentro del pueblo.
La tierra que nos han dado está allá arriba.

domingo, 24 de agosto de 2008

Saltando al toro

En lugar de matarlos y hacerlos sufrir, mejor este nota de humor.


Bonitos gatos, lástima que peleen demasiado. Videos para divertirse un momento.

El amor en la arena.

Saludos
Vlady
Estoy sumamente aburrido y decepcionado.

La Nave Blanca: H.P. Lovecraft

La Nave Blanca
[Cuento. Texto completo]
H.P. Lovecraft

Soy Basil Elton, guardián del faro de Punta Norte, que mi padre y mi abuelo cuidaron antes que yo. Lejos de la costa, la torre gris del faro se alza sobre rocas hundidas y cubiertas de limo que emergen al bajar la marea y se vuelven invisibles cuando sube. Por delante de ese faro, pasan desde hace un siglo las naves majestuosas de los siete mares. En los tiempos de mi abuelo eran muchas; en los de mi padre, no tantas; hoy, son tan pocas que a veces me siento extrañamente solo, como si fuese el último hombre de nuestro planeta.
De lejanas costas venían aquellas embarcaciones de blanco velamen, de lejanas costas de Oriente, donde brillan cálidos soles y perduran dulces fragancias en extraños jardines y alegres templos. Los viejos capitanes del mar visitaban a menudo a mi abuelo y le hablaban de estas cosas, que él contaba a su vez a mi padre, y mi padre a mí, en las largas noches de otoño, cuando el viento del este aullaba misterioso. Luego, leí más cosas de estas, y de otras muchas, en libros que me regalaron los hombres cuando aún era niño y me entusiasmaba lo prodigioso.
Pero más prodigioso que el saber de los viejos y de los libros es el saber secreto del océano. Azul, verde, gris, blanco o negro; tranquilo, agitado o montañoso, ese océano nunca está en silencio. Toda mi vida lo he observado y escuchado, y lo conozco bien. Al principio, sólo me contaba sencillas historias de playas serenas y puertos minúsculos; pero con los años se volvió más amigo y habló de otras cosas; de cosas más extrañas, más lejanas en el espacio y en el tiempo. A veces, al atardecer, los grises vapores del horizonte se han abierto para concederme visiones fugaces de las rutas que hay más allá; otras, por la noche, las profundas aguas del mar se han vuelto claras y fosforescentes, y me han permitido vislumbrar las rutas que hay debajo. Y estas visiones eran tanto de las rutas que existieron o pudieron existir, como de las que existen aún; porque el océano es más antiguo que las montañas, y transporta los recuerdos y los sueños del Tiempo.
La Nave Blanca solía venir del sur, cuando había luna llena y se encontraba muy alta en el cielo. Venía del sur, y se deslizaba serena y silenciosa sobre el mar. Y ya estuvieran las aguas tranquilas o encrespadas, ya fuese el viento contrario o favorable, se deslizaba, serena y silenciosa, con su velamen distante y su larga, extraña fila de remos, de rítmico movimiento. Una noche divisé a un hombre en la cubierta, muy ataviado y con barba, que parecía hacerme señas para que embarcase con él, rumbo a costas desconocidas. Después, lo vi muchas veces más, bajo la luna llena, haciéndome siempre las mismas señas.
La luna brillaba en todo su esplendor la noche en que respondí a su llamada, y recorrí el puente que los rayos de la luna trazaban sobre las aguas, hasta la Nave Blanca. El hombre que me había llamado pronunció unas palabras de bienvenida en una lengua suave que yo parecía conocer, y las horas se llenaron con las dulces canciones de los remeros mientras nos alejábamos en silencioso rumbo al sur misterioso que aquella luna llena y tierna doraba con su esplendor.
Y cuando amaneció el día, sonrosado y luminoso, contemplé el verde litoral de unas tierras lejanas, hermosas, radiantes, desconocidas para mí. Desde el mar se elevaban orgullosas terrazas de verdor, salpicadas de árboles, entre los que asomaban, aquí y allá, los centelleantes tejados y las blancas columnatas de unos templos extraños. Cuando nos acercábamos a la costa exuberante, el hombre barbado habló de esa tierra, la tierra de Zar, donde moran los sueños y pensamientos bellos que visitan a los hombres una vez y luego son olvidados. Y cuando me volví una vez más a contemplar las terrazas, comprobé que era cierto lo que decía, pues entre las visiones que tenía ante mí había muchas cosas que yo había vislumbrado entre las brumas que se extienden más allá del horizonte y en las profundidades fosforescentes del océano. Había también formas y fantasías más espléndidas que ninguna de cuantas yo había conocido; visiones de jóvenes poetas que murieron en la indigencia, antes de que el mundo supiese lo que ellos habían visto y soñado. Pero no pusimos el pie en los prados inclinados de Zar, pues se dice que aquel que se atreva a hollarlos quizá no regrese jamás a su costa natal.
Cuando la Nave Blanca se alejaba en silencio de Zar y de sus terrazas pobladas de templos, avistamos en el lejano horizonte las agujas de una importante ciudad; y me dijo el hombre barbado:
-Aquélla es Talarión, la Ciudad de las Mil Maravillas, donde moran todos aquellos misterios que el hombre ha intentado inútilmente desentrañar.
Miré otra vez, desde más cerca, y vi que era la mayor ciudad de cuantas yo había conocido o soñado. Las agujas de sus templos se perdían en el cielo, de forma que nadie alcanzaba a ver sus extremos; y mucho más allá del horizonte se extendían las murallas grises y terribles, por encima de las cuales asomaban tan sólo algunos tejados misteriosos y siniestros, ornados con ricos frisos y atractivas esculturas. Sentí un deseo ferviente de entrar en esta ciudad fascinante y repelente a la vez, y supliqué al hombre barbado que me desembarcase en el muelle, junto a la enorme puerta esculpida de Akariel; pero se negó con afabilidad a satisfacer mi deseo, diciendo:
-Muchos son los que han entrado a Talarión, la ciudad de las Mil Maravillas; pero ninguno ha regresado. Por ella pululan tan sólo demonios y locas entidades que ya no son humanas, y sus calles están blancas con los huesos de los que han visto el espectro de Lathi, que reina sobre la ciudad.
Así, la Nave Blanca reemprendió su viaje, dejando atrás las murallas de Talarión; y durante muchos días siguió a un pájaro que volaba hacia el sur, cuyo brillante plumaje rivalizaba con el cielo del que había surgido.
Después llegamos a una costa plácida y riente, donde abundaban las flores de todos los matices y en la que, hasta donde alcanzaba la vista, encantadoras arboledas y radiantes cenadores se caldeaban bajo un sol meridional. De unos emparrados que no llegábamos a ver brotaban canciones y fragmentos de lírica armonía salpicados de risas ligeras, tan deliciosas, que exhorté a los remeros a que se esforzasen aún más, en mis ansias por llegar a aquel lugar. El hombre barbado no dijo nada, pero me miró largamente, mientras nos acercábamos a la orilla bordeada de lirios. De repente, sopló un viento por encima de los prados floridos y los bosques frondosos, y trajo una fragancia que me hizo temblar. Pero aumentó el viento, y la atmósfera se llenó de hedor a muerte, a corrupción, a ciudades asoladas por la peste y a cementerios exhumados. Y mientras nos alejábamos desesperadamente de aquella costa maldita, el hombre barbado habló al fin, y dijo:
-Ese es Xura, el País de los Placeres Inalcanzados.
Así, una vez más, la Nave Blanca siguió al pájaro del cielo por mares venturosos y cálidos, impelida por brisas fragantes y acariciadoras. Navegamos día tras día y noche tras noche; y cuando surgió la luna llena, dulce como aquella noche lejana en que abandonamos mi tierra natal, escuchamos las suaves canciones de los remeros. Y al fin anclamos, a la luz de la luna, en el puerto de Sona-Nyl, que está protegido por los promontorios gemelos de cristal que emergen del mar y se unen formando un arco esplendoroso. Era el País de la Fantasía, y bajamos a la costa verdeante por un puente dorado que tendieron los rayos de la luna.
En el país de Sona-Nyl no existen el tiempo ni el espacio, el sufrimiento ni la muerte; allí habité durante muchos evos. Verdes son las arboledas y los pastos, vivas y fragantes las flores, azules y musicales los arroyos, claras y frescas las fuentes, majestuosos e imponentes los templos y castillos y ciudades de Sona-Nyl. No hay fronteras en esas tierras, pues más allá de cada hermosa perspectiva se alza otra más bella. Por los campos, por las espléndidas ciudades, andan las gentes felices y a su antojo, todas ellas dotadas de una gracia sin merma y de una dicha inmaculada. Durante los evos en que habité en esa tierra, vagué feliz por jardines donde asoman singulares pagodas entre gratos macizos de arbustos, y donde los blancos paseos están bordeados de flores delicadas. Subí a lo alto de onduladas colinas, desde cuyas cimas pude admirar encantadores y bellos panoramas, con pueblos apiñados y cobijados en el regazo de valles verdeantes y ciudades de doradas y gigantescas cúpulas brillando en el horizonte infinitamente lejano. Y bajo la luz de la luna contemplé el mar centelleante, los promontorios de cristal, y el puerto apacible en el que permanecía anclada la Nave Blanca.
Una noche del memorable año de Tharp, vi recortada contra la luna llena la silueta del pájaro celestial que me llamaba, y sentí las primeras agitaciones de inquietud. Entonces hablé con el hombre barbado, y le hablé de mis nuevas ansias de partir hacia la remota Cathuria, que no ha visto hombre alguno, aunque todos la creen más allá de las columnas basálticas de Occidente. Es el País de la Esperanza: en ella resplandecen las ideas perfectas de cuanto conocemos; al menos así lo pregonan los hombres. Pero el hombre barbado me dijo:
-Cuídate de esos mares peligrosos, donde los hombres dicen que se encuentra Cathuria. En Sona-Nyl no existe el dolor ni la muerte; pero, ¿quién sabe qué hay más allá de las columnas basálticas de Occidente?
Al siguiente plenilunio, no obstante, embarqué en la Nave Blanca, y abandoné con el renuente hombre barbado el puerto feliz, rumbo a mares inexplorados.
Y el pájaro celestial nos precedió con su vuelo, y nos llevó hacia las columnas basálticas de Occidente; pero esta vez los remeros no cantaron dulces canciones bajo la luna llena. En mi imaginación, me representaba a menudo el desconocido país de Cathuria con espléndidas florestas y palacios, y me preguntaba qué nuevas delicias me aguardarían. "Cathuria", me decía, "es la morada de los dioses y el país de innumerables ciudades de oro. Sus bosques son de aloe y de sándalo, igual que los de Camorin; y entre sus árboles trinan alegres y entonan sus cantos amables los pájaros; en las verdes y floridas montañas de Cathuria se elevan templos de mármol rosa, ricos en bellezas pintadas y esculpidas, con frescas fuentes argentinas en sus patios, donde gorgotean con música encantadora las fragantes aguas del río Narg, nacido en una gruta. Las ciudades de Cathuria tienen un cerco de murallas doradas, y sus pavimentos son de oro también. En los jardines de estas ciudades hay extrañas orquídeas y lagos perfumados cuyos lechos son de coral y de ámbar. Por la noche, las calles y los jardines se iluminan con alegres linternas, confeccionadas con las conchas tricolores de las tortugas, y resuenan las suaves notas del cantor y el tañedor de laúd. Y las casas de las ciudades de Cathuria son todas palacios, construidos junto a un fragante canal que lleva las aguas del sagrado Narg. De mármol y de pórfido son las casas; y sus techumbres, de centelleante oro, reflejan los rayos del sol y realzan el esplendor de las ciudades que los dioses bienaventurados contemplan desde lejanos picos. Lo más maravilloso es el palacio del gran monarca Dorieb, de quien dicen algunos que es un semidiós y otros que es un dios. Alto es el palacio de Dorieb, y muchas son las torres de mármol que se alzan sobre las murallas. En sus grandes salones se reúnen multitudes, y es aquí donde cuelgan trofeos de todas las épocas. Su techumbre es de oro puro, y está sostenida por altos pilares de rubí y de azur donde hay esculpidas tales figuras de dioses y de héroes, que aquel que las mira a esas alturas cree estar contemplando el olimpo viviente. Y el suelo del palacio es de cristal, y bajo él manan, ingeniosamente iluminadas, las aguas del Narg, alegres y con peces de vivos colores desconocidos más allá de los confines de la encantadora Cathuria".
Así hablaba conmigo mismo de Cathuria, pero el hombre barbado me aconsejaba siempre que regresara a las costas bienaventuradas de Sona-Nyl; pues Sona-Nyl es conocida de los hombres, mientras que en Cathuria jamás ha entrado nadie.
Y cuando hizo treinta y un días que seguíamos al pájaro, avistamos las columnas basálticas de Occidente. Una niebla las envolvía, de forma que nadie podía escrutar más allá, ni ver sus cumbres, por lo cual dicen algunos que llegan a los cielos. Y el hombre barbado me suplicó nuevamente que volviese, aunque no lo escuché; porque, procedentes de las brumas más allá de las columnas de basalto, me pareció oír notas de cantones y tañedores de laúd, más dulces que las más dulces canciones de Sona-Nyl, y que cantaban mis propias alabanzas; las alabanzas de aquél que venía de la luna llena y moraba en el País de la Ilusión. Y la Nave Blanca siguió navegando hacia aquellos sones melodiosos, y se adentró en la bruma que reinaba entre las columnas basálticas de Occidente. Y cuando cesó la música y levantó la niebla, no vimos la tierra de Cathuria, sino un mar impetuoso, en medio del cual nuestra impotente embarcación se dirigía hacia alguna meta desconocida. Poco después nos llegó el tronar lejano de alguna cascada, y ante nuestros ojos apareció, en el horizonte, la titánica espuma de una catarata monstruosa, en la que los océanos del mundo se precipitaban hacia un abismo de nihilidad. Entonces, el hombre barbado me dijo con lágrimas en las mejillas:
-Hemos despreciado el hermoso país de Sona-Nyl, que jamás volveremos a contemplar. Los dioses son más grandes que los hombres, y han vencido.
Yo cerré los ojos ante la caída inminente, y dejé de ver al pájaro celestial que agitaba con burla sus alas azules sobrevolando el borde del torrente.
El choque nos precipitó en la negrura, y oí gritos de hombres y de seres que no eran hombres. Se levantaron los vientos impetuosos del Este, y el frío me traspasó, agachado sobre la losa húmeda que se había alzado bajo mis pies. Luego oí otro estallido, abrí los ojos y vi que estaba en la plataforma de la torre del faro, de donde había partido hacía tantos evos. Abajo, en la oscuridad, se distinguía la silueta borrosa y enorme de una nave destrozándose contra las rocas crueles; y al asomarme a la negrura descubrí que el faro se había apagado por primera vez desde que mi abuelo asumiera su cuidado.
Y cuando entré en la torre, en la última guardia de la noche, vi en la pared un calendario: aún estaba tal como yo lo había dejado, en el momento de partir. Por la mañana, bajé de la torre y busqué los restos del naufragio entre las rocas; pero sólo encontré un extraño pájaro muerto, cuyo plumaje era azul como el cielo, y un mástil destrozado, más blanco que el penacho de las olas y la nieve de los montes.
Después, el mar no ha vuelto a contarme sus secretos, y aunque la luna ha iluminado los cielos muchas veces desde entonces con todo su esplendor, la Nave Blanca del sur no ha vuelto jamás.

domingo, 17 de agosto de 2008

THE BEATLES

Quién no recuerda a los famosos dibujos animados de los Beatles, jaja, de niño era un placer verlos y escucharlos. Lamentablemente fueron sacados del aire y guardados bajo llaves. Lástima, pero aquí un pequeño recuerdo.
OB-LA-DI OB-LA DA

And i love her

Composición muy encantadora, que me hace preguntar, acaso soy tan orgulloso, inmaduro, del que no hay nada que aprender y que siempre piensa mal?. Qué malo soy. Ayer no pude dormir, pensando si he de hacer algo que lo cambie, o si sólo fue un momento de descontrol; al menos lograron que aterrizara, estaba caminando en las nubes, muy ilusionado.
Michelle

I need you

She loves you. Para alegrar un poco la oscura y triste tarde

Chao
Guardare absoluto silencio en los próximos días

miércoles, 13 de agosto de 2008

Alexandr Solzhenitsin

Luego del día a día, en que uno siente una opresión por todas las barbaridades que pasan en nuestro en país y en sus instituciones, en el que no quedan más que sentimientos de impotencia y rabia por todo, duele mucho ver la pasividad de sus habitantes; talvez Marx no se equivocó cuando dijo que un proceso de cosificación se afirmaba en el mundo capitalista, los seres humanos ya no se identifican con su trabajo. Triste realidad.
A pesar de todo, en esos momentos agrios, uno encuentra regado en diferentes medios digitales especiales sobre la vida de un hombre, un gran hombre que se enfrentó a la brutalidad de la dictadura de Stalin, un idealista puro, de esos que cada vez hay menos.

Alexandr Solzhenitsin
Por MarioVargas Llosa. Escritor
Como en la última etapa de su vida se dedicó a lanzar fulminaciones bíblicas contra la decadencia de Occidente y a defender un nacionalismo ruso sustentado en la tradición y el cristianismo ortodoxo, se había vuelto una figura incómoda, hasta antipática, y ya casi no se hablaba de él. Ahora que, a sus 89 años, un ataque cardíaco acabó con su vida, se puede formular un juicio más sereno sobre este intelectual y profeta moderno, acaso el escritor que más tumultos y controversias haya provocado en todo el siglo veinte.
Digamos, ante todo, que su corazón resistiera 89 años las indescriptibles penalidades que debió afrontar --la guerra mundial contra el fascismo, las torturas y el confinamiento de tantos años en los campos de exterminio soviético, el cáncer, el exilio de otros tantos años en el páramo siberiano, la persecución y la censura, las campañas de calumnia y descrédito, la expulsión deshonrosa y la privación de la ciudadanía, el secuestro de sus manuscritos, etcétera-- es un milagro de la voluntad imponiéndose a la carne miserable, una prueba inequívoca de que aquella potencia del espíritu para sobreponerse a la adversidad no es solo patrimonio de los héroes epónimos que glorifican las religiones e inventan las sagas y los cantares de gesta, pues encarna a veces, de siglo en siglo, en alguna figura tan terrestre y perecedera como el común de los mortales.
No fue un gran creador, como lo fueron sus compatriotas Tolstoi y Dostoievski, pero su obra durará tanto o más que la de ellos y que la de cualquier otro escritor de su tiempo como el más desgarrado e intenso testimonio sobre los desvaríos ideológicos y los horrores totalitarios del siglo XX, las injusticias y crímenes colectivos de los que fueron víctimas entre treinta y cuarenta millones de personas, una cifra tan enorme que vuelve abstracto y casi desvanece en su gigantismo astral lo que fue el miedo cerval, el dolor inconmensurable, la humillación y los tormentos psicológicos y corporales que precedieron y acompañaron el exterminio de esa humanidad por la demencia despótica de Stalin y del sistema que le permitió convertirse en uno de los más crueles genocidas de toda la historia.
"Archipiélago Gulag" es mucho más que una obra maestra: es una demostración de que, aun en medio de la barbarie y el salvajismo más irracionales, lo que hay de noble y digno en el ser humano puede sobrevivir, defenderse, testimoniar y protestar. Que siempre es posible resistir al imperio del mal y que si esa llamita de decencia y limpieza moral no se apaga a la larga termina por prevalecer contra el fanatismo y la locura autoritaria.
No es un libro fácil de leer, porque es denso, prolijo y repetitivo, y porque desde sus primeras páginas una asfixia se apodera del lector, una terrible desmoralización por la suciedad moral y la estupidez que anima los crímenes políticos, las torturas, las delaciones, los extremos de ignominia en que verdugos y víctimas se confunden, el miedo convertido en el aire que se respira, con el que hombres y mujeres se acuestan y se levantan, y los recursos ilimitados de la imaginación dogmática para multiplicar y refinar la crueldad. Todo aquello viene hasta nosotros a través de la literatura, pero no es literatura, es vida vivida o mejor dicho padecida año tras año, día a día, en el desamparo y la ignorancia totales, sin la menor esperanza de que algo o alguien venga por fin a poner punto final a semejante agonía.
¿De dónde sacó fuerzas este hombre del común, oscuro matemático, para resistir todo aquello y, una vez salido del infierno, volver a él y dedicar el resto de su vida a reconstruirlo, documentarlo y contarlo con minuciosa prolijidad, sin olvidar una sola vileza, maldad, pequeñez o inmundicia, para que el resto del mundo se enterara de lo que es vivir en el horror?
Había en Solzhenitsin algo de esa estofa de la que estuvieron hechos esos profetas del Antiguo Testamento a los que hasta en su físico terminó por parecerse: una convicción granítica que lo defendía contra el sufrimiento, un amor a la verdad y a la libertad que lo hacían invulnerable a toda forma de abdicación o de chantaje. Fue uno de esos seres incorruptibles que nos asustan porque su sola existencia delata nuestras debilidades. Cuando las circunstancias lo obligaron a dejar su amado país --porque lo increíble es que amó siempre a Rusia con la inocencia y la terquedad de un niño, pese a todas las pruebas que su país le infligió-- creyó que, en el mundo occidental al que llegaba, iba a ver confirmado todo aquello con lo que, en el aislamiento del gulag y la tundra siberiana, había soñado: una sociedad donde la libertad fuera tan grande como la responsabilidad de los ciudadanos, donde el espíritu prevalecía sobre la materia, la cultura domesticaba los instintos y la religión humanizaba al individuo y fomentaba la solidaridad y la conducta moral.
Como esa visión del Occidente era tan ingenua como su patriotismo, el espectáculo con el que se encontró le causó una decepción de la que nunca se curó: ¿para eso les servía la libertad y la democracia a las privilegiadas gentes del Occidente? ¿Para acumular riquezas y derrocharlas en la frivolidad, el lujo, el hedonismo y la sensualidad? ¿Para fomentar el cinismo, el egoísmo, el materialismo, para dar la espalda a la moral, al espíritu, para ignorar los peligros que amenazaban esos valores cívicos, políticos y morales que habían traído la prosperidad, la legalidad y el poderío al Occidente? Desde entonces comenzó a tronar, con acento olímpico, contra la degeneración moral y política de las sociedades occidentales y a encasillarse en esa idea --utópica-- de que Rusia era distinta, de que en ella, a pesar del comunismo, y tal vez debido a esos ochenta años de expiación política y social, podía venir, con la caída del régimen soviético, ese ideal que combinara el nacionalismo y la democracia, la vida espiritual y el progreso material, la tradición y la modernidad, la cultura y la fe. Lo extraordinario es que, en los años finales de su vida, Solzhenitsin identificara semejante utopía con el autoritarismo de Vladimir Putin y legitimara con su enorme prestigio moral al nuevo autócrata de Rusia y callara sus desafueros, sus recortes a la libertad, sus atropellos políticos y sus matonerías internacionales.
Ahora bien, que se equivocara en esto no rebaja en modo alguno la extraordinaria hazaña política e intelectual que fue la suya: emerger del infierno concentracionario para contarlo y denunciarlo, en unos libros cuya fuerza documental y moral no tienen paralelo en la historia moderna, unos libros sobre los que habrá siempre que volver para recordar que la civilización es una delgada película que puede quebrarse con facilidad y precipitar de nuevo a un país en el infierno del oscurantismo y la crueldad, que la libertad, una conquista tan preciosa, es una llamita que, si dejamos que se apague, estalla una violencia que supera todas las peores pesadillas que han pintado los grandes visionarios de la maldad humana, los horrores dantescos, las atrocidades del Bosco o de Goya, las fantasías sadomasoquistas del divino marqués. "Archipiélago Gulag" mostró que, tratándose de crueldad, el fanatismo político puede producir peores monstruosidades que el delirio perverso de los artistas.
Yo nunca lo conocí en persona, pero estuve cerca de él, en Cavendish, el pueblecito del estado de Vermont, en Estados Unidos, donde vivió de 1976 a 1994, en el exilio. "Vale la pena que vayas allá solo para que veas cómo lo cuidan los vecinos", me había dicho mi amigo Daniel Rondeau, uno de los pocos que consiguió cruzar la casita-fortaleza en que vivía encerrado, escribiendo. Fui, en efecto, y pregunté por él a la primera persona que encontré, una señora que abría a paladas un caminito entre la nieve. "No quiero molestar al señor Solzhenitsin", le dije, "solo ver su casa de lejos. ¿Me puede indicar dónde está?". Sus indicaciones me llevaron al borde de un abismo. Pregunté a tres o cuatro personas más y todas me engañaron y desviaron de la misma manera. Por fin, un bodeguero me confesó la verdad: "Nadie en la vecindad le mostrará la casa del señor Solzhenitsin. Él no quiere que lo molesten y nosotros en el pueblo nos encargamos de que sea así. Lo mejor que puede usted hacer ahora es irse". Estoy seguro de que todas las banderas de las casas del bello pueblecito nevado de Cavendish flotan hoy día a media asta.
LIMA, AGOSTO DEL 2008

jueves, 31 de julio de 2008

Música Barroca

Particular aprecio a la música sacra. Compositores de la talla de Palestrina, Alegri y otros, dejan una huella huella imborrable en el alma. En el video que "cuelgo" a continuación se puede escuchar una de las composiciones más bellas de la música barroca, pertenece a Tomasso Giovanni Albinoni, es el conocidísimo "Adagio en G Minor", interpretado por University College Oxford Orchestra, aunque el sonido no es tan claro y limpio, pero vale la pena dejarlo.

El sonido e interpretación de esta orquesta esta muchísimo mejor, espero les encante.

Canon en do mayor, la conocida composición de Pachelbel. Extrait de Johann Pachelbel, une réjouissance musicale(Belgique, 2006, 43mn)
ARTE / RTBF K
Konzert Johann Pachelbel in Brüssel
Musik (Belgien 2006, ARTE / RTBF)
Chef d'orchestre: Jean Tubéry
Chanteur: Les solistes du Choeur de Chambre de Namur

Sinceramente muchas de las versiones que encontré en la web, da verguenza ajena, felizmente la que cuelgo contiene una buena interpretación
Saludos tradicionales
vlady

Entrevista a Norberto Bobbio: El comunismo y el marxismo fueron reaccionarios

Sí, lamentablemente la ilustración va a contracorriente. El fin de la contemplación y la filosofía, para dar paso a diferentes modalidades inmediatas de formas de vida, hedonismo, consumismo, y otros que explican una realidad desalentadora, desindividualizada del ser humano.
Saludos

Comunismo y nazismo fueron reaccionarios
Por Luis Ángel Fernández Hermana

Norberto Bobbio (Turín, 1909) es uno de los pensadores y filósofos políticos más importantes de Europa. En 1975 inició en Italia el debate sobre socialismo, democracia, marxismo y comunismo, que ha influido en las nuevas generaciones de todo el continente. En esta entrevista Bobbio se une a la discusión sobre el significado actual del iluminismo y habla también de las tesis sobre la "utopía reaccionaria" del nazismo y el comunismo.

Pregunta. En alguna enciclopedia he leído: Norberto Bobbio, "exponente del pensamiento neoilustrado". Por competencia formalmente reconocida debo darle la palabra en la discusión abierta en La Repubblica por un artículo de Eugenio Scalfari que plantea varias cuestiones, pero sobre todo ésta: Isaiah Berlin tituló su antología de ensayos sobre autores ilustrados Contracorriente, pero hoy qué va más contracorriente, ¿estar con los ilustrados o con sus adversarios?

Respuesta. A juzgar por las filosofías dominantes hoy, y sobre todo por los dos grandes puntos de referencia de los filósofos contemporáneos, que son Nietzsche y Heidegger, debería decir que tiene razón Scalfari, que es la Ilustración la que va a contracorriente.

Empecemos por Berlin: Scalfari sospecha que su corazón está del otro lado. Usted también sospechó en algún momento algo parecido, en un artículo de 1980 para la Rivista Storica Italiana [Revista Histórica Italiana], dedicado a ese mismo libro, que acababa de salir en Inglaterra.

No cabe duda de que leyendo los libros de Berlin, y sobre todo a los autores que cuentan con sus simpatías, podría parecer que está de parte de los filósofos anti-ilustrados, tanto de los pre-ilustrados, como Vico, Herder y un completo reaccionario como Hamann, como de los pos-ilustrados, como Sorel, otro de sus preferidos.

Vico es fundamental en la historia del pensamiento, según Berlin.

Desde luego, es un típico representante de la anti-Ilustración. No es casualidad que Giambattista Vico haya sido un casi descubrimiento de Benedetto Croce, que desarrolló una de sus grandes batallas filosóficas contra la Ilustración considerándola una manifestación de lo que se daba en llamar "racionalismo abstracto", la expresión de una razón que no sabe reconocer la pluralidad de las situaciones históricas. Para él la razón ilustrada era una razón eminentemente antihistórica.

Si tanto Croce como Berlin, ambos liberales, sienten tanta simpatía por Vico y por autores historicistas y antiilustrados, surge la pregunta: ¿hay cuentas pendientes entre liberalismo e Ilustración?

La anti-Ilustración en los escritos de Berlin ha hecho que me plantee la cuestión de si el suyo es realmente un pensamiento liberal. A él, indudablemente, se le considera un gran pensador liberal, pero todos los autores que propone, revaloriza, destaca, pertenecen a la tradición opuesta, excepto uno: John Stuart Mill. Ahora bien, en la tradición liberal, además de Kant, son fundamentales John Locke y Benjamin Constant. La libertad liberal de los modernos es un desligarse, que pretende ser definitivo, de cualquier forma de organicismo. Ahora bien, si se toma esta libertad a lo Constant y se la va a buscar en los autores de Berlin no se encuentra, a pesar de que Berlin sea, como es sabido, el autor de Cuatro ensayos sobre el concepto de libertad y haya ligado su nombre precisamente a la distinción entre "libertad negativa" y "libertad positiva".

La libertad positiva (la libertad "de", la capacidad de ser dueños de sí mismos, de hacer, de eliminar los obstáculos), a la que Berlin prefería la negativa (la libertad "desde"), más genuinamente liberal, mientras que la primera está emparentada con el socialismo y el comunismo, nos lleva aquí a medir las relaciones entre la Ilustración y el marxismo. Para Berlin el marxismo representaba la "exageración" de la parte opuesta al nacionalismo, el comunismo era un exceso de universalismo y de racionalismo, igualmente peligroso.

Pero tampoco en esto me convence Berlin, porque respecto a la libertad de la democracia liberal y burguesa, nazismo y comunismo son hermanos: tienen el mismo enemigo. Me ha gustado mucho el libro que acaba de salir, de Paolo Bellinazzi - L'utopia reazionaria [La utopía reaccionaria], Editorial Name- que analiza los argumentos que nazismo y comunismo proponen como defensa de sus propias tesis y demuestra que el nazismo y el comunismo, contrariamente a la opinión común según la cual son ideologías opuestas tienen matrices comunes: los dos combaten el libre mundo burgués del mercado y de los estados parlamentarios, los dos casan con la Gemeinschaft contra la Gesellschaft, la comunidad arcaica (aquella en la que un individuo es sólo parte de un organismo) contra la sociedad moderna de los individuos singulares (y en cuanto tales, en libre relación entre ellos), los dos se oponen al individualismo y son partidarios del organicismo social.

Usted está diciendo que comunismo y nazismo se presentan como enemigos de la modernidad.

Sí, y Bellinazzi argumenta muy bien esta tesis. Cuando, por ejemplo, indaga en las relaciones entre los dos antagonistas Carl Schmit y György Lukacs, descubre que apoyan más o menos las mismas ideas, porque tienen el mismo enemigo, la burguesía y las filosofías del mercado; los dos se oponen a la misma producción de la riqueza, ambos son reaccionarios.

¿Usted está de acuerdo con las tesis de Bellinazzi?

El libro está muy bien documentado desde el punto de vista histórico y filosófico, y me ha llamado la atención también por cierta correspondencia de ideas. Siempre he mantenido que la historia del siglo XX se caracteriza por tres protagonistas: fascismo, comunismo y democracia (y no sólo por los dos primeros). También he mantenido siempre que la victoria habría correspondido a los dos de los tres que se hubieran aliado. La Segunda Guerra Mundial fue vencida por la alianza entre democracia y comunismo, que fue fatal para el nazismo. Esto es indudable, pero también es verdad que esta alianza era una alianza de guerra, que se realizó en el momento en que estaba estallando la guerra mundial. Y en efecto, en cuanto se derrotó al nazismo, comenzó la guerra fría entre los dos vencedores, durante cincuenta años, una guerra que acabó sin necesidad de disparar, porque con Gorbachov los comunistas tiraron la toalla.

¿Por lo tanto, esa alianza no tenía raíces en una mayor afinidad o en una menor distancia entre comunismo y democracia? Porque, verá usted, estamos, en cierto sentido, acostumbrados a pensar en el marxismo como una "exageración", pero de la parte opuesta a la del nazismo, como un exceso del "racionalismo abstracto" más que como un exceso del "irracionalismo concreto". En resumidas cuentas, error sí, pero por parte de los ilustrados y más allá de ellos.

Ésta es una de las ideas que los comunistas han cultivado para justificarse a sí mismos, ha sido un intento de autolegitimación.

Sin embargo, el nazismo se declaraba enemigo de las Luces, mientras que el comunismo se quiso continuador y "superador".

Esta valoración está destinada a cambiar. Nosotros, que hemos combatido el nazismo como aliados de los comunistas (y afortunadamente ha existido esta alianza, que ha determinado la victoria de la democracia), siempre hemos intentado legitimar y justificar en cierto modo a los comunistas. Era comprensible que intentáramos representarlo como un fenómeno progresivo y no regresivo. Éramos aliados en una guerra mortal, ¿entiende? Nos esforzábamos por ver los aspectos positivos, que después de la caída del comunismo ya no vemos. Después de su derrota definitiva nos hemos visto obligados a revisar la idea que nos habíamos hecho del comunismo.

En 1989 usted hablaba de un célebre artículo aparecido en Stampa, de "utopía invertida"; ahora ésta se ha convertido en una "utopía retrógrada".

Acepto la expresión del título del libro de Bellinazzi, utopía reaccionaria. En este diseño utópico de transformación radical de la sociedad está implícita una idea antiliberal, porque el liberalismo cree que la historia de la libertad es una historia de continuos pasos del bien al mal, de intentos logrados y fallidos. No hay un fin obligado en la sociedad perfecta. Liberalismo es igual a antiperfeccionismo, mientras que tanto el marxismo como el nazismo eran utopías perfeccionistas.

©PoliticasNet. 2001. Este documento puede ser reproducido citando siempre su procedencia.

domingo, 13 de julio de 2008

Lain (ánime)

Sinceramente es el mejor ánime -junto con "Evangelion", "el ángel deL futuro", "la tumba de las luciérnagas" y por ahí otro que a lo mejor olvido- que he visto. Una niña muy introvertida recorre muchas experiencias en la vida en la que se confunden otras dimensiones del ser que aquí son presentadas como la red virtual. Extraños mails son enviados por "personas" muertas, personalidades diversas de un mismo ser, "caballeros" misteriosos y sabios buscan a seres que despiertan a la realidad. Muy bueno.
En éste capítulo, "girls", un "chip" tiene la propiedad de evitar que el cerebro emita la sustancia que hace que seamos concientes del tiempo. Con buena música y en un ambiente subterráneo y oscuro.
Cómprenla, viene en un DVD los pocos episodios de esta serie.
Serial Experiments Lain 2 (part 1)

Serial Experiments Lain 4 part 1 (este capítulo es genial, se titula "RELIGIÓN"

Saludos
Vlady

domingo, 6 de julio de 2008

Bob Dylan: Highway 61

Bob Dylan/The Band - Highway 61 Revisited (1969)

Un clásico inolvidable de Dylan, en dos versiones temporales distintas.

uno de mis videos preferidos de Dylan, Like a Rolling stone (1966)

vlady

Norberto Bobbio: Sobre el fascismo

El fascismo, un tema de actualidad que nos lleva a meditar sobre las contradicciones y desviaciones del sistema democrático, un ejemplo, con las observaciones del caso, es lo que ocurre actualmente en EEUU, el principio de seguridad del Estado esta llevando a conculcar algunas libertades.
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NORBERTO BOBBIO

Sobre el fascismo*

"Giorgio Pisano se cruzó alguna vez con Vittorio Foa y le dijo: "Combatimos en frentes opuestos, cada quien con honor, ahora podemos darnos la mano". Foa le contestó: ‘Es cierto, nosotros ganamos y tú te convertiste en senador; si hubieras ganado tú, yo aún estaría en la cárcel [Giorgio Pisano fue un militante fascista; Vittorio Foa pasó ocho años en las cárceles de Mussolini. N. de laR.]. Piense en ello. Reflexione por un momento."

Reflexionemos. Norberto Bobbio escruta un instante más al interlocutor y luego se deja envolver por la penumbra que empieza a velar su estudio. Se aleja dejando deslizar a sus espaldas la estela de su gravosa autoridad. Cuando la tarde apenas comenzaba su descenso en la noche turinesa, un fantasma que hacía de maestro de ceremonias atendía la conversación, un convidado que pronto se evaneció: Ernst Jünger, el ultracentenario que vio dos veces al cometa. "Un gran hombre, una personalidad extraordinaria."

Bobbio sonríe pensando en sus noventa años. Es la edad de la distancia. Tenía trece cuando Benito Mussolini llegó a Roma para entregar a Vittorio Emanuele la Italia de Vittorio Veneto. "Él tenía treinta y nueve años. Sabemos todo del antifascismo de nuestros padres, pero no sabemos nada del fascismo que precedió a su antifascismo."

" Le diré algo que tal vez pueda parecer demasiado fuerte." Hace una pausa. "¿Me pregunta por qué hasta hoy no hemos hablado de nuestro fascismo? Pues porque nos a-ver-gon-zá-ba-mos." Otra pausa y luego vuelve a silabear. "Nos a-ver-gon-zá-ba-mos porque era cómodo actuar así. Pasar como fascista entre los fascistas y como antifascista entre los antifascistas. O bien, y lo digo para suponer una interpretación más benévola, era un desdoblamiento apenas consciente entre el mundo cotidiano de mi familia fascista y el mundo cultural antifascista. Un desdoblamiento entre mi ser político y mi ser cultural. Vivía mi pasión por la filosofía del derecho, seguía a mi maestro Gioele Solari, intachable antifascista. Me reunía con Piero Martinetti cuando ocupaba el puesto de secretario de redacción en la Revista de Filosofía. Frecuentaba las tertulias antifascistas y participaba en la Fundación Einaudi en 1933. En fin, no hacía caso de aquel fascismo progresivo que satisfacía las ambiciones de orden reclamadas por la vieja derecha liberal."

"La pregunta que usted me hace, ‘¿qué fue entonces el fascismo?’, ¿fue fascismo el de muchos intelectuales y políticos que después se hicieron antifascistas?, sólo tiene una respuesta: sí y no. Sí y no porque la República fue fundada por personajes ajenos al fascismo, como por ejemplo Leo Valiani. La pregunta puede hacernos pensar que el pasaje por el fascismo fue un pasaje obligado. Yo también me lo pregunté. Diría que no. Finalmente hubo un fascismo previo y un fascismo posterior, digo un lugar común, lo sé muy bien. Leí recientemente un artículo de Indro Montanelli en el que explica perfectamente cómo en realidad el fascismo se volvió otra cosa sobre la marcha. Hubo dos fascismos, uno de derecha y uno de izquierda. El de los liberales y el de los aventureros. En mi opinión, la diferencia entre el fascismo de los jóvenes y el fascismo de los viejos se reduce a lo siguiente: el de los primeros (si podemos usar esta palabra) fue revolucionario; el de los padres, en cambio, instrumental. Estos últimos sólo querían el orden, los otros un orden nuevo. Hay que remontarse a 1932, el punto culminante de ese fascismo primitivo, el fin del decenio que festeja la primacía de Italia en la travesía oceánica. El destino quiso que el año siguiente llegara a la escena Adolf Hitler, ante el cual Mussolini, que era visto como un maestro, se volverá un sometido."
La historia que sigue es la caída en la tragedia. "Siempre juzgué el fascismo desde el punto de vista del antifascismo, pero si se leen mis estudios sobre el fascismo se puede notar su objetividad histórica. Dije: con Hitler en el poder la guerra deja de ser un mito apasionante y se transforma en un programa político preciso. También el fascismo tuvo que actualizarse. Legisladores y filósofos fueron despedidos, tomaron la delantera las nuevas generaciones aturdidas por la retórica."

La tragedia se tornará en el horror: "Los judíos, que se habían asimilado ampliamente en Italia ­algunos participaban incluso en las estructuras del partido fascista­, conocieron la persecución; usted sabe bien cómo terminó esta historia, no tiene caso repetirla. Todo esto explica por qué tantas personas que habían sido sinceramente fascistas o simpatizantes, en un momento dado lo empezaron a odiar. El fin del fascismo fue una catástrofe de tal dimensión que finalmente lo olvidamos; o más bien, lo relegamos de nuestra memoria. Lo relegamos porque nos a-ver-gon-zá-ba-mos. Nos a-ver-gon-zá-ba-mos. Yo, que viví ‘la juventud fascista’ entre los antifascistas, me avergonzaba en primer lugar ante mí mismo, y luego ante los que pasaban ocho años en la cárcel; me avergonzaba ante los que, contrariamente a mí, no pudieron arreglársela."

La edad de la distancia consiente al profesor y le permite hablar sobre el tema serenamente. Otros protagonistas, en cambio, prefieren atrincherarse en la complicidad del silencio: "No, no es así. Por ejemplo, Giorgio Bocca habla tranquilamente de su pasado fascista."

La tarde se consume con el primer microcasete de la grabadora y en los ojos del profesor avanzan otros recuerdos que se revelan como un cuento que huye de las pupilas. Un fantasma irrumpe: Benito Mussolini. "Ahora es fácil hacer la caricatura de Mussolini, pero no hay que olvidar que tenía todos los rasgos de lo que Max Weber habría llamado un jefe carismático. Era el hombre que, a pesar de los avatares de la vida, pobre como era, había logrado saltar rápidamente todas las etapas. El presidente del Consejo más joven que había existido; sus discursos eran secos, rapidísimos, contundentes. Era agresivo y cautivaba las masas. No hay nada que agregar. Fue tan carismático como para seguir hasta el fin el destino de los jefes carismáticos: siempre con la razón de su lado hasta el día en que, al equivocarse, caen. Cuando declaró la guerra no se dio cuenta de que ya todo había terminado. Vimos al Mussolini de los últimos años, al Mussolini con sombrero y abrigo en Campo Imperatore. Tenía el rostro afilado, demacrado, pálido… Y luego terminar así, sin lograr entender lo que pasaba a su alrededor en aquella noche del 25 de julio, y menos prever el horrendo fin de Plaza Loreto. Es una confirmación, una de las pocas pruebas fehacientes de que la guerra partisana fue una guerra civil. Sólo una guerra civil puede acabar con el jefe colgado de los pies; una guerra entre Estados no acaba así. Fue una guerra entre italianos."

Bobbio asume el peso de una responsabilidad, la de la autoridad moral. Cada palabra suya, ahora, se ajusta a la decisión de cerrar la eterna posguerra italiana.

Giovanni Gentile: "Mi tesis de licenciatura fue la tesis de un gentiliano. Respecto a la lápida, no estoy de acuerdo en lo absoluto con la decisión del Senado Académico de Pisa. Gentile no merece la acusación de racismo. En el peor momento ayudó a muchos estudiosos judíos." Cualquier otro hecho, el insensato exilio de los Saboya, por ejemplo, encuentra la desaprobación de este turinés. Nunca es demasiado tarde para apagar los últimos fuegos de la posguerra.

Como si el fascista entre los fascistas, Primo Arcovazzi, el trastornado soldado de Luciano Salce interpretado por Ugo Tognazzi en la película El federal, pudiese acompañar otra vez en su sidecar al Profesor antifascista; y no para llevarlo al exilio a Ventotene, sino para ir a aquel exilio ideal que marca la distancia donde nadie corre el riesgo de quedarse en la cárcel o volverse senador, y donde los generosos desquicios del uno nutren las sólidas convicciones del otro. Es la humanidad del dolor; aquella historia donde "después uno ya no es lo que fue antes". Hay una escena sublime en aquella película, cuando en la desesperación del fin, muriéndose de ganas de fumar, los dos cruzan una calle donde zumban los jeeps norteamericanos. A lo largo de la película, el Profesor había tenido que salvar sus libros de las manos de Arcovazzi, quien quería arrancarles las hojas para hacerse cigarrillos. Extenuados, no se dignan en dirigir ni una mirada a las cajetillas de Pall Mall que arrojan los soldados de Estados Unidos. El Profesor, al contrario, hasta pisotea una, toma su libro de Leopardi, arranca la página del "Infinito" y se prepara un cigarrillo: "Al fin que lo conozco de memoria."

Ahora que la tarde ya acabó, Norberto Bobbio pregunta a su interlocutor: "Yo también quisiera hacer una pregunta. Cuando dije que usted vendría, mis amigos, mis amigos de mi círculo me advirtieron, ‘ése es un fascista’. ¿Me explica usted por qué es fascista?" Profesor, confesión por confesión, yo no soy fascista. Soy otra cosa. He amado el escándalo de quien juega como fascista en esta posguerra, porque ha sido la perspectiva más inédita desde la cual pude hacer otra cosa, volverme otra persona, para leer y estudiar en horizontes inaccesibles a otros. Lo confieso así, al gran estudioso, no a su círculo.

*Entrevista de Norberto Bobbio con Pietrangelo Buttafuoco aparecida en Il foglio, el 12 de noviembre, 1999.
Traducción del italiano de Clara Ferri

Entrevista con Norberto Bobbio, "Sobre el fascismo", Fractal n° 20, enero-mrzo, 2001, año 5, volumen VI, pp. 153-157.