martes, 21 de septiembre de 2010

Platón dejó partituras como código secreto en sus textos filosóficos


Tomado del Comercio.pe

Un investigador de la Universidad de Manchester descubrió que el filósofo utilizó un patrón regular de símbolos para dar a sus libros una estructura musical

Totalmente revelador. Así es el descubrimiento realizado por la Universidad de Manchester que afirma que el filósofo griego Platón usó un patrón regular de símbolos, heredado de antiguos seguidores de Pitágoras, con el fin de proporcionar a sus libros una estructura musical.

Como se sabe, Pitágoras indicó que los planetas y las estrellas producían una música inaudible, la cual se conoció un siglo antes. Pitágoras había declarado que los planetas y las estrellas, producían una música que se conoce como “música de las esferas”. En tanto, Platón se tomó el trabajo de escribir esas partituras y las plasmo en sus libros.

El doctor Jay Kennedy descubrió que el maestro de Aristóteles dividió cada diálogo en 12 partes cada cual correspondiente a una nota musical en una escala de 12 notas. Estos códigos musicales ocultos demuestran que Platón se anticipó a la revolución científica dos mil años antes que Isaac Newton.

“Es una historia larga y emocionante, pero básicamente al descifrar el código, he demostrado rigurosamente que los libros contienen códigos y símbolos, que desentrañan y revelan la filosofía oculta de Platón. Este es un verdadero descubrimiento, no solo una reinterpretación”, declaró Kennedy.

En los cinco años que estudió los escritos del filósofo, Kennedy encontró que en el libro “La República”, Platón colocó grupos de palabras afines a la música en cada doceava parte del texto: una en la primera doceava parte, dos en la segunda doceava parte, hasta que encontró un patrón regular en el que representó las 12 notas de la escala musical griega.

La clave para descifrar el sistema simbólico de Platón fue este código musical. Kennedy afirma que en el sistema simbólico algunas notas son armónicas y describen sonidos asociados con el amor o la risa, mientras que otras son disonantes que se relacionan con pasajes de guerra o muerte.

El filósofo griego habría mantenido ocultos sus mensajes musicales para evitar su ejecución por sus ideas sobre un universo controlado por leyes matemáticas sin intervención divina.

“Al leer sus libros, nuestras emociones siguen las subidas y bajadas de una escala musical. Platón juega con sus lectores como instrumentos musicales”, dice Kennedy.

Perú: el dilema del agua y los espárragos

El agua subterránea se acaba por el mal uso que se le da en la costa peruana. El cultivo de espárragos lamentablemente necesita mucha agua, si bien su cultivo ayudó a generar empleos, pronto no habrá ni empleos ni gente, es decir, quedaría tan solo un desierto; y para variar nuestros empresarios dicen que aun hay opciones que trabajar. El Perú será uno de los países mas afectados por el cambio climático. Mientras tanto nuestro TC en 2 sentencias sobre el uso del agua subterránea simplemente inaplicó una norma que obligaba a pagar un tributo por el uso del agua subterránea, es decir,...




Javier Lizarzaburu
BBC Mundo, Perú

Los espárragos se cultivan en campos ganados al desierto de Ica.

En menos de una década, Perú se convirtió en el mayor exportador de espárragos del mundo. Pero su cultivo, en campos ganados al desierto de Ica, 400 kilómetros al sur de Lima, está acabando con las pocas fuentes de agua subterránea que históricamente habían mantenido a la población.

Conocida como la estrella de la agroexportación, esta industria mueve más de US$400 millones por año y tan sólo en los primeros seis meses de 2010 su exportación aumentó en un 11%, según datos de la Asociación de Exportadores, ADEX.

Pero según un estudio de la organización británica para el desarrollo Progressio, dado a conocer el miércoles en Londres, la producción de espárragos en el valle de Ica está acabando con el agua de la zona de manera rápida.

En algunos lugares, advierte el reporte, los niveles de agua están descendiendo unos ocho metros por año, con lo que se está viendo "una de las tasas de consumo y sobreexplotación de acuíferas más rápidas del mundo".
Milagro defectuoso
Campo de cultivo de espárragos “La Catalina”, de la empresa agro exportadora Agrokasa.

El consumo de agua es alto.

El desierto alrededor del valle de Ica es uno de los lugares más secos del planeta y el paisaje empezó a transformarse a fines de la década los años 90, cuando el Banco Mundial impulsó proyectos de agroexportación en países en desarrollo.

De este modo la institución internacional, a través de la Corporación de Finanzas Internacional (IFC, por sus siglas en inglés), ideó un programa de préstamos a la empresa privada que permitió, en el caso de Ica, convertir áreas de desierto en zonas de cultivo.

A partir de 2000, esto pasó a formar parte del despegue económico de la nación andina, cuyo sector agrícola fue uno de los de mayor dinamismo.

Pero los espárragos son vegetales que consumen una altísima cantidad del recurso hídrico. Sus cultivos necesitan irrigación constante y, según expertos en medio ambiente, es un producto que no favorece el desarrollo sostenible.
Trabajo pero no agua
Trabajadores de Ica seleccionando el producto (Crédito: Agrokasa).

Trabajadores seleccionan el producto.

"Pero ninguna empresa es responsable", dijo José Chlimper, director de Agrokasa, una de las mayores empresas agroexportadoras del país, hablando por teléfono con BBC Mundo desde Barcelona.

"Reconocemos que entre todos hemos creado este estrés hídrico, pero cuando llegamos al valle había pobreza y miseria", explicó.

"Hemos resuelto el problema económico y social del lugar, pero en el proceso hemos creado un problema de estrés hídrico", admitió. "Y estamos trabajando en ello".

Según datos oficiales, esta industria ha creado unos 10.000 nuevos puestos de trabajo, y la región de Ica posee uno de los más altos índices de empleo del país, contribuyendo significativamente al crecimiento de este sector de la economía.
Opciones

Sin embargo, según el autor del informe, Nick Hepworth, "la tragedia del agua que gradualmente se viene sucediendo en esta región de Perú, debería ser una señal de alarma para el gobierno, la agroindustria y los comerciantes involucrados en el comercio de espárragos".

Según Chlimper, cuya empresa es una de las mayores exportadoras de espárragos al Reino Unido, todavía hay opciones por explorar.
Principales mercados del espárrago peruano:
Espárragos de Ica

* Estados Unidos
* España
* Holanda
* Francia
* Reino Unido

Fuente: ADEX

Según señaló a la BBC, los agricultores del valle están trabajando juntos para encontrar formulas de consenso que brinden un beneficio a todos.

"Hay agua, pero no la gestionamos bien". Y explicó que las alternativas que se están estudiando incluyen: reinfiltrar el acuífero con las aguas que se pierden; levantar más canales, construir una represa; canalizar el río Pisco, "que trae agua 365 días del año, pero toda se pierde".

Pero más allá del manejo del agua que se dé en esta parte del país, lo cierto es que Perú es uno de los países más vulnerables al cambio climático y sus glaciares –principal fuente de agua para la costa– han sido los primeros en sentir el impacto.

Una de las conclusiones del informe de la ONG Progressio es que la gestión del agua, un recurso que se encuentra en gradual reducción, está emergiendo como uno de los mayores desafíos para el gobierno y las empresas.

Quizás aquí una de las preguntas por responder sea si en el actual escenario ambiental, la transformación de los desiertos para la agricultura se puede seguir considerando una opción con futuro.

domingo, 5 de septiembre de 2010

El Intelectual

1 Corintios 3, 18-23
Hermanos: Que nadie se engañe: si alguno se tiene a sí mismo por sabio según los criterios de este mundo, que se haga ignorante para llegar a ser verdaderamente sabio. Porque la sabiduría de este mundo es ignorancia ante Dios, como dice la Escritura: Dios hace que los sabios caigan en la trampa de su propia astucia. También dice: El Señor conoce los pensamientos de los sabios y los tiene por vanos.

Así pues, que nadie se gloríe de pertenecer a ningún hombre, ya que todo les pertenece a ustedes: Pablo, Apolo y Pedro, el mundo, la vida y la muerte, lo presente y lo futuro: todo es de ustedes; ustedes son de Cristo, y Cristo es de Dios.

LA ESPIRITUALDIAD MALAMATI

Permítasenos comenzar con la premisa ingenua de que la medicina es una respuesta a la enfermedad y que la definición de enfermedad presupone la comprensión de lo que entendemos por salud. Sin duda, la salud puede ser considerada desde varios niveles, empezando por los dos diferentes planos de alma y cuerpo, que son, en la Weltanschaung islámica, dominios respectivos de la psicología espiritual y de la medicina.

En el contexto del presente ensayo nos centraremos en el primero, específicamente en la relación entre el alma (nafs) y el espíritu (ruh), que yace en el corazón de la concepción mística islámica de la realidad más interior. Sin embargo, de entrada, se debería tener en cuenta que la enfermedad psíquica es, de acuerdo con Ibn Sinā— médico y filósofo persa, más conocido en occidente como Avicena—, y siguiendo a Empédocles e Hipócrates, el resultado de una ruptura del equilibrio entre los varios “humores” del cuerpo[1]. Así pues, la enfermedad, o la salud, no pueden ser separadas de una comprensión cosmológica completa de la correlación entre el anima y el organismo físico que, de muchas maneras, sugiere una cierta correspondencia entre los estados interiores y las afecciones corporales.

En la medicina tradicional islámica, los cuatro “humores” del cuerpo se corresponden con los cuatro “elementos” cosmológicos: la bilis negra con la tierra, la flema con el agua, la sangre con el aire y la bilis amarilla con el fuego[2]. Estas correspondencias destacan el fundamento “natural” de la salud como un conjunto ordenado de relaciones. Por tanto, la enfermedad está esencialmente ligada, directa o indirectamente, a una pérdida de equilibrio que testimonia un alejamiento de la norma primordial del ser.

El mismo Qorán se refiere a los “hipócritas” (munafiqun) como aquellos que están “enfermos en sus corazones” (XXXIII, 60). Esto es, de por sí, un claro aviso de que la enfermedad es una condición que se origina en los estratos espirituales y anímicos del ser. Desde esta perspectiva, la salud corporal es inseparable de la salud del alma[3].

En el Qorán la “salud” se refiere más específicamente a un estado de integridad o totalidad[4] que puede ser identificado, en un sentido muy general, con la fitrah, la norma primordial o el estado original de la humanidad. Desde un punto de vista coránico, la pérdida de la fitrah supone un alejamiento de la shahāda, el testimonio islámico de la fe, que en árabe reza lā ilaha illā Allāh, literalmente, “no hay divinidad sino la Divinidad”. En otras palabras, lo que podríamos llamar “enfermedad ontológica” es semejante a shirk, que es la “asociación” de otras realidades a Dios, con todas las consecuencias espirituales y morales que esta asociación implica.

En este sentido, es importante tener presente que, para los gnósticos sufíes, la shahāda no significa simplemente la afirmación de un Dios en tanto que opuesto a una pluralidad de dioses, que sería, como Henry Corbin ha apuntado, una idolatría como cualquier otra. (Corbin, 1.980). Se la considera, sobre todo, como el testimonio de que hay, únicamente, una Realidad y que todas las otras realidades “son”, solamente, en tanto en cuanto participan de la Realidad única, como gotas de agua en un vasto océano. Consecuentemente, cualquier falta, vicio o transgresión, supone una shirk, o asociación, existencial que dirige su atención a las criaturas, al margen de la Realidad que las engendra.

Desde un punto de vista epistemológico, la shahāda es considerada por muchos místicos musulmanes como una expresión de la inteligencia como tal, o como un rayo de la luz divina. Esto se liga al ‘aql, o se identifica, en último extremo, con el Espíritu (ruh), puesto que solamente lo que “es” de alguna manera lo Uno puede afirmar la unicidad metafísica del Uno sin contradicción o hipocresía. En cuanto a la agencia central del rechazo de la verdad, es el alma tenebrosa (nafs e-ammāreh), divorciada del espíritu o desconectada de la inteligencia, que “absolutiza” el estatus individual del hombre y las pasiones que de dicho estatus provienen, desuniéndolo, así, de su Creador al afirmar una independencia metafísica ilusoria. Todos los desórdenes, desequilibrios y formas de degeneración son el resultado de este error existencial y, aún más, todas las enfermedades son sus manifestaciones o símbolos.

El alma “enferma” debe ser restablecida en la salud espiritual. En términos generales, los místicos sufíes tienen dos prescripciones principales para la cura, dos remedios complementarios que son a menudo mencionados como fikr (reflexión) y dikr (continuo recuerdo de Dios). Algunos enfatizan este último, otros hacen hincapié en el primero, pero ningún viajero sufí consideraría a cualquiera de los dos como un mero accesorio para el restablecimiento de la salud. El dikr bien puede ser definido como la consciencia continua y, en último extremo, permanente de Dios, mediante la invocación metódica de uno o varios de Sus Nombres. Como tal, el dikr es mencionado a veces como una medicina[5]. Puesto que el Nombre Allāh fluye de la sustancia verbal y textual del Qorán, y puesto que el mensaje primario del Qorán es Dios, o la primacía de Dios, muchos místicos sufíes tienden a considerar este Nombre Supremo como la auténtica esencia del Qorán y, por tanto, como el corazón de la tradición islámica entera que fluye de él.

Es importante entender, en efecto, que la mayoría de los sufíes considera el Nombre Divino no solamente como un medio de referirse a Dios, o una forma de recordarle, sino como un vehículo para Su Gracia. Esto nos permite entender el dikr “como el lado divino” del camino espiritual. Aunque la repetición del Nombre de Dios es, al menos al principio, obviamente dependiente de los esfuerzos del místico, no es menos cierto que, desde el punto de vista más elevado, el Nombre Divino, repetido por el místico con la intención correcta en un contexto religioso y moral conveniente, deriva su efectividad espiritual de su “contenido” divino, del mismo modo que la eficacia ritual y transformadora de las palabras del Qorán proviene, no sólo de su significado y de su pronunciación, sino también, y por encima de todo, de su origen y su prototipo divinos (umm al-kitāb).

Hay en el Qorán mismo un elemento de la presencia divina sin el cual no sería plenamente inteligible la insistencia religiosa en los beneficios de su recitación. Si hubiera que definir los modos de efectividad respectivos del Nombre Divino y del Qorán desde el punto de vista de la terapéutica espiritual, se podría afirmar que el Nombre Allāh, en virtud de su unicidad y consecuente simplicidad, debe entenderse principalmente como un tratamiento por medio del "centrar" y del "unificar". Constituye una forma de negación de la negación, un penetrar a través de la neblina del universo fenoménico, un rasgar el velo (hiŷāb) existencial que esconde lo Divino. La recitación coránica, que consta de numerosos versículos y palabras, debe ser entendida, claramente, como un medio de reintegración, en el sentido de que la pluralidad de su forma y contenido se dirige a la multiplicidad del alma, reintegrando, por ello, esta multiplicidad a la unidad de la cual procede.

En cuanto a la reflexión (fikr), puede ser definida como un estado de conciencia perfecta de la propia dependencia de la voluntad de Dios. La fikr es el estado de aquel que “se ha hecho a sí mismo independiente de todo salvo de Dios y que rehúsa cualquier cosa que le aparte del camino hacia Él” (Jean-Louis Michon, 1.973, p. 263).

Quizá pueda ser más fácilmente inteligible el contenido espiritual de la fikr si lo relacionamos con el estado de mudtarr, o estado de “necesidad” o “limitación” espiritual. Y, quizá, mudtarr pueda ser definido mejor como el estado de hallarse en un filo existencial— extremo éste que provoca una conciencia de pobreza, o de carencia de control sobre la propia realidad. Como Sara Sviri ha dicho sugestivamente: “cuando el buscador abandona toda esperanza de mantener el control y, aún más, “sabe”, conscientemente o en el corazón de su corazón, que está verticalmente alineado con una fuente de poder más elevada, saborea la rendición.” (Sviri, 1.997, p. 34). En algunos aspectos, la morada de la fikr se corresponde con el lado humano del trabajo espiritual, puesto que todo lo que el hombre puede hacer es reconocer su propia nadidad. Sin embargo, la fikr sería impensable sin el dikr, al menos en el sentido de que la independencia de todo menos de Dios implica una perfecta rememoración de Él. En cuanto al dikr, su perfección es evidentemente incompatible con poner cualquier realidad al mismo nivel de conocimiento que el de Dios, lo cual es otra forma de decir que requiere la fikr como precondición. Así que, en cierto sentido, la psicología sufí nos presenta las dos caras de una misma realidad espiritual. En su nivel de manifestación más elemental, la fikr “externa” puede ser definida como una práctica religiosa social, que se define exclusivamente en términos de conformidad con la sharia, donde el individuo se somete a la Ley de Dios, y esto es lo que significa, literalmente, islām; mientras que el dikr “externo” puede definirse como la realización de las diversas prescripciones devocionales obligatorias y supererogatorias. Sin embargo, fikr y dikr, que son manifestaciones relativamente externas de devoción, no nos llevan más allá del reino del yo individual, puesto que son perfectamente compatibles con la falta de conciencia de la dependencia directa y constante del kun, o acto de “Sé” [Creación], de Dios. Desde luego, estas prácticas y actitudes dan por supuesto una forma de servidumbre a Dios y un reconocimiento racional y emocional de Su poder omnimodo. Sin embargo, no profundizan en el significado espiritual más profundo de la existencia humana, tal y como Rābi’a al-‘Adawyya lo expresó en este koan sufí tan frecuentemente citado: “Tu existencia es un pecado con el que ningún otro pecado puede compararse” (Lings, 1.993, p. 97). Este predicamento aparentemente absurdo es en el que se centra la espiritualidad malāmati del modo más radical e inflexible.

Generalmente, sin relacionarla con ninguna tariqah (orden) en particular, se asocia la espiritualidad malāmati con un desdén sistemático hacia las normas sociales, que incluye la tendencia a transgredir las costumbres y convenciones, y con el cultivo de actitudes provocadoras dirigidas a atraer sobre uno mismo el reproche de los otros. Ahora bien, pese a que una tal visión está indudablemente basada en realidades psicológicas y sociales, no hace plena justicia al significado profundo y a los principios vocacionales de este procedimiento metódico de acción.

El término malāmati se aplica a varios movimientos y personas. En sentido estricto, los malāmati tienen su origen en el gran sufí persa Hamdun al-Qassār y sus discípulos, los qassāríes[6]. Hamdun es mencionado también como uno de los abdāl, o “amigos de Dios ocultos”, figuras apótropas que son citadas por Massignon como los pilares de la luz del mundo. Estos santos, cuarenta en la tradición sufí, son los testigos puros e invisibles de Dios en el mundo, que el mundo no conoce, ni a veces ellos mismos entre sí. Como lo aclararan las páginas siguientes, este principio de desconocimiento es una de las claves de la espiritualidad malāmati.

La inspiración malāmati, una de las principales tendencias del ambiente místico de Neshāpur (en el noreste de Irán) en los siglos tercero y cuarto de la hégira, constituye una senda que predica la distinción entre los niveles de la subjetividad humana. Hace hincapié en la discontinuidad entre los varios niveles del alma, siendo el del espíritu (ruh) el más profundo. En su Risālat sobre el malāmati, Sulami (m. 1.021) enumera cuatro niveles de consciencia que define como nafs (alma), qalb (corazón), sér (secreto), y ruh (espíritu) (Deladrière, n.d., p. 10). Estos cuatro niveles de consciencia han de ser entendidos como eslabones de una cadena jerárquica escalonada de lo más bajo a lo más elevado. Pese a que la unidad del ser humano no se ve alterada substancialmente por esta división en cuatro niveles, la psicología espiritual de los malāmati tiende a enfatizar la discontinuidad que permite la diferenciación de los distintos niveles del alma. Esta discontinuidad permite entender que un nivel inferior no pueda identificarse con un nivel superior, pues, de hacerlo, reduciría el nivel superior a sus propias limitaciones. En otras palabras, la continuidad entre los varios niveles del alma, continuidad sin la cual la misma idea de una identidad subjetiva sería impensable, solamente puede ser considerada desde el punto de vista del nivel de consciencia más alto o más profundo, y no desde otro. La meta espiritual de la psicología malāmati consiste en prevenir la apropiación de un estado espiritual de consciencia más elevado por otro más bajo.[7] En rigor, el alma más baja (nafs) no puede experimentar un modo de consciencia espiritual: cualquier apropiación por el alma implica la desaparición de los destellos espirituales. La consciencia espiritual pertenece a las tres dimensiones más altas: el corazón, el secreto y el espíritu. Estos se refieren a numerosos estados de consciencia fundamentales que son, por así decirlo, cada vez más universales y “divinos” y cada vez menos individuales y humanos.

La ciencia del desconocer que está en el corazón de la espiritualidad malāmati puede definirse como una manera de colocar cada realidad en su propio nivel. Así pues, la salud espiritual consiste en prevenir la confusión de los distintos niveles. Tal confusión sería mortal, puesto que equivaldría a una “deificación” del individuo humano como tal, o de una de las capas más profundas de su ser. Ahora bien, este tipo de confusión está intrínsecamente conectada, de acuerdo con Sulami, a la misma noción de “consideración” profunda u “observación” de uno mismo (nazar). Para el alma, “observar” es, en cierto sentido, “apropiarse” y, por tanto, “rebajar”. El progreso espiritual requiere una cierta medida de “desconocimiento”, y cualquier intento de fiscalizar este progreso implica individualizar lo que pertenece, por definición, a lo universal. Los malāmati identifican esta apropriación individualizada con el “polvo disperso” coránico (XXV, 23).

El “reproche”, ya sea interior o exteriormente, es el modo óptimo de dificultar, si no de imposibilitar, tal identificación insidiosa. Se consigue rompiendo e interrumpiendo la “mirada” complaciente sobre el propio yo, teniendo en cuenta que el trabajo de los malāmati está enfocado en los niveles más bajos del alma y que no afecta al Intelecto. Su actitud va también asociada a una desconfianza vigilante hacia cualquier clase de autosatisfacción o de placer que pudiera surgir de los actos de devoción o del comportamiento virtuoso. En su Osul al-Malāmatiyyāt wa-Qiltāt al-sufiyah, Sulami resalta este principio ascético de la espiritualidad malāmati de una manera más radical:

Ellos (los malāmati) creen que su sumisión no está en sus manos sino que pertenece al destino, y que no tienen elección al efectuar sus acciones. Llegaron a decir que les estaba prohibido encontrar cualquier dulzura en el culto y en la sumisión porque, cuando un hombre gusta de algo y encuentra placer en ello mientras lo busca con satisfacción, es señal de que no está en una posición elevada. Uno de ellos decía: “Lejos de ti el placer de la sumisión, pues es, sin duda, un veneno mortal”.[8]

Tal determinación ascética ilustra muy claramente, una vez más, que la perspectiva malāmati está, en cierto sentido, centrada en los niveles más bajos de la subjetividad humana, considerando que su punto de arranque, o principio, son las trabas congénitas del alma (nafs) concupiscente e individualista. En este aspecto, la espiritualidad malāmati tiende a situarse en una perspectiva que puede considerarse discrepante con el clima religioso general del Islam. El Qorán centra sus recomendaciones en el uso de la inteligencia como medio de volver a conectar con Dios y apela repetidamente a esta inteligencia en el hombre. Pese a que los engaños del alma más baja son también un tema coránico, el Qorán está lejos de definir al hombre identificándole exclusivamente con su nafs. Por el contrario, la inspiración malāmati parece ser menos intelectual en su enfoque puesto que, como hemos visto, se desarrolla sobre la opacidad y el poder distorsionante del alma.

Desde esta perspectiva se despliegan dos metódos prácticos fundamentales: 1) la necesidad de esconder lo “bueno” y, 2) los beneficios de exhibir lo “malo”. Hablando del hombre del reproche en su Mi’rāŷ, el shādhili del s. XIX Ibn `Aŷiba, le define como “uno que no manifiesta exteriormente ninguna cosa buena y no oculta ninguna cosa mala” (Michon, 1.973, p. 57). Como veremos, estas dos tendencias pueden dar origen a tipos de conducta aparentemente contradictorios, que son respectivamente “conformista” y “aberrante”. Respecto de la primera de estas tendencias, Sara Sviri define al malāmati como sigue: “La intención principal de la Mālamatiyyah es alcanzar un estado en el que todos los logros psicológicos y espirituales se vuelvan totalmente introvertidos” (Lewisohn, 1.999, p. 599). Esta ocultación total encuentra su modelo espiritual en el clima ascético del misticismo islámico de los primeros tiempos.

La figura de Uways Qarani[9] es la más representativa a este respecto. Farid al-Din ‘Attār nos dice de él: “durante su vida en este mundo, se escondía a los ojos de todos para realizar sus oraciones y sus actos de devoción.” (‘Attār, 1.976, p. 28). También nos cuenta que el Profeta, en el momento de su muerte, había declarado que su manto debía ser entregado a Uways, a quien en su vida había visto. Cuando Omar le buscó durante su estancia en Kufa, preguntó a un vecino de Qarn, ciudad de residencia de Uways, que le respondió: "hubo un hombre así, pero era un loco, una persona insensata que a causa de su locura no vive entre sus conciudadanos (...) No se mezcla con nadie, no come ni bebe nada de lo que comen o beben los demás. No conoce la tristeza ni la alegría; cuando otros ríen, él solloza y cuando sollozan, ríe.” (Ibid., p. 29). Podemos ya percibir aquí, en el caso de un místico de los primeros tiempos como Uways, la vocación espiritual dual y aparentemente contradictoria, de “oscuridad” y de “excentricidad”. La figura modesta de Uways[10] es, al mismo tiempo, descaradamente discordante con su contexto social. Esta posición discordante, a la que a menudo tachan de “locura”, es la marca de la irrupción de una perspectiva transcendente, vertical, en un mundo de horizontalidad terrenal. Es semejante a una negación de la negación: el Espíritu “niega” las nociones distorsionadas del alma, los prejuicios y consuelos.[11] Cuando, por fin, se encuentran Omar y Uways, éste le dice que sería mejor para él que “nadie (sino Dios) supiera de él ni tuviera conocimiento de quién era”. Mantenerse incógnito puede ser considerado como el fermento de la espiritualidad malāmati.[12] Sin embargo, el malāmati tenderá a aplicar este principio de una manera que supone optar por el “desierto de soledad” espiritual entre los hombres, antes que elegir la huida hacia el “desierto” físico de la naturaleza. En este sentido, la orientación malāmati se manifiesta como aparentemente implicada en las ciencias exotéricas, en la shari’at y el adab.[13] Como dijo Ibn ‘Arabi: “Dios ha aprisionado sus estados externos (los de los malāmati) en la tienda de las costumbres y de los cultos de las acciones externas”. (Futuhāt, I, 141). En este sentido, la práctica malāmati aparecerá primariamente bajo los aspectos del rigor y la separación. Sus manifestaciones externas son un testimonio de la Majestad divina (ŷalāl), que encuentra un receptáculo humano en un modo extremo de servidumbre (‘ubudiyya). Así, leemos en el Osul de Sulami:

Cuando (los malāmati) lograron un grado elevado y fueron llamados la gente de la cercanía, de la reunión y la unión, la Verdad tuvo celos de que su ser fuera desvelado a otras personas, así que Ella mostró a los seres humanos sólo su aspecto exterior, que lleva el signo de la separación, para que su estado de cercanía a la Verdad fuera preservado.

Es importante apuntar que los malāmati, tal como Sulami los presenta, siguen un único llamamiento espiritual– siendo Dios el agente que convoca la orientación malāmati— que excluye cualquier otra clase de alternativa experimental o de antojo personal.

Su inclinación original a ocultar sus estados puede transformarse, por ello mismo, en abierta manifestación de los estados. La “locura” de los malāmati no ha de ser entendida como un método calculado, puesto que manifiesta un elemento de inspiración, de “disposición” o “estado” (hāl).[14] El místico es llevado a comportarse de una manera que puede no tener sentido para él o para otros, como si se tratara de representar el núcleo ininteligible de relatividad vivo en el mundo. en consecuencia, Ibn ‘Aŷibā define al malāmati como alguien que “oculta su toque de santidad y despliega estados que hacen a la gente rehuir su compañía” (Sulami, 1.985, p. 263). Este tipo de manifestación tenderá a situar al místico en una posición aparentemente ofensiva hacia la shari’at, y en una situación provocadora frente a las prácticas sociales tradicionales (adab).

Las formas, ya sean psicológicas, morales o sociales, son vistas como inadecuadas en relación a las realidades espirituales. El mundo de las formas, incluso siendo convencional, es un “escándalo” que debe ser escandalizado con objeto de sugerir la normalidad “real”. Lo corrientes que suelen ser los malāmati puede terminar, de hecho, en una mala reputación. De acuerdo con Mohammad Pārsa, figura Naqshbandi del siglo noveno / décimo, el hecho de que el Profeta fuera llamado mentiroso, loco y poeta era una clase de velo con el que Dios le ocultaba a los ojos del mundo.[15] En esta línea, el malāmati basa su perspectiva en la idea de que la santidad puede solamente ser “anormal” y “chocante” en un mundo que es definido por la ley de la gravedad espiritual. En otras palabras, en un mundo enfermo la salud solamente puede aparecer bajo forma de enfermedad. Es más, en el nivel microcósmico el espíritu aparece en toda su “pobreza” y “enfermedad” desde la altiva perspectiva del alma. Titus Burckhardt ilustra esto en los términos del manido tema mitológico del “héroe real que regresa a su reino bajo la apariencia de un pobre extranjero, o incluso de un charlatán o de un mendigo.” (Burckhardt, 1.980, p. 39). En una vena similar, Sulami cita el comentario de Abo-l Hasan al Hosri de que “si fuera posible que hubiera un profeta en nuestros días (después de Mohammad), sería uno de ellos (de los malāmati)”. (Deladrière, n.d., p. 13). Un profeta solo podría ser oculto o escandaloso en este tiempo en el que el mundo ha llegado a ser un páramo espiritual. Pasaría inadvertido, o sería tan diferente y marginal que desconcertaría y sacaría de sus casillas incluso a aquellos— particularmente a aquellos— que se declaran religiosos.

Los malāmati son fundamentalmente santos “en el mundo” y no “santos mundanales”. Como Ibn ‘Arabi los describe:

Los malāmati no se diferencian en nada del resto de las criaturas de Dios, son aquellos a los que se ignora. Su estado es el estado de la gente corriente, y es por esta razón por la que han escogido este nombre para ellos y sus discípulos: no cesan de hacer reproches a sus almas por causa de Dios, y no realizan ninguna acción en una forma en que sus almas pudieran regocijarse, y esto lo hacen con objeto de ser perdonados por Dios. (Futohāt, III, 53.)

El malāmati no escapa del mundo sino que trabaja en él, como un guerrero oculto, en la “ŷihād mayor”. Puede tener una cierta inclinación a la soledad y el retiro, pero su misión consiste en ser una presencia espiritual en el mundo. De hecho, en contraste con las prácticas sufíes habituales, el camino de los malāmati tiende a restar importancia al papel de las estructuras comunitarias, organizaciones y prácticas colectivas, incluidos maŷāles (reuniones) y samā’ (audición espiritual), en la vida espiritual. Podría incluso decirse que la espiritualidad malāmati es afín al sufismo “sin nombre” presente en los primeros días del Islam, antes de hacerse “reconocible” como conjunto de instituciones y prácticas colectivas específicas. Las órdenes Naqshbandi y Shādhili son los ejemplos más representativos de esta orientación en el mundo del sufismo, puesto que tienden a poner el énfasis en el dikr interior y en no llamar la atención en la sociedad.[16] En este sentido, el malāmati encarna uno de los principios más fundamentales de la espiritualidad islámica, espiritualidad que irradia a través de una presencia ordinaria en el mundo. El esplendor del malāmati es puramente interior y no se revela exteriormente de manera espectacular. El místico es como el Profeta, que “habla con la gente y va a los mercados”. Esta forma de ser va emparejada con una firme desconfianza hacia los soportes metódicos más representativos del sufismo: el retiro espiritual (jalwa) y la audición espiritual (samā’). Estas prácticas son puestas bajo sospecha por muchos malāmati. A este respecto es importante entender que las objeciones malāmati al retiro y a la audición espiritual no tienen nada que ver con los valores intrínsecos y las metas de estos elementos metódicos. Se dirigen exclusivamente a los peligros y abusos de dichas prácticas, pero el mero hecho de que los malāmati enfocaran esos peligros y abusos es indicativo de su enfoque pesimista del alma humana. En su Osul, Sulami critica a los discípulos sufíes que cometen el error de vivir en “aislamiento”:

Se engañan a ellos mismos pensando que aislarse y vivir en cuevas, montañas y desiertos les protegerá del demonio de su nafs y que su retiro puede permitirles alcanzar el grado de la santidad, porque no saben que la razón de los retiros y aislamientos de los Maestros era su conocimiento y la fuerza de sus estados. Es la atracción divina la que les liga a Él y los hace ricos e independientes de todo lo que no es Él; así, quien no puede compararse a ellos en cuanto a su fuerza interior y profundidad de devoción puede solamente simular el aislamiento, y, por tanto, es infiel consigo mismo y se daña a sí mismo. (Sulami, 1.985, p. 182)

Y en la misma vena, la audición musical presupone requisitos espirituales que no se encuentran en la mayoría de los practicantes sufíes:

(Piensan) que el sufismo es cante, baile, música, poesía y asistir a reuniones porque vieron almas sinceras disfrutando de la audición espiritual; pero yerran de nuevo, porque no saben que aquellos corazones contaminados por las cosas mundanas y aquellas almas cargadas con alguna pereza y falta de inteligencia no tienen derecho a la audición y no deberían asistir a la audición. Ŷoneid dice: “Si ves que a un discípulo le gusta la audición puedes estar seguro de que hay pereza en su corazón.” (Ibid. p. 184)

Los peligros del retiro y de la audición son enfocados desde el punto de vista de la fikr o de su carencia. En otras palabras, la valoración malāmati está, una vez más, basada en la distancia que separa al alma del Espíritu, al hombre de Dios. La capacidad natural de auto-engaño del alma puede revelarse tanto en el reino del rigor como en el de la belleza y misericordia. Un aislamiento ascético que no esté firmemente enraizado en la fikr ni en el resultado de la atracción Divina, solamente puede fomentar la pretenciosidad o la auto-glorificación. La participación en la audición puede también estimular la pasividad espiritual y el exceso de confianza en los soportes externos y comunitarios, cuando no está solidamente asentada en la vigilancia espiritual.

***

En la tradición sufí se han suscitado varias cuestiones, u objeciones, relativas a la legitimidad de la senda malāmati desde el punto de vista místico. Primera, la relación malāmati con el reproche parece implicar un enfoque del individuo en su vertiente más sombría (nafs e-ammāreh), y se puede considerar que confina al individuo en un tipo de ejercicio egocéntrico. ¿Por qué concentrarse en el alma cuando la espiritualidad consiste en la concentración en Dios? Este examen “centrado en el nafs” apunta a una senda que parece basarse mucho más en la voluntad que en la inteligencia, puesto que la inteligencia podría, presumiblemente, ser suficiente para dispersar las ilusiones del nafs. Puede, incluso, argüirse que el enfoque malāmati sobre la corrupción del alma lleva, paradójicamente, a la shirk por la esmerada atención que se le presta, en vez de enfocarse exclusivamente en Dios. En su Kashf al-Mahŷub, Hoŷwiri ha propuesto una crítica del malāmati que está fundada en este mismo hilo argumental:

En mi opinión, buscar el reproche es mera ostentación, y la ostentación es mera hipocresía. El hombre ostentoso actúa intencionadamente de manera a ganar popularidad, mientras que el malāmati actúa intencionadamente de manera que la gente lo rechace. Ambos tienen sus pensamientos fijos en la humanidad y no pasan de esta esfera. (Hoŷwiri, n.d., p. 67).

En otras palabras, se juzga que la senda malāmati es incompatible con una metafísica genuina de la Unidad esencial, wahdāt al-woŷud, puesto que absolutiza de facto la singularidad negativa del alma complaciente, en vez de enfocarse en la Unidad esencial de la woŷud. Encontramos similares reservas relativas al malāmati en el Nafahāt al-Ons de ŷāmi:

Por loable y digno de estima que sea el estado de los malāmati es, no obstante, cierto que el velo de la existencia de las criaturas no ha sido completamente alzado para ellos, y que por esta misma razón, son incapaces de ver claramente la belleza de la doctrina de la unidad, y de contemplar en toda su pureza la naturaleza de la única Realidad. Pues ocultar a los hombres las propias acciones y estados sobrenaturales es manifestar que aún se consideran la existencia de las criaturas y la propia existencia, algo que es irreconciliable con lo que significa la doctrina de la unidad. (ŷāmi, 1.977, pp. 102-3)

La noción misma de ocultamiento presupone la realidad de la separación del velo y el velado, mientras que tal dualidad es excluida por la Unidad esencial. Siguiendo argumentaciones teológicas más estrictas, este punto de vista puede considerarse incompatible con la naturaleza teomórfica del hombre en su calidad de vicario de Dios (jalifatollāh), por sugerir una corrupción fundamental del alma humana, más cercana al concepto cristiano de pecado original que a la noción islámica de fitrah. Un desprecio místico extremo del yo parece ir contra el ideal islámico del equilibrio interior y exterior. En segundo lugar, la senda malāmati parece colocar el “interés” místico del viajero espiritual por encima de las demandas colectivas de la comunidad religiosa, sentando así un mal ejemplo al escandalizar a la gente corriente hasta el punto de crearles problemas en su fe. En otras palabras, coloca los beneficios espirituales subjetivos por encima del equilibrio objetivo del colectivo,[17] dando así una importancia al elemento místico, poco conforme con lo islámico, a expensas de la salud religiosa global del pueblo.

Estas objeciones, al menos, pueden ser parcialmente refutadas mediante la consideración de dos dimensiones fundamentales de la espiritualidad malāmati: primero, el énfasis en el dikr interior y su íntima conexión con la conducta malāmati; segundo, los beneficios espirituales y colectivos de la función malāmati del “equilibrio a través del desequilibrio”.

Definir la espiritualidad malāmati como una concentración ascética en el yo perdiendo de vista al Yo Divino real, equivale a separar las manifestaciones externas de la espiritualidad malāmati del cultivo interno del recuerdo de Dios, como medio de concentración en el Uno. En otras palabras, el énfasis en el combate contra el alma tenebrosa (nafs e-ammāreh) no puede ser disociado del dikr. Desde este punto de vista, se puede decir que el dikr es un acto de inteligencia, o que el dikr es la identificación con el Intelecto.

Puesto que la ascesis malāmati funciona en el nivel del alma, podría también decirse que el dikr es un medio para la unión, y que la práctica malāmati es un medio de discriminación en base a esta unión. En otras palabras, el dikr es un camino para desvelar la naturaleza “divina” del hombre mientras que las prácticas malāmati tienen el objetivo de prevenir la confusión entre esta naturaleza “divina” y las contingencias humanas.[18] Consecuentemente, en la espiritualidad malāmati, el dikr es fuertemente identificado con la interioridad, con las zonas más profundas del alma: el sér (el secreto) o, incluso, el ruh (el espíritu). A diferencia de otras órdenes sufíes, tales como la Mevlevi, que exteriorizan el dikr mediante la danza en la samā’ y la repetición, vocal o cantada, del Nombre y de letanías sagradas, el dikr malāmati es puramente silente y oculto. Desde esta perspectiva, el dikr silente es, de hecho, menos susceptible de que se lo aproprie el alma inferior, puesto que solo involucra mínimamente, si acaso, a este nivel inferior.

Es cierto que la espiritualidad malāmati no puede considerarse un camino fundamentalmente intelectual, como también es verdad que presupone algún sentido de dualidad. En muchos aspectos no puede identificarse con el estado del maŷzub, el “loco santo”, raptado por el amor de Dios. Es más, no puede señalarse como un mero sendero de acción, en el sentido de un camino de conformidad observante y atenta con la shari’at. De hecho, sea cual sea el nivel que se quiera asignar al sendero del reproche, la perspectiva malāmati suscita la importante cuestión de saber hasta que punto el hombre en cuanto hombre, o el yo individual, se puede identificar con la inteligencia pura. Desde el momento en que se asume que algunas áreas del alma permanecen relativamente sin iluminación del Espíritu, se puede concluir que su integración habrá de tomar lugar de una forma que el mero camino del discernimiento y de la unidad intelectuales no podría ser capaz generalmente de lograr por sí mismo. Para ciertos individuos, o en determinadas circunstancias, la espiritualidad malāmati, una entre varios senderos y métodos, tiende a dirigir esos niveles más bajos del alma sin descuidar necesariamente el enfoque intelectual de la Unidad esencial, ni ser incompatible con ella; y lo hace así en un camino que, sin ser una norma universal, puede tener un atractivo especial para ciertos temperamentos espirituales.

Desde un punto de vista colectivo, la espiritualidad malāmati postula una distancia entre los valores y prácticas mundanales, incluso los de origen religioso, y la autenticidad o sinceridad espiritual (ijlās). Como el Hamlet de Shakespeare, la espiritualidad malāmati tiende a proclamar una antropología pesimista, y los místicos malāmati no dudarían en estar de acuerdo con el príncipe de Elsinore, aunque solo en sentido espiritual, en que “el tiempo está desquiciado” y que es, sin duda, “un rencor de la maldición” haber “nacido para enderezarlo.” (Acto I, esc. 5, vv. 215-6). Como Hamlet, un malāmati típico no haría ascos a confesar: “Yo mismo soy medianamente honesto, pero aun así podría acusarme de tales cosas que hubiera sido mejor que mi madre no me hubiera parido.” (Acto III, esc. 1, vv. 130-4). La oscilación entre “la conformidad invisible” y la “locura escandalosa” es una expresión de este conocimiento sagaz de las posibilidades más bajas del hombre, una advertencia de la gravedad de su enfermedad. Como tal, constituye una estrategia de dos filos para la “humillación” del nafs. Aun más, esta elevada sensibilidad hacia los defectos y fracasos humanos está relacionada íntimamente con un conocimiento místico intenso de la perfección y de la presencia de Dios. La definición medieval de la santa locura como el estado de aquél cuyo cuerpo está en el mundo mientras que su alma está ya en el cielo da testimonio de esto.[19] La tensión que resulta de esta dicotomía parece cristalizarse místicamente en la locura, real o fingida. Como en la locura fingida de Hamlet, hay en los caminos alocados y escandalosos del malāmati, simultáneamente, aspectos de “tristeza” y de “ocultación”.

Adicionalmente, este punto de vista psico-espiritual corresponde a una valoración negativa de la humanidad en sociedad. En un mundo enloquecido que proclama ser sano, hay sabiduría en la locura y locura en la sabiduría (“Pese a que es locura, aún hay método en ella.” Hamlet, príncipe de Dinamarca. Acto II, esc. 2ª, 223). Cualquier sistema formal representa un equilibrio sutil que apunta a un grado más alto de Realidad equilibrada que lo transciende y, así pues, debe romperse en algunos casos para impedirle cerrarse sobre sí mismo, o llegar a petrificarse hasta el punto de obstruir el acceso a su referente espiritual. De acuerdo con esto, los aspectos más discordantes y chocantes de la espiritualidad malāmati tienen la intención de provocar una disolución alquímica que pueda ser el preludio de una cristalización más elevada. En un nivel espiritual, esta es la práctica que consiste en “romper los hábitos” forzando al alma, de esta manera, a traer a un primer término lo que, hasta entonces, se había mantenido inconsciente. Conducirse de manera malāmati no es, simplemente, una táctica para atraer sobre sí mismo los reproches morales y sociales, que guardarán a uno de la autoindulgencia y autosobreestimación, es, también, un modo de destruir el falso equilibrio del alma, llevándola así a un estado de impotencia, incómoda pero estimulante, que resultará en una transparencia más clara de los nudos interiores que ayudará a objetivar sus contenidos latentes. Esta es, claramente, la meta de un Maestro sufí como el sheij ‘Ali al-Yamāl quien, según su discípulo al-‘Arabi ad-Darqawi, parece que enseñaba a sus discípulos como romper los hábitos de sus almas usando los estimulantes medios de la humillación y la exposición social y psicológica.[20] En una de las cartas del sheij al-‘Arabi ad-Darqawi, escribe sobre la aplicación de esas tácticas. ‘Ali al-Yamāl ordena a su joven discípulo recorrer la ciudad, cargando con dos cestos de ciruelas a las espaldas. En otro lugar leemos:

Él (el sheij ‘Ali al-Yamāl) cogió mi haik con sus nobles manos, lo quitó de mi cabeza y lo retorció varias veces alrededor de mi cuello. (Darqawi, 1.987, p. 33)

Este “verás lo que es bueno” hace al discípulo sentirse “angustiado de muerte”: ir por la ciudad con dos cestos de ciruelas en el cogote, o con el propio haik retorcido en el pescuezo, es probable que atraiga las mofas de los conocidos; como Titus Burckhardt anota en su comentario sobre este episodio, las intenciones y los sentimientos reales de la mayoría de la gente solamente aparecen “bajo presión” y una vez que las máscaras convencionales han caído. En otras palabras, esta estrategia es una forma de “aumentar la tensión” en los otros y en uno mismo, para conseguir un conocimiento total de las capas inconscientes y de los nudos del alma.

Este tratamiento psico-espiritual se parece mucho a la medicina homeopática, en la medida en que cura la enfermedad interior mediante una exacerbación inicial de sus síntomas, “sacando” el veneno del alma a base de exponerla a su propio “veneno”. En este caso, presentándose como un “extravagante” entre transeúntes y conocidos, en una sociedad donde las excentricidades no son la norma, es probable que cree en el alma una gran desazón, pero facilita a cambio a la persona una oportunidad dorada, aunque amarga, para el auto-conocimiento y la auto-transcendencia.

La conclusión del consejo del sheij ad-Darqawi es: “Ay del faqir (...) que ve la forma de su propia alma (...) tal como es y no la estrangula hasta que muera.” Tal consejo nos permite captar algo de la estrategia malāmati. La mortificación actúa como un catalizador excelente para el deshacimiento del ego y, consecuentemente, como medio para una transmutación alquímica. Al discípulo se le enseña como “ver” su alma, lo que significa que se vuelve incómodamente consciente de ella, con el propósito de objetivar su naturaleza. Pero esta “objetivación” también es una manera de “matar” al alma.

A la cuestión de saber cómo puede ser conseguida esta “estrangulación” del alma, se debe asumir que la respuesta está, por una parte, en la capacidad del practicante para resistirse a su alma y por otra, en contar con el poder de Dios mediante el dikr, pues nadie puede dar la muerte salvo Aquél que da la vida. Sólo el Espíritu puede “matar” al alma, pero este “matar” es también un acto de “amor”: mors y amor son las dos caras del mismo misterio, y la “objetivación” que mencionamos antes es la otra cara de una “identificación”,[21] o “unión”, en la que el Nombre de Dios, mediante el dikr, “aniquila” al alma en su “abrazo”, para “hacerla revivir” en una vida más verdadera, más profunda y más abundante.
Referencias
—‘Attār. 1.976, 18. Cf. Le mémorial des saints, traducido por Pavet de Courteille, París.
—Burckhardt, T. 1.980. “Le retour d’Ulysse”, en Symboles, Milán.
—Corbin, H. 1.980. Le paradoxe du monothéisme. París.
—Corbin, H. 1.986. Temple and contemplation. Londres.
—Darqawi, sheij al-‘arabi. 1.987. Letters of a Sufi Master, segunda edición, Perennial Books.
—Deladrière, R. N.d. “Les premiers malāmatiyya” en Melāmis-Bayrāmis: Etudes sur trois mouvements mystiques musulmans, editado por Natalie Clayer, Alexandre Popovic y Thierry Zarcone, Les Editions Isis. Estambul.
—Dols, M. W. 1.992. Majnun: the Madman in Medieval Islamic Society, Oxford.
—Fazlur Rahmān. 1.987. Health and Medicine in the Islamic Tradition, Nueva York, Crossroad.
—Graham, T. 1.999. “Abu Sa’id ibn Abu’l-Khayr and the School of Khurāsān”, en The Heritage of Sufism, volúmen I, editado por Leonard Lewisohn. Boston.
—Hujwiri, ‘Ali bin ‘Uthmān. N.d. The Kashf al-Mahjub, traducido por Reynold A. Nicholson.
—Jāmi, ‘Abd-ar Rahmān. 1.977. Nafahāt al-uns, París.
—Knysh, A. 2.000. Islamic Mysticism, A Short History.

[1].- Como indican Michael W. Dols (1.992) y S. H. Nasr (1.968), capítulo VII.
[2].- Los médicos hipocráticos tomaron prestado el concepto de los cuatro elementos de la naturaleza – aire, tierra, fuego y agua – y los consideraron los elementos esenciales del cuerpo humano. Estos elementos correspondían, en teoría, a los cuatro humores que se creían producidos en varios órganos del cuerpo: sangre, bilis negra, bilis amarilla y flema. (...) Se suponía que el médico manipularía de varias maneras estos humores por sus cualidades para mantener un equilibrio humoral, que significaba salud, o rectificar sus desequilibrios, que significaban enfermedad. (Michael W. Dols, p. 18. 1.992)
[3].- El Qorán no podría haber asumido una noción del alma como ser saludable y del cuerpo como ser enfermo o viceversa. Por ello se dice de Saúl, por ejemplo, Le dimos amplitud en cuerpo y en conocimiento (II/247). (Fazlur Rahmān, p. 21. 1.987)
[4].- Permítasenos recalcar que la palabra inglesa “health” deriva de la antigua “hāl”, que connota totalidad.
[5].- “El corazón es sanado por el recuerdo permanente de Dios.” (Sviri, p. 124, 1.997)
[6].- “La importancia de la tendencia malāmatī en el sufismo del Jorasan, que constituye un desarrollo evolutivo del ascetismo puro de la primera generación, retoma el precedente de Hamdūn Qassār (m. 271/884), maestro de Neshāpur, que dejó su impronta en la práctica sufí de la región y resaltó la importancia de la sinceridad al declarar: “Lo que sabe Dios de ti es mejor que lo que sabe la gente.” (Terry Graham, p. 128, 1.999)
[7].- El misticismo islámico presenta diversas clasificaciones de los diferentes niveles de consciencia, no todas ellas acordes con la de Sulamī. De acuerdo con Ibn ‘Aŷība, rūh es el lugar donde ocurren las epifanías del Reino (al-malakūt), mientras sér se refiere a un plano más alto, al nivel del Todopoderoso (al-ŷabarūt). Este último se refiere a la infinidad Divina mientras el primero pertenece al reino de los arquetipos inteligibles (asrār al-ma’ānī). Recordemos, a este respecto, que la gnosis shiita identifica malakūt con los reinos intermedios o anímicos, y ŷabarūt con el nivel de realidad angélico y arquetípico. Cf. H. Corbin, (1.986) p. 192.
[8].- Sulamī, (1.985) p. 106, la versión inglesa que cito es una traducción inédita de Amira El-Zein y Patrick Laude.
[9].- En su Kitāb ‘Uqalā’ al-maŷānin, Naysāburi jerarquiza a Uways como uno de los cuatro “locos sabios”, con Maŷnun, Sa’dun y Buhlul. Cf. Dols, p. 355.
[10].- Uways es también, lo cual llama bastante la atención, el “patrón” de los sufíes que no tienen un maestro vivo. “La tradición sufí ha distinguido un grupo especial de buscadores, aquellos cuyo solo enlace con las enseñanzas es a través del mismo Jezr. Son de aquellos raros sufíes que no tienen un enseñante encarnado. (...) Se les ha dado un nombre especial: uwaysiyyun.” Sara Sviri (1.997), p. 98. ô
[11].- Esta “locura” se relaciona también con la función del “contrario” entre los indios americanos, el beyoka sioux o el kochare hopi, o el “gris” de los apaches, que encarnaban el reverso aparentemente sin sentido de las normas de conducta terrenales y sociales.”
[12].- Es interesante anotar que Uways al-Qarani es simultáneamente una norma y una excepción chocante en el mundo del Islam primitivo. Es una excepción chocante en cuanto que su perspectiva asocial y su disposición ascética le apartan de la comunidad de la ummah que es, en cierto sentido, la auténtica identidad del Islam. Pero, al mismo tiempo, al menos dos hadith se refieren a Uways y hacen de él el polo espiritual de la comunidad. En este sentido deben comentarse dos hechos interesantes: primero, el Profeta declaró que en el Día del Juicio y más tarde en el Paraíso, Dios daría la forma de Uways a 70.000 ángeles para que nadie pudiera saber, incluso en el más allá, quien era el verdadero Uways. Esta manifestación hiperbólica y simbólica de anonimato sugiere bien el principio de “invisibilidad” que preside el camino malāmati. En segundo lugar, cuando se refiere a Uways en conexión con ‘Omar, ‘Attār evita cuidadosamente cualquier expresión que pareciera dar precedencia a Uways sobre ‘Omar: “Debes saber que Uways al-Qaranī no era superior a ‘Omar, sino que era un hombre alejado de las cosas de este mundo. ‘Omar, por su parte, era de una cumplida perfección en todos sus trabajos.” (op. cit. P. 31) La perfección de ‘Omar es definida en términos de presencia y acción en el mundo de los hombres, mientas que la perfección de Uways es entendida en términos de separación del mundo. Dado su énfasis en el equilibrio entre los dos mundos, el Islam no puede exaltar las virtudes de Uways al punto de “ser del otro mundo”. Más aun, la ropa del profeta es sin duda una clase de investidura diferente de la línea de sucesión en el califato: apunta a una autoridad espiritual como la jirqa, el manto del sheij sufí; pero este tipo de investidura y de prestigio debe permanecer oculto.
[13].- Esta implicación aparente puede también ser un camino para atraer sobre uno mismo el reproche de la “elite” religiosa de aquellos sufíes que se consideran a sí mismos de diferente calidad a la de los fieles comunes.
[14].- Leemos, por ejemplo, en unas cartas del sheij Darqawī, que solía llevar tres gorros de oración en la cabeza, pues “tal era mi disposición” en aquel tiempo. Darqawī (1.987), véase el nº 53 de la revista Sufí en su edición inglesa.
[15].- Esta asociación de la condición profética y la locura no es nada extraordinaria. En el Qorán, por ejemplo, el Faraón acusa a Moisés de ser “un mago o un poseso”. (LI, 39)
[16].- “Otros rasgos de la práctica Naqshbandī primitiva estaban también ligados a la vinculación a la sobriedad y el anonimato implícitos en la elección del dikr silente. (...) Como en la Shādhiliya, todos estos rasgos tienen grandes reminiscencias del movimiento malāmatī de Neyshāpur, y puede sugerirse que Bahā’ al-Din Naqshband era seguidor de las tradiciones de la Malāmatiyah, aunque no en un sentido formal e iniciático.” Alexander Knysh, (2.000),p. 221.
[17].- Este punto de vista ha sido expresado por Frithjof Schuon en su capítulo “Sinceridad: qué es y qué no es”, en Schuon (1.981), pp. 123-7.
[18].- El camino del conocimiento puramente gnóstico consideraría simplemente estas contingencias como “irreales”. Como dice Qazāli: “Cada cosa tiene una doble faz, una propia y otra de su Señor; con respecto a su faz propia es nadidad, y con respecto a la Faz de Dios es Ser.” Meshkat al-Anwār, citado en Martín Lings (1.993), p. 169. El malāmati aplica esta distinción al nivel de la voluntad y del alma.
[19].- (En la Edad Media) (...) la locura se explicaba por el hecho de que el cuerpo debilitado del demente permitía al alma escapar parcialmente.
[20].- Esto no apunta necesariamente a la naturaleza orgullosa del discípulo, pues puede también funcionar en un nivel más impersonal como el golpe moralmente neutral del “palo de alerta” del zen.
[21].- Esta se realiza mediante la “mezcla” alquímica de la “materia” psíquica y la “forma” espiritual, las “emociones” y el dikr.

Hipocresía

Mateo 23, 27-32
En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: "¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque son semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre! Así también ustedes: por fuera parecen justos, pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque les construyen sepulcros a los profetas y adornan las tumbas de los justos, y dicen: 'Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, nosotros no habríamos sido cómplices de ellos en el asesinato de los profetas'! Con esto ustedes están reconociendo que son hijos de los asesinos de los profetas. ¡Terminen, pues, de hacer lo que sus padres comenzaron!"

El trabajo

2 Tesalonicenses 3, 6-10. 16-18
Hermanos: Les mando, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que se aparten de todo hermano que viva ociosamente y no según la enseñanza que de mi recibieron. Ya saben cómo deben vivir para imitar mi ejemplo, puesto que, cuando estuve entre ustedes, supe ganarme la vida y no dependí de nadie para comer; antes bien, de día y de noche trabajé hasta agotarme para no serles gravosos.. Y no porque no tuviéra yo derecho a pedirles el sustento, sino para darles un ejemplo que imitar. Así, cuando estaba entre ustedes, les decía una y otra vez: 'El que no quiera trabajar, que tampoco coma'.

Que el Señor de la paz les conceda su paz siempre y en todo. Que el Señor este con todos ustedes. Este saludo es de mi puño y letra. Así firmo yo, Pablo, en todas mis cartas; esta es mi letra. Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos ustedes.

domingo, 22 de agosto de 2010

La aurora boreal

El artículo lo encontré de casualidad y me llamo mucho la atención. Espero les interese. Por mi parte me agradó porque casualmente leía el libro de Micea Eliade.



Los pueblos que presenciaban este fenómeno tenían sus propias interpretaciones y le daban, según las épocas, determinados significados.
La Edad Media, pródiga en luchas y batallas, suministró varias pinturas de este tipo, en las que la interpretación giraba en torno a grandes batallas en el cielo, ejércitos en lucha y tropas a caballo. Miedo y terror, anuncios de grandes catástrofes, aparecían ligados en esas épocas a los fenómenos aurorales.
Los esquimales, los indios atabascos, los lapones, los habitantes de Groenlandia, e incluso las tribus del noreste de la India estaban familiarizados con esta luz misteriosa del cielo. Sus leyendas toman muchas formas y a menudo estaban asociadas con sus ideas de la vida en el otro mundo.

Cuenta una leyenda esquimal:

"Los límites de la tierra y el mar son bordeados por un inmenso abismo, sobre él aparece un sendero estrecho y peligroso que conduce a las regiones celestiales. El cielo es una gran bóveda de material duro, arqueado sobre la tierra. Hay un agujero en él a través del que los espíritus pasan a los verdaderos cielos. Sólo los espíritus de aquellos que tienen una muerte voluntaria o violenta y el cuervo, han recorrido este sendero. Los espíritus que viven allí encienden antorchas para quitar los pasos de las nuevas llegadas. Esta es la luz de la aurora. Se pueden ver allí festejando y jugando a la pelota con un cráneo de morsa.
El sonido silbante y chasqueante que acompaña, a veces, a la aurora son las voces de esos espíritus intentando comunicarse con las gentes de la tierra. Se les debería contestar siempre con voz susurrante. A los espíritus celestiales se les llama ‘selaimut2’, ‘sky-wellers’, moradores del cielo".

martes, 17 de agosto de 2010

Sin efecto, acuerdo de bases entre Colombia y Estados Unidos

En otros países la Constitución prima a los intereses particulares. El acuerdo, que ahora tendrá que pasar por el Congreso, permitía a EEUU utilizar siete bases colombianas.

Hernando Salazar
BBC Mundo, Colombia

Rodrigo Rivera, ministro de Defensa, y Juan Manuel Santos, presidente de Colombia

La Corte Constitucional colombiana dijo que el acuerdo militar con EE.UU. debe ir al Congreso.
La Corte Constitucional de Colombia dejó sin efecto este martes el polémico acuerdo de cooperación que se había suscrito con Estados Unidos el 30 de octubre de 2009 y que le permitía a este último país utilizar las instalaciones de siete bases militares.

La suscripción de ese convenio generó grandes tensiones entre Colombia y los países de la región, como Venezuela, Ecuador, Bolivia y Brasil.

El presidente de la Corte Constitucional, Mauricio González, explicó que el tribunal concluyó que, contrario a lo que siempre alegó el gobierno del entonces presidente Álvaro Uribe, el convenio no era una simple extensión de los acuerdos militares que Colombia ha suscrito con EE.UU. desde 1952.

González sostuvo que el convenio contiene "nuevas obligaciones", que, según la Corte, "exceden" lo que ya se había pactado y que, por esa razón, lo devuelve al presidente de la República.

Eso significa, en otras palabras, que el uso de las siete bases, que es lo nuevo frente a los anteriores convenios militares, entre ellos el Plan Colombia, queda sin vigencia.
"No puede aplicarse"

"No puede aplicarse el acuerdo de 2009", declaró el magistrado González, luego de subrayar que la Corte no se pronunció sobre la constitucionalidad del convenio, que fue demandado por el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo, una organización defensora de derechos humanos.

Sin embargo, González precisó que los demás convenios militares siguen vigentes, entre ellos el Plan Colombia, gracias al cual 500 militares y 300 contratistas de Estados Unidos pueden permanecer en Colombia para operaciones contra el narcotráfico y la guerrilla.

El gobierno aceptó la decisión de la Corte y en un comunicado leído por el ministro de Defensa, Rodrigo Rivera, anunció que estudiará la decisión "a la luz de las normas del derecho internacional".

Aún no se sabe si el gobierno, que asumió el pasado 7 de agosto, llevará el texto del convenio al Congreso para que lo ratifique, como lo dispone la Constitución de Colombia en materia de tratados internacionales.
Repercusiones
Helicóptero militar, Colombia

El acuerdo permitía a los militares estadounidenses utilizar siete bases en territorio colombiano.

El presidente del Senado, Armando Benedetti, declaró que él siempre alegó que el convenio debió haber sido llevado al Congreso.

Otro senador, Camilo Sánchez, del Partido Liberal, opinó que la decisión de la Corte no lo sorprende, porque "estaba cantada".

No obstante que el gobierno del presidente Juan Manuel Santos tiene amplias mayorías en el Congreso, aún no se sabe si decide someter el texto a su consideración.

En diálogo con BBC Mundo, el profesor Francisco Leal, un veterano experto en temas militares, señaló que "lo más sano para una democracia es que un tema de esta naturaleza sea debatido en el Congreso".

"Es probable que el gobierno tenga las mayorías suficientes para aprobarlo, pero el debate público le da más claridad al tema", declaró Leal, profesor honorario de la Universidad Nacional y la Universidad de los Andes.

Según Leal, que el Congreso intervenga en la aprobación del texto "le da la transparencia que el acuerdo no tuvo al comienzo".

Colombia decidió hacer público el texto cuando surgió la polémica con los demás países, como una muestra de que no había nada oculto en la negociación.

miércoles, 28 de julio de 2010

Irak/reconstrucción: ¿y el dinero?

Redacción
BBC Mundo
La mayoría de los fondos provenía de la venta de petróleo y gas iraquí.

Un organismo auditor en Estados Unidos criticó al ejército de ese país por no dar cuenta de miles de millones de dólares destinados a la reconstrucción de Irak.

El Inspector General Especial para la Reconstrucción iraquí afirmó que el Departamento de Defensa de EE.UU. no puede justificar adecuadamente el gasto del 96% del dinero.

La auditoría publicada este martes indica que, de aproximadamente US$9.000 millones, US$8.700 no se encuentran.

El dinero provenía en gran parte de las utilidades de la venta de petróleo y gas iraquí, así como de los bienes congelados del ex líder iraquí Saddam Hussein, informa el corresponsal de al BBC en Bagdad, Gabriel Gatehouse.
¿Recibos extraviados?

Los fondos fueron adminstrados por el Departamento de Defensa entre 2004 y 2007, y estaban destinados a proyectos de reconstrucción.

El informe señala, sin embargo, que la falta de adecuada contabilidad hace imposible determinar qué sucedió con la mayoría del dinero.

Esta no es la primera vez que surgen interrogantes sobre el extravío de miles de millones de dólares relacionados con la invasión de Irak liderada por Estados Unidos, comenta el corresponsal.

En una respuesta adjunta al informe, las autoridades militares de EE.UU. dicen que los fondos no están necesariamente extraviados.

Explican que los registros de gastos pueden estar archivados en otro lugar y que encontrarlos implicaría invertir "significativos esfuerzos de recuperación de archivos".

El gobierno iraquí se no ha pronunciado sobre el tema hasta el momento.

lunes, 12 de julio de 2010

La Tierra es más joven de lo que se pensaba

Nuestra madre tierra tiene aun muchos años por delante.



BBC Ciencia

La formación del planeta tomó unos 100 millones de años.
La Tierra es 70 millones de años más joven de lo que se había calculado, afirma un nuevo estudio geológico.

Esto quiere decir, dicen los científicos en la revista Nature Geosciences, que a nuestro planeta le tomó mucho más tiempo del que se creía para formarse después del nacimiento del sistema solar, hace 4.567 millones de años

Para confirmar la edad de la Tierra, el equipo de investigadores de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, compararon elementos químicos en el manto terrestre con los de meteoritos de la misma edad del sistema solar.

En el pasado los científicos habían calculado que el desarrollo de nuestro planeta, un proceso conocido como acreción -en el cual gas, polvo y otros materiales se combinan para formar un planeta- ocurrió hace más de 30 millones de años.

Pero la nueva investigación muestra que este proceso pudo haber tomado hasta 100 millones de años, tres veces más tiempo de lo que se pensó previamente.

"(Es) un jovencito si lo comparamos con el planeta de 4.537 millones de años que habíamos imaginado previamente
Dr. John Rudge, Universidad de Cambridge
Aunque los científicos creen que la Tierra probablemente creció al 60% de su tamaño actual relativamente rápido, el proceso quizás se ralentizó y tardó millones de años más en alcanzar su desarrollo total.

La acreción de nuestro planeta involucró una serie de colisiones entre trozos enormes de desechos estelares, llamados embriones planetarios.

Para investigar la edad de la Tierra, los científicos midieron los niveles de isótopos que se crearon durante esas colisiones, los cuales pueden ofrecer una especie de "reloj geológico".

"Las colisiones generaron enormes niveles de calor que provocaron que el interior del planeta se derritiera, segregando metal fundido hacia el centro para formar el núcleo", explicó a la BBC el doctor John Rudge, quien dirigió la investigación.

"Y durante este proceso, la Tierra creó una división entre su núcleo de metal fundido y su manto, la capa que lo cubre".

Muchos científicos creen que el proceso de acreción finalizó cuando un cuerpo del tamaño de Marte chocó contra la Tierra y causó el desprendimiento de parte del planeta para formar la Luna.

Reloj geológico
Los investigadores analizaron los niveles de dos isótopos, elementos químicos en el manto de la Tierra llamados hafnio 182 y tungsteno 182.

Durante un período de varios millones de años, el hafnio se deteriora para convertirse en tungsteno. Como este material se ve atraído al metal, se incorporó al núcleo de la Tierra cuando éste se estaba formando.


Los científicos midieron los isótopos del manto de la Tierra.
Ello dejó una "firma" en el manto que reveló cuánto tiempo le tomó al planeta "diferenciarse".

Al comparar la proporción de tungsteno 182 en el manto con la cantidad encontrada en meteoritos que chocaron con nuestro planeta, los científicos pudieron deducir cuánto tiempo le tomó a la Tierra crear una división entre su núcleo y su manto.

Los investigadores compararon los resultados de esta técnica con un método similar que utiliza dos isótopos diferentes.

Y en lugar de asumir que un método era más preciso que el otro y que la Tierra se formó a un ritmo constante, los científicos crearon modelos de todas las formas diferentes en el cual el proceso pudo haber ocurrido.

Según el doctor Rudge, el punto en el que los dos métodos están de acuerdo es que la formación de la Tierra tuvio que haber sido "muy rápido al inicio, después hubo una pausa y posteriormente una acreción más gradual".

Esto significa, dice el experto, que en lugar de que la Tierra se formara en 30 millones de años, le tomó un total de cerca de 100 millones".

"Calculamos que esto hace que nuestro planeta tenga unos 4,467 millones de años de antigüedad, un jovencito si lo comparamos con el planeta de 4.537 millones de años que habíamos imaginado previamente", expresa el doctor Rudge.

Sufismo y modernidad

¿Diálogo o conflicto de Valores?

Al intentar unir dos conceptos tan dispares como son «Sufísmo» y «modernidad» englobados en el pensamiento de Fethullah Gülen, me di cuenta de que había asumido un tema peliagudo.

Por una parte, el Sufísmo, término generalmente aceptado para describir la tradición mística islámica, no es un movimiento religioso claramente definido, sino un conjunto de ideas y prácticas interrelacionadas entre si, todas ellas con el propósito común de un entendimiento más profundo y una fiel búsqueda y comprensión del Mensaje del Corán. Los eruditos no musulmanes,[1] así como los sufíes,[2] los cuales intentan ofrecer una definición sucinta del Sufísmo por igual, separan inevitablemente ciertos elementos enfatizando que han sido elementos clave de algunos sufíes durante diferentes periodos de la historia, mientras que desatienden o restan importancia a otras características que no concuerdan y que, tal vez, incluso contradicen su definición.

Para una gran mayoría de los primeros sufíes, el ascetismo y la sencillez de la vida eran la llave de un verdadero seguimiento de los preceptos del Islam. Otros han enfatizado que el amor es la idea central y que entender el camino sufí no es más que seguir la senda hacia la unión con Dios, el Amado, en su amor. Para otros, el Sufísmo es un camino voluntario por el cual el creyente, al concentrarse en la virtud y en el comportamiento moral, alcanza una unión de voluntad con Dios, un estado en el cual el místico no es dueño de su voluntad independiente, sino que tan sólo busca realizar la voluntad de Dios. Muchos místicos contemplan el Camino como una senda de conocimiento, de ser conciente de la eterna Verdad, la perenne sabiduría del corazón que es la única fuente segura de discernimiento verdadero. No obstante existe un grupo de estudiosos que ratifican la unicidad de toda la existencia, de tal forma que el camino místico se convierte en un movimiento primordialmente psicológico, que lleva hacia el conocimiento de que somos simplemente una manifestación transitoria del Ser eterno presente en el cosmos y en lo más profundo de nuestra propia personalidad. Algunos sufíes hacen hincapié en una experiencia extraordinariamente mística, reflejada en estados de éxtasis, declaraciones inspiradas, visiones y sueños, mientras que para otros el camino es una peregrinación contemplativa hacia Dios que reside en la silenciosa cueva del corazón.

Tratar de definir el Sufísmo de este modo tiene su semejanza en la parábola del elefante en una habitación oscura relatada por Mawlana Yalal al-Din Rumi, en su libro Masnavi:

Un elefante se hallaba en un edificio oscuro.
Ciertas personas de la India lo habían traído para una exposición.
Mucha gente se introdujo en este oscuro lugar con la intención de verlo.
Cada uno estaba acariciándolo con sus manos en la oscuridad,
ya que era imposible verlo con los ojos.
En el caso de una persona,
cuya mano había alcanzado la trompa,
dijo, «Este ser es como un tubo de desagüe».
Para otra, cuya mano se posó en la oreja,
le pareció como un tipo de abanico.
Así como para otra persona,
cuya mano estaba sobre la pata,
indicando, « Percibo la forma del elefante tal y como un pilar».
De nuevo, alguien que colocó su mano sobre su lomo,
dijo, «Definitivamente, este elefante se asemeja a un trono».

Del mismo modo, quienquiera que alcanzaba a tocar una parte diferente del elefante utilizaba su entendimiento en relación al lugar en concreto que él apreciaba.[3]

La idea de modernidad es, de manera similar difícil de definir y precisar. Para algunos, la «modernidad» supone un comportamiento cultural que toma ventaja de los avances tecnológicos para vivir y relacionarse con los demás de un modo «nuevo», en lugar de maneras «premodernas» o «tradicionales».[4] Bruce Lawrence define la modernidad como «un reciente repertorio, un nuevo índice de la vida humana que la creciente burocratización y racionalización así como las capacidades técnicas y el impensable cambio global en la era premoderna, por encima de todo, han dado forma».[5] En opinión de otros, la modernidad siempre implica, por un lado u otro, occidentalización, por lo que esta denominación se ha convertido frecuentemente en una palabra clave en sus escritos. Indudablemente, para pensadores como Samuel Huntington, cuyo artículo y libro que versa acerca de un posible « choque de las civilizaciones» refleja el pensamiento de muchos responsables políticos occidentales, la civilización occidental descansa en los principios del «individualismo, el liberalismo, el constitucionalismo, los derechos humanos, la igualdad, la libertad, la administración de la ley, la democracia, la economía de libre mercado, la separación entre iglesia y estado».[6] Aquellos que se hallan convencidos firmemente de estos principios frecuentemente se ven a sí mismos como los adalides de una misión que brindará un entendimiento esclarecedor de la vida a quienes todavía se encuentran atrapados en el atraso, la superstición y el oscurantismo.

Esos principios, provenientes en su origen de las perspectivas y opiniones de los filósofos europeos de los siglos XVIII y XIX, comprenden en conjunto una ideología o un sistema de creencias a veces denominado «modernismo». La forma de vida propuesta por el modernismo cuestiona los derechos absolutos de la autoridad religiosa y la expresión pública de los principios éticos y de la creencia que provienen de las religiones y ofrece en su lugar «la búsqueda de la autonomía individual conducida por un grupo de valores socialmente codificados que hacen hincapié en el cambio en vez de la continuidad; en la cantidad en vez de la calidad; en la producción eficiente, el poder, y el beneficio en vez de la simpatía por los valores o vocaciones tradicionales, tanto en el ámbito público como en el privado. En este extremo utópico, se ensalza una estrategia económica, el capitalismo orientado al consumidor, como el medio más seguro de lograr el progreso tecnológico que también eliminará el descontento social y la incomodidad física».[7]

Reunir los conceptos de Sufísmo y modernidad en una misma noción, por lo tanto, no es más que la deliberación de un conjunto de valores consagrados, por una parte, a los conceptos de ascetismo o simplicidad de la vida, el amor a Dios, esforzarse en pos de realizar la voluntad de Dios, la búsqueda de un tipo de conocimiento (ma‘rifah) inalcanzable mediante los métodos del positivismo científico, y una conciencia de la presencia interna del Divino y, por la otra, a un enfoque hacia la vida que exalta los derechos del individuo, el deber de cada persona por lograr su auto-realización, una fe en la ciencia como la solución a muchos de los problemas de la vida, una actitud escéptica hacia las demandas de la religión, y una obligación por parte de los ámbitos y campos autónomos de la política y la economía, de excluir las convicciones religiosas.

Cuando los conjuntos de creencias anteriormente mencionados son concebidos como conflictivos o incompatibles, el resultado es un choque o conflicto de los valores de las civilizaciones. Sin embargo, si esas perspectivas acerca de la vida son consideradas como reconciliables, lo que resulta es un diálogo de los principios en los cuales la vida civilizada debe ser construida. En cualquiera de los dos casos, el debate entre una perspectiva religiosa interiorizada, representada por el Sufísmo como un acercamiento espiritual a la vida, y una concepción modernista del individuo en una sociedad secular, es el gran debate de nuestro tiempo, un debate en el que los puntos de vista de los pensadores religiosos inevitablemente serán definidos y catalogados y por el cual la credibilidad y relevancia de dichos pensadores será determinada.

Fethullah Gülen y el Sufísmo

Si en este contexto, los escritos y los actos de Gülen son estudiados, la primera pregunta que debe ser contestada es si «Jodyaefendi», o Maestro, como afectivamente es llamado por sus seguidores y condiscípulos, es un maestro sufí. En varios momentos de su vida, Gülen ha tenido que defender su movimiento de las acusaciones que proclamaban que él había fundado una nueva orden sufí, de la cual era considerado como el shaij.[8] Hoy en día, en Turquía, los cargos penales por fundar una tariqa secreta conllevan una doble denuncia y trae como consecuencia implicaciones políticas y legales. Los seculares modernistas ven al Sufísmo como parte del pasado premoderno, una reliquia de tiempos de los otomanos, un obstáculo al progreso, al desarrollo y a la prosperidad. A la inversa, los activistas musulmanes de inspiración Wahhabi ven al Sufísmo como el responsable de haberle quitado a la umma islámica su tarea encomendada por Dios, de construir una sociedad que camine de acuerdo con los ideales del Corán y de la Sunna; ellos acusan a los sufíes de alentar innovaciones poco ortodoxas, sin garantía y nada convencionales, así como de promulgar una religiosidad pasiva, devota. Más aun, debido a que las órdenes sufíes aún están prohibidas en Turquía, fundar una nueva tariqa podría ser considerado como emprender una actividad ilegal.

En respuesta a esta acusación, Gülen afirma que él no ha fundado una tariqa y más aún, que él personalmente nunca ha pertenecido a ninguna orden sufí. También declara: «Las órdenes religiosas son instituciones que aparecieron con la intención de representar al Sufísmo seis siglos después de nuestro Profeta, la paz y las bendiciones de Dios sean con él. Dichas órdenes tienen sus propias estructuras y normas. Y del mismo modo que yo nunca he ingresado en una orden sufí, tampoco he tenido ninguna relación con alguna de ellas».[9] A la pregunta de por qué él es llamado Jodya (Hoca en el original), empleado tradicionalmente por los sufíes para sus maestros, él responde que el título no conlleva ninguna connotación de resurgimiento otomano ni de jerarquía, sino que es simplemente «una manera respetuosa de dirigirse a alguien cuyo conocimiento en asuntos religiosos es reconocido y admitido por el público en general».[10]

Dado que Gülen nunca ha pertenecido a una tariqa, ¿Estamos cayendo en el error al referirnos a él como un sufí? En su fundamental e imprescindible trabajo acerca de las tendencias sufíes que se encuentran en el pensamiento de Gülen, Zeki Saritoprak llama a Gülen «un sufí a su manera».[11] Saritoprak afirma que muchos sufíes no pertenecieron a ninguna orden sufí. Durante los primeros seis siglos del Islam, no existieron ordenes sufíes, aunque surgieron un gran número de sufíes importantes. Es más, desde la aparición de las órdenes sufí en la umma islámica en los siglos XIII y XIV, existen pruebas y ejemplos de renombrados sufíes que no han pertenecido a una tariqa. De este modo Saritoprak reconoce la problemática situación del sufí moderno que no sigue una tariqa o que no tiene una guía espiritual:

Los primeros estudiosos sufíes no tenían ni órdenes ni organizaciones sufíes. Rabia, Yunayd, Muhasibi, Bishr, Ghazzali, Fariduddin Attar, e incluso el mismo Rumi no pertenecían a una tariqa. No obstante, todos ellos eran sufíes. Desde la posición estratégica y ventajosa del sufísmo institucionalizado, el sufísmo de ellos pasaría a ser problemático, ya que estos estudiosos sufíes de los primeros tiempos no tenían un maestro espiritual. En la tradición sufí, aquel que no tiene un shaij, topará con Satanás como su shaij.[12]

Respecto a la necesidad de un guía espiritual, es cierto que la inmensa mayoría de sufíes se han opuesto e incluso prohibido a que uno siga la senda sufí sin un shaij o pir. No obstante, desde el punto de vista de una minoría se ha sostenido que la guía espiritual no necesariamente tiene que ser una persona viva. Kharaqani, por ejemplo, fue iniciado en el camino sufí por el espíritu de Abu Yazid al-Bistami, mientras que Attar fue inspirado por el espíritu de al-Hallay.[13] Otros sufíes afirmaron tener como guía a Jidr, el misterioso compañero de Moisés mencionado en la Sura al-Kahf del Corán.

La postura de Gülen indica que él es guiado en su desarrollo espiritual por el Corán y la Sunna. Desde la perspectiva de Gülen, el Corán no solo es la mejor guía, sino que es el nacimiento y la fuente de toda la práctica y pensamiento sufí. Arraigado y enraizado firmemente en el Corán y en la Sunna, y ampliado a lo largo de los siglos por las opiniones y las experiencias de los últimos sufíes que dedicaron las enseñanzas coránicas mediante sus propios esfuerzos personales (iytihad), el sufísmo debe ser considerado no como un camino «alternativo» seguido por algunos musulmanes en contraposición o en contradicción a la Shari‘a sino, como una de las ciencias primordiales del Islam.

(Tasawwuf) no se contradice con ninguna de las corrientes islámicas basadas en el Libro y en la Sunna. Lejos de ser contradictorio, tiene su origen, tal y como el resto de ciencias religiosas, en el Libro y la Sunna y las conclusiones de los inmaculados—libres de todo pecado— eruditos de los inicios del Islam provinieron del Corán y de la Sunna —iytihad.[14]

Para Gülen, el tasawwuf y la Shari‘a son dos aspectos de una misma verdad o, mejor dicho, dos maneras de expresar la misma verdad. Los dos modos de expresión surgen de las diferencias de personalidad en lugar de cualquier mensaje contradictorio. Ambos dirigen al musulmán a creer y a practicar la única verdad islámica, pero cada musulmán debe encontrar el camino más compatible con su modo de ser y su temperamento.

Mientras que la observancia de lo primero [la Shari‘a] ha sido relacionado con el esoterismo (la auto-restricción hacia la dimensión externa de la religión), siguiendo el segundo [el tasawwuf] ha sido visto como algo puramente exotérico. Aunque esta discriminación surge, por una parte, de las aseveraciones acerca de que los mandatos de la Shari‘a son representados por jurisprudentes o muftíes— Jurisconsulto musulmán con autoridad pública, cuyas decisiones son consideradas como leyes—, y por la otra de los sufíes, esto debe ser observado como el resultado de una tendencia natural humana, la cual no es más que otorgar prioridad a la manera más compatible con su temperamento y para la cual tienen aptitud.[15]

El sufísmo ha conocido a los sufíes antinómicos (bi-shara) quienes emplazaron que seguir las regulaciones exotéricas (zahir) de la Shari‘a era innecesario para aquellos en el camino esotérico (batin), pero la perspectiva de Gülen se hace clara en el campo de la ba-shara, de aquellos quienes subrayan la importancia de que el sufí no abandone la Shari‘a. Gülen mismo podría parecer que continua con la larga serie de sufíes orientados hacia la Shari‘a, representados con más vigor por las tradiciones Qadiri y Naqshbandi, y en los tiempos modernos por Said Nursi, quien se refirió al tasawwuf como una faceta de la vida del musulmán sincero que busca vivir completamente el mensaje contenido en el Corán y en la Sunna.

De hecho, Özdalga contempla tres «puntos de referencia positivos» que han configurado el pensamiento de Fethullah Gülen: 1) el Islam Sunní Ortodoxo, 2) la tradición Sufí Naqshbandi, 3) el Movimiento Nur, aquellos musulmanes influidos por los escritos de Said Nursi.[16] Los Naqshbandis han insistido siempre en la cuidadosa interpretación de las prescripciones de la Shari‘a, por lo que no existe contradicción alguna con los primeros dos puntos. Sin embargo, Gülen difiere de la Orden de Naqshbandi, en cuanto a que a la disciplina Naqshbandi se le obsequia con un explícito programa de desarrollo espiritual, el cual es seguido y controlado muy de cerca por el shaij, mientras que el programa de Gülen es abierto en donde se enfatizan las buenas acciones o el servicio a la humanidad (hizmet) más que los ejercicios y las devociones espirituales.[17]

Probablemente, aquello que influyó de manera más formativa al desarrollo del pensamiento de Gülen, incluyendo su acercamiento al Sufísmo, fue la figura de Said Nursi.[18] Del mismo modo que Nursi, quien también fue educado en la tradición Naqshbandi pero que eligió trabajar y enseñar fuera del ámbito de establecido una tariqa, Gülen también ve la tradición sufí más como la sabiduría atesorada por los santos del Islam que una necesidad institucionalizada de alcanzar la interiorización de los valores islámicos. De acuerdo con Nursi, el Sufísmo «ha sido proclamado, enseñado, y descrito en miles de libros escritos por los eruditos de entre la gente iluminada y por aquellos que les han revelado la realidad de la creación, quienes le han transmitido a la comunidad musulmana y a nosotros esa verdad».[19]

Por otra parte, como Said Nursi, Gülen es conciente de que no todo lo que históricamente ha acontecido en nombre del Sufísmo tiene un valor positivo. Sin embargo, en un enfoque crítico hacia la tradición sufí, debe reconocer la fuerza intrínseca del movimiento como un instrumento para el fomento y la construcción de un sentido de comunidad y hermandad. Como Said Nursi declara:

El camino sufí no debe ser condenado debido a los males circunscritos a ciertas formas que han adoptado las prácticas que se encuentran más allá de los límites de la taqwa, e incluso del Islam, y que se han dado erróneamente a sí mismas el nombre de caminos sufíes. Completamente aparte de los notables e importantes resultados espirituales y religiosos del camino sufí y de aquellos quienes miran hacia el Más Allá, estos son los caminos sufíes los cuales son los primeros y más efectivos y fervientes medios de expandir y desarrollar la hermandad, unos vínculos sagrados dentro del Mundo del Islam.[20]

Gülen entiende el Sufísmo como la dimensión interna de la Shari‘a, y las dos dimensiones nunca deben estar distanciadas. La representación de lo externo sin atender al poder transformativo interno desemboca en un ritualismo árido y si adornos. Poner toda nuestra atención en las disciplinas interiores y la negación del ritual y del comportamiento prescrito reduce la fortaleza espiritual en pos de seguir nuestras propensiones y preferencias. Tan sólo impulsando ambas dimensiones del Islam aquel que busca será capaz de someter humildemente (Islam) su vida plenamente a Dios.

Un iniciante o un viajero en el camino espiritual (salik) nunca separa la observancia externa de la Shari‘a de su dimensión interna, y por tanto, observa todos los requerimientos de ambos, las dimensiones externa e interna del Islam. A través de tal observancia, viajan hacia la meta de suma humildad y sumisión.[21]

Tal y como el Sufísmo es aquello que «trae a la vida a las ciencias religiosas», en palabras de Al-Ghazali, asimismo la Shari‘a es lo que mantiene al creyente enraizado a la tradición islámica. «Si el viajero no ha sido capaz de preparar su corazón de acuerdo a ambos requerimientos de su viaje espiritual y de los mandamientos de la Shari‘a, es decir, si él no piensa y razona bajo la luz de la Misión Profética mientras sus sentimientos se elevan en el reino ilimitado de su estado espiritual, inevitablemente él caerá. Estará confundido y desconcertado, hablando y actuando en contra del espíritu de la Shari‘a ».[22]

De acuerdo con Saritoprak, ambas denominaciones la pregunta de si uno es llamado sufí, así como la de pertenecer como miembro de una tariqa son secundarias. Él cita a Mawlana para explicar el efecto de que no es la parafernalia o adornos externos los que hacen de alguien un sufí, sino la pureza de su temperamento interior:

Gülen nunca se llama a sí mismo un sufí. Uno no es un sufí por el nombre, sino por el espíritu y el corazón. Como dice Rumi: «¿Qué es aquello que convierte al sufí en lo qué es? La pureza del corazón, no la capa remendada ni la perversa codicia de aquellos hombres terrenalmente limitados quienes roban su nombre. Él (el verdadero sufí) discierne la esencia pura de todas las cosas». En resumen, Gülen entiende que uno debe aniquilarse a sí mismo con los rayos de la existencia de la Verdad, por medio del conocimiento de su impotencia, pobreza e impotencia.[23]

Por lo tanto si Gülen va a ser considerado un sufí, al menos en espíritu, y no de nombre o por su título, ¿qué es el Sufísmo para él? En dos de sus obras al respecto, Gülen ofrece su propia definición. En sus primeras obras él declara:

Tasawwuf (el Sufísmo) significa que siendo liberado de los vicios y de las debilidades que son particulares de la naturaleza humana y adquiriendo cualidades angelicales y la conducta que complace a Dios, uno vive su vida de acuerdo con los requerimientos del conocimiento y amor de Dios y en el deleite espiritual que resulta.[24]

En un trabajo más reciente, él da una definición del camino sufí muy similar:

El Sufísmo es el camino seguido por un individuo quien, habiendo sido capaz de liberarse a sí mismo o sí misma de los vicios humanos y de las debilidades para adquirir cualidades angelicales y cuya conducta es complacer a Dios, vive de acuerdo con los requerimientos del conocimiento y amor de Dios y en el deleite espiritual resultante que le sigue.[25]

Ambas definiciones confluyen en el mismo punto. Gülen parece darle prioridad a la voluntad, haciendo énfasis en que el Sufísmo simboliza vencer los obstáculos humanos con el poder y la gracia de Dios y adquirir las virtudes y el comportamiento que Dios desea de Sus siervos. La persona que vive de esta manera, gradualmente está creciendo en ma‘rifa o sabiduría espiritual y en amor (mahabbah), ambos por Dios y por los demás. Para el más fiel seguidor en este camino, Dios le garantiza el placer espiritual que anima y fortalece al creyente. Este entendimiento concuerda con la corriente principal de la enseñanza sufí que ha prevalecido durante siglos, en la que el miembro sufí profesa sus esfuerzos para lograr las distintas estaciones espirituales (maqamat) en las cuales los obstáculos de la divina gracia son eliminados uno por uno y entonces, debe esperar confiadamente a Dios, que le conceda como regalos los estados espirituales (ahwal) de conocimiento, amor y deleite.

¿Por qué Gülen está interesado en el Sufísmo? ¿Qué es lo que le llama la atención en la tradición sufí? En un comentario elocuente indica que, aquellos musulmanes que a través de los siglos en mayor proporción reflejaron y procuraron llevar a cabo la práctica de los valores interiores enseñados por el Islam y que desarrollaron las disciplinas espirituales para controlar sus impulsos egoístas, fueron de hecho sufíes. Casi podríamos decir que el Sufísmo es la esencia o, como él declara en otro momento, el espíritu del Islam.

Como religión, el Islam enfatiza de manera natural el reino espiritual. Contempla la preparación del ego como un principio básico. El ascetismo, la piedad, la amabilidad y la sinceridad son esenciales para esto. En la historia del Islam, la disciplina que más prevaleció en aquellos maestros fue el Sufísmo. Oponerse a él sería oponerse a la esencia del Islam.[26]

En otras palabras, la genialidad del Sufísmo, según Gülen, es su habilidad para interiorizar el mensaje del Corán y de la Sunna de tal manera que influye y moldea el comportamiento del musulmán. A través del Sufísmo, el musulmán aprende a desplazarse más allá de la obediencia de las órdenes y las normas que él o ella no comprende como una apreciación de la enseñanza islámica, la cual se convierte en una parte y una parcela del modo de vida del creyente. El Sufísmo muestra cómo un musulmán puede superar sus tendencias egoístas, responder a la frustración y a la oposición, y moverse más allá del desaliento y la rutina con paciencia y perseverancia. El Sufísmo permite que el musulmán alcance las cualidades virtuosas y las disciplinas personales requeridas para vivir completamente de acuerdo con la voluntad de Dios. El Sufísmo dirige el camino hacia el shawq, el deleite, por lo que la práctica del compromiso religioso no es una carga onerosa ni desagradable que una persona está forzada a soportar, sino que en su lugar puede conducir a la regocijante y amorosa aceptación de la vida. Esta es la habilidad del Sufísmo para proveer de un programa práctico por el cual el musulmán puede interiorizar y practicar la Fe Islámica lo cual es la de gran interés para Gülen, en lugar de las experiencias místicas extáticas o paranormales que algunas veces han sido reivindicadas por o para los santos sufíes.

El agradecimiento de Gülen por la enseñanza de los maestros sufíes no le impide criticar, ocasionalmente, la manera en que la vida sufí fue puesta en práctica con frecuencia. El dinamismo de los primeros sufíes se disipó a menudo debido a las formas institucionales que se conformaron en las últimas órdenes sufíes. En concreto, durante los últimos tiempos, muchos sufíes repudiaron la vida real y se comprometieron con la inservible especulación metafísica. Son ellos uno de los grupos, según Gülen, que han sido responsables de la crisis educativa en la Turquía contemporánea. De hecho, sus esfuerzos educacionales pueden ser entendidos como una reacción ante la escasez de variedad en los programas educacionales ofrecidos a los estudiantes turcos. Esta es la falta de integración entre el conocimiento científico y los valores espirituales los cuales inducen a Gülen y a sus seguidores a encontrar un nuevo modelo de educación.

Hasta que no se inició un proyecto educacional acometido por Gülen y sus discípulos, los estudiantes turcos eran obligados a estudiar ya sea en escuelas bajo el modelo secular republicano, en las madrazas tradicionales, en las tekke sufí, o en academias militares. Ninguno de esos modelos fue capaz de alcanzar una verdadera integración de la formación científica con los valores espirituales humanos.

En la época en la que las escuelas modernas se centraban en los dogmas ideológicos, las instituciones de educación religiosa (madrazas) rompieron con la vida real, las instituciones de formación espiritual (tekke) se sumergieron en la metafísica pura, y el ejército se confinó a sí mismo en torno una fuerza absoluta, esta coordinación (de conocimiento) fue esencialmente imposible.[27]

Los sistemas seculares escolares, sostiene Gülen, han sido incapaces de librarse a sí mismos de los prejuicios y convenciones de la ideología modernista, mientras que las madrazas han mostrado muy poco interés o habilidad al englobar y asumir los retos tecnológicos y el conocimiento científico; tienen una falta de flexibilidad y visión para romper con el pasado, promulgar el cambio y ofrecer el tipo de formación educacional que los estudiantes necesitan hoy día. Las tekke sufí, aunque se han preocupado por fomentar el desarrollo de los valores espirituales, han fracasado en la unión de los desafíos de la sociedad contemporánea y, en palabras de Gülen, «se han consolado a sí mismas con las virtudes y las maravillas de los santos que han vivido en siglos anteriores».[28]

Gülen y la Modernidad

Las críticas de Gülen acerca de los sistemas educativos disponibles en la Turquía moderna muestran, por una parte, que él no está proponiendo un amplio rechazo a los valores modernos, un tradicionalismo rígido, ni un nostálgico retorno al modelo otomano. Sus críticas hacia las madrazas y las tekke residen precisamente en la razón de que éstas no están cubriendo las demandas de la vida moderna. Estas instituciones no están preparando estudiantes que puedan hacer una contribución activa y positiva en el mundo moderno, debido a que sus métodos pedagógicos no han integrado los avances de la ciencia y la tecnología en las disciplinas tradicionales enseñadas en las escuelas. Los estudiantes podrán terminar sus estudios con un buen conocimiento de las ciencias religiosas o con buenos principios morales, pero no pueden ocupar puestos de influencia en la sociedad contemporánea, en la cual sus conocimientos y códigos éticos pueden marcar la diferencia.

Por otra parte, en sus críticas acerca de las escuelas del estado secular y las academias militares, Gülen reconoce que el conocimiento científico moderno y las habilidades técnicas están siendo impartidas, pero él sostiene que las escuelas no han tenido el éxito esperado al expresar los valores «espirituales» y éticos consagrados en, y transmitidos, por la tradición islámica. Los estudiantes que se gradúan en dichas escuelas pueden ser capaces de encontrar trabajo en ámbitos técnicos y profesionales, pero sufren de la carencia de un propósito, un sentido de por y para qué están trabajando, una visión del tipo de mundo que construirían y una disciplina interna que los haga capaces de rechazar de manera creativa, las inevitables tentaciones del poder, la avaricia y el egoísmo.

En ambos casos, el principal problema de las madrazas y las takyas y el de las escuelas estatales y las academias militares, es el mismo, la falta de integración —la integración de lo nuevo y lo viejo, de la modernidad y la tradición, del conocimiento científico y religioso y de las habilidades técnicas y la formación del individuo—. El resultado de esta falta de integración es una sociedad en crisis. Nilüfer Göle expresa bien esta crisis:

Aquellos de nosotros que hemos vivido en Turquía durante los últimos veinte años hemos permanecido en un estado de conmoción. Hemos estado sucesivamente inmersos en un movimiento de oscilación entre el deseo de alcanzar la nueva era y conocernos a nosotros mismos; fluctuando entre la ambición, el enojo, y la emoción; y el intentar abrir un camino con la mano entre nuestro espíritu y el mundo. Estamos peleando con nuestra identidad extraoficial y una intención no muy clara. Mientras que Turquía no conecte su pasado con su futuro, la tradición con la modernidad, y a sí misma con el mundo, permanecerá desestabilizada. La violencia y la anarquía son las manifestaciones de esto.[29]

Göle encuentra la llave de la integración en el pensamiento de Gülen. De acuerdo con Göle, la «cultura del corazón» sostenida por Gülen provino de su estudio del Sufísmo, aprovisiona a la sociedad turca de una confianza en si misma que ha echado en falta debido a la desintegrada, parcial y perjudicial naturaleza de varios de los sistemas educativos. Mientras que los sistemas más antiguos habían sido divisivos y habían resultado en la polarización de la sociedad en «secular» e «islámica», «moderna» y «tradicional», «científica» y «religiosa», su enfoque integrado de la vida permite que el pueblo turco preserve lo mejor y lo que todavía es valioso del pasado y que acepte y haga uso de los avances científicos y tecnológicos. El resultado, Göle espera, es una sociedad verdaderamente moderna y tolerante.

El pensamiento de Gülen favorece la modestia individual, el tradicionalismo social, y el Islam en la base de la civilización. Esto nos da un ejemplo de la gente modesta y tolerante la cual no ha perdido su conexión con Dios, y del individuo que se ha agotado y consumido debido a la represión e inhibición tradicional y al exceso moderno. El afecto que une la fe y el conocimiento en la «cultura del corazón» nos transmite las buenas nuevas de que una nueva puerta de la confianza en uno mismo ha sido abierta. Por primera vez en Turquía, estamos siendo testigos de una profunda mezcla de pensamiento conservador y tolerancia liberal.[30]

Los cambios en la educación son simplemente reflejos de los cambios afrontados por la sociedad en su totalidad. El fracaso de los sistemas educativos al reconciliar los distintos elementos dentro de un todo integrado es un indicativo de que el sector más amplio de la sociedad no ha sido capaz de llevarlo a cabo. Gülen señala la superficialidad de afirmar que se ha logrado «una civilización moderna» cuando las actitudes y los valores del presente aún no están reconciliados con la sabiduría del pasado. El resultado es una modernidad superficial, pero que ha dejado la salvajez humana subyacente sin ser tocada ni modificada. Como Gülen indica:

Si en una comunidad, la gente es desprovista de la creencia, el amor, el entusiasmo y el sentimiento de responsabilidad, si viven en una vida sin propósito inconscientes de su identidad verdadera y sin conocimiento de la época y el ambiente en el cual viven, dicha comunidad entonces no puede ser considerada como civilizada incluso si ésta ha cambiado concienzudamente todas sus instituciones, el nivel de la vida se han elevado considerablemente y la gente ha pasado a estar «modernizada» en su estilo de vida. La civilización es un fenómeno intelectual y espiritual, nada que ver con la tecnología, el vestido ni las galas, el mobiliario ni los lujos. El derramamiento de sangre, la continuidad del colonialismo bajo distintos nombres, los interminables conflictos y masacres, las actitudes humanas que permanecen inalteradas, la crudeza de los medios de comunicación, la falta de iluminación en la vida intelectual, el dominio del materialismo en los puntos de vista de la ciencia y del mundo, todos ellos, junto con otros tantos signos de salvajismo que prevalecen a lo largo y ancho del mundo, muestran de manera decisiva que las personas «desarrolladas» del mundo no han instituido una verdadera civilización, y que ni siquiera sus imitadores del «desarrollo» han sido capaces de hacerlo.[31]

Él crítica a aquellos planificadores políticos y sociales cuya última meta es «la modernidad». En su lucha por alcanzar la modernización, acuerdan introducir novedades superficiales en las costumbres y en los estilos de vida, mientras que ignoran el cambio real, el cual no es más que modificar las mentalidades. A este compromiso por crear una sociedad moderna a toda costa, Gülen la llama «modernismo». En contraste con los planificadores sociales modernistas, Gülen sostiene que la verdadera meta de las naciones debe ser la civilización, una renovación de los individuos y de la sociedad en términos de conducta ética y mentalidad. Concentrarse en proporcionar nuevos objetos de consumo y placeres sin prestar atención a la transformación de la actitud y del comportamiento es un «crimen cultural» en el que se desvía a la gente ofreciéndole un remedio falso contra el problema que no fue comprendido.

La civilización es diferente del modernismo. Mientras que lo primero significa el cambio y la renovación del hombre con respecto a sus opiniones, modo de pensar y aspectos humanos, el modernismo consiste en el cambio de su estilo de vida y placeres corporales y en el desarrollo de las facilidades para la vida... Las nuevas generaciones, que han estado confundidas por la falta de uso de los conceptos, primero han sido extraviadas en su modo de pensar y entonces se ha hecho que degeneren en creencia, lenguaje, conciencia nacional, morales y cultura. Además de esto, aquellas personas occidentales que disfrutan de un mayor número de facilidades técnicas que otros, y los así llamados «intelectuales» quienes han surgido de entre la gente oriental, y que se consideran a sí mismos civilizados y a los demás salvajes, han cometido, a través de tanto alejamiento, un imperdonable y grave pecado en contra de la cultura y la civilización.[32]

Los únicos responsables de esta fechoría son aquellos quienes, identificando la modernidad con la occidentalización buscan adoptar, faltos de cualquier sentido crítico y obligan a otros a aceptar que todo lo occidental sea superior, progresista y avanzado con su correspondiente devaluación de los valores nativos o nacionales. La verdadera civilización no se alcanza con la ciega imitación de los logros (y defectos) de otros, sino con el crecimiento en el pensamiento crítico, el comportamiento decente, los valores humanos y la integridad personal. Concentrarse puramente en la prosperidad material sin procurar las cualidades espirituales es el rostro contemporáneo del materialismo.

Los servicios básicos modernos pueden ayudar a «modernizar» la apariencia externa de la vida, pero eso no equivale a ser civilizado. La civilización es una atmósfera propicia para el desarrollo del potencial humano. Una persona civilizada es aquella que se ha puesto a sí misma al servicio de su comunidad en particular, y de la humanidad en general, junto con los pensamientos, sentimientos y habilidades que él ha desarrollado y perfeccionado en dicha atmósfera. Así, la civilización no significa procurarse a la larga riquezas, lujo y una vida confortable, en casas ricamente amuebladas, ni técnicas y grandes cantidades de producción y consumo...Esta se halla en la pureza del pensamiento, en el mejora de los modales, las actitudes y de los sentimientos, y en el buen estado de las opiniones y los juicios. La civilización yace y se asienta en la evolución espiritual del hombre y en su continua auto-renovación hacia la verdadera humanidad y la integridad personal...La civilización no es, como desafortunadamente es entendida por los ciegos imitadores del Occidente, una prenda que se puede comprar en cualquier tienda y después vestirla, sino que es un destino final alcanzado mediante un modo racional de caminar a través del tiempo y de las circunstancias.[33]

La presunción no probada de que la modernización es igual a la occidentalización, la cual influye en gran medida en algunos intelectuales de Turquía y de otros lugares del mundo musulmán para tratar de alcanzar sus objetivos basándose en todo aquello que sea europeo, surge, de acuerdo con Gülen, de una lectura selectiva de la historia. Debido a que la modernización fue introducida y fomentada regularmente en las regiones musulmanas por los poderes coloniales, y a que era salvaguardada por la superioridad de la tecnología militar occidental, era natural que los pensadores musulmanes identificaran la modernización con la occidentalización. Ante el indiscutible dominio occidental en la economía y la geopolítica, los musulmanes reaccionaron de dos formas opuestas.

1) Los «modernizadores» observaron el dominio occidental como el resultado inevitable de la eficiencia de sus estructuras sociales. Si las naciones musulmanas esperaban alcanzar una paridad con sus homólogos occidentales, esto significó revisar su propio pensamiento y comportamiento para hacerlos similares a los del Occidente. No obstante, estaban basando su conciencia de la civilización en la situación actual de la época, olvidando que el movimiento de la historia no siempre sería de esa manera, y que la historia no necesitaba haberse desarrollado de la manera en que lo hizo. La superioridad científica del Occidente no fue el resultado de un proceso inevitable de la historia, ni fue el caso siempre en todos los periodos históricos.

Esta lectura parcial y arbitraria de la historia influyó de tal manera que muchos intelectuales vislumbraron el Islam como un obstáculo al progreso, lo cual permitió a las naciones occidentales dominar y abrir el camino al pensamiento de que la imitación de la opinión mundial, los patrones sociales y los sistemas políticos occidentales, inevitablemente llevarían a la prosperidad y al poder logrado por dichas naciones. En palabras de Gülen:

Durante muchos años, influidos por el dominio occidental sobre sus territorios, un dominio atribuido a su ciencia y tecnología superiores, algunos intelectuales musulmanes acusaron al mismo Islam de ser la causa del retraso de las personas musulmanas. Habiendo olvidado los más once siglos de supremacía islámica, pensaron y escribieron como si la historia del Islam solamente hubiera comenzado en el siglo XVIII... Ellos no se molestaron siquiera en elaborar un estudio superficial del Islam y de su larga historia.[34]

2) Otros intelectuales musulmanes, trabajando desde la misma suposición que la modernización equivale a la occidentalización, se enfocaron en los problemas, defectos y efectos dañinos de la cultura occidental. Ellos condenaron y menospreciaron los reforzamientos ateístas de la sociedad secular occidental, su relativismo moral, su tendencia a optar por la destrucción de los pueblos para alcanzar sus fines, y concluyeron que la modernidad era destructiva y opuesta a la fe religiosa. Contemplaron al Occidente como un enemigo y reaccionaron con ira e incluso con violencia. Gülen mantiene que dichas reacciones, la emulación falta de sentido crítico y aquella con reacción de ira, están fuera de lugar y que ninguna de ellas radica o tiene profundamente sus raíces en las enseñanzas Islámicas.

Otros intelectuales musulmanes contemporáneos, después de ver cosas tales como las bombas atómicas, los genocidios y exterminios de pueblos enteros, la contaminación medioambiental y la pérdida de los valores morales y espirituales, culparon a la ciencia y a la tecnología de dichos desastres. Ellos proclamaron los defectos y los errores del enfoque puramente científico al tratar de buscar la verdad, así como el fallo de la ciencia y de la tecnología para traer felicidad. Siguiendo la influencia de sus homólogos occidentales, estos mismos intelectuales condenaron por completo la ciencia y la tecnología y adoptaron una actitud casi meramente idealista. Sin embargo, el Islam es el camino intermedio. Ya que este no rechaza ni condena el enfoque científico moderno, ni tampoco lo deifica. [35]

El Compromiso Crítico con la Modernidad

El punto «intermedio» islámico que Gülen propone es uno de los compromisos críticos con la modernidad. Ahmet Kuru enfatiza que debemos ser muy claros acerca de lo que Gülen quiere decir por «camino intermedio». Gülen no busca un camino a mitad entre el Islam y la modernidad, porque él acepta el Islam tal cual es, como un camino intermedio: «El Islam, siendo el “camino intermedio” del equilibrio absoluto —el balance entre el materialismo y el espiritualismo, entre el racionalismo y el misticismo, entre el frivolismo y el ascetismo excesivo, entre este mundo y el otro— e incluso de todos los caminos de todos los Profetas anteriores, hace una elección de acuerdo con la situación». Respecto a esto, Gülen está buscando una interpretación del Islam que sea compatible con, y al mismo tiempo crítica con, la modernidad y la tradición.[36]

Nosotros también deberíamos hacerlo, y aquí es donde su estudio sobre el Sufísmo lo provee de herramientas para el discernimiento. Si un elemento clave en el progreso de la civilización es cambiar la mentalidad de las personas,[37] esto sólo puede ser logrado cuando una persona admite sus propias limitaciones, reconoce la necesidad de controlar sus impulsos y halla la motivación para esforzarse en pos de la virtud y el conocimiento. Esto, de acuerdo con Gülen, es de lo que versa el Sufísmo. «La vida espiritual islámica basada en el ascetismo, en la devoción regular, en la abstención de todos los pecados mayores y menores, en la sinceridad y la pureza de las intenciones, en el amor y el anhelo y en la aceptación del individuo respecto a su impotencia y destitución esenciales, se convierte en el asunto a tratar del Sufísmo».[38]

La formación sufí, como una disciplina que pone de relieve la dimensión interna de la enseñanza islámica, permite que el musulmán haga frente de manera crítica pero con moderación a los cambios de la modernidad sin caer tampoco en la trampa de aceptar la falta de reflexión ni el rechazo ligado a la ira. La pregunta que toda la gente moderna afronta es cómo desarrollar las cualidades humanas, el buen comportamiento, el amor a los demás, el entusiasmo por el desarrollo personal, y un activo deseo de servir a los demás, modificar para bien el mundo y de perseverar en este deseo ante los reveses y las fracasos. Para los musulmanes, de acuerdo con Gülen, son los pensadores sufíes, a través de los siglos, los que han reflexionado mediante esas preguntas y han seguido el método experimental para ocuparse de ellas.

Si el musulmán moderno quiere comprometerse de manera crítica con la modernidad y hacer los cambios necesarios, deben comenzar consigo mismos. El Sufísmo ofrece la sabiduría recolectada y trasmitida a través de los siglos por la cual uno puede proceder y continuar hacia una mentalidad evolucionada, el amor más profundo, los rasgos positivos del individuo y el valor para trabajar en pos del perfeccionamiento de la sociedad.

El programa espiritual ofrecido por el Sufísmo proporciona una base firme para purificar el estudio científico moderno de sus insuficiencias éticas y de sus limitaciones positivistas. De esta forma, la ciencia y las humanidades, lo científico y los valores humanos, un enfoque científico y religioso de la vida, «las ciencias occidentales y la fe y la moralidad oriental»[39] pueden reconciliarse. Este es el cambio que afrontan los eruditos, los educadores y los comunicadores de hoy.

Si los intelectuales, las instituciones educativas y los medios de comunicación tienen un cometido vital de comprometerse por el bien de la humanidad, este es alzar a los estudios científicos modernos desde la atmósfera letalmente contaminada de las aspiraciones materialistas y del fanatismo ideológico, y dirigir a los científicos hasta los valores verdaderamente humanos. La primera condición para dirigir los estudios científicos de esta manera es liberar las mentes de las supersticiones ideológicas y purificar las almas de la suciedad de incidir en los beneficios y en las ventajas mundanas. Esta es también la primera condición para asegurar la verdadera libertad de pensamiento y de hacer una correcta ciencia.[40]

La Eficacia del Enfoque de Gülen

Los escépticos pueden preguntar, «¿pero es esta recomendación realmente efectiva? ¿Funciona? ¿Esto forma a un individuo moderno con un buen carácter y moral que estará trabajando activamente para cambiar la sociedad y hacer un mundo mejor?» Los académicos turcos Bülent Aras y Omer Çaha observan que el esfuerzo hacia la integración de la ciencia occidental junto con los valores turcos tradicionales y religiosos no es algo que haya sido concebido por Gülen, sino que es parte de un movimiento en curso en la vida intelectual turca desde hace más de un siglo. Su llamamiento es para aquellos quienes sienten una falta de equilibrio y ponderación en la política oficial turca de modernización secular.

El movimiento de Gülen busca la integración con el mundo moderno reconciliando los valores modernos y los tradicionales. Este intento por crear una síntesis de ideas se asemeja a los esfuerzos de los últimos pensadores nacionalistas del Imperio Otomano. Por ejemplo, Ziya Gökalp enfatizó la necesidad de crear una síntesis basada en la combinación de elementos tomados de la cultura (hars) turca junto a la ciencia y la tecnología occidentales. Gülen y sus seguidores dan un paso adelante aceptando la civilización occidental como una fundación adecuada para la vida material mientras que consideran a la civilización islámica como adecuada para la vida espiritual. Debería indicarse que dado el carácter conservador del movimiento, se apela a aquellos quienes hallan el sistema político turco está poniendo demasiado énfasis en el secularismo y la modernización.[41]

Bajo la evaluación de Aras y de Çaha, el movimiento de Gülen ha sido exitoso en formar el tipo de individuos que pueden reconciliar los anteriores elementos tan dispares.

El único carácter del movimiento de Gülen descansa en su intento por revitalizar los valores tradicionales como parte de los esfuerzos modernizadores, tales como el programa oficial de modernización del estado. Hasta ahora, esto ha tenido cierto éxito al intentar armonizar e integrar las tierras históricamente dispersas de Turquía y reconciliar cientos de años de tradición con las demandas de la modernidad, tareas nada fáciles. En resumen, Gülen busca construir un Islam de connotación turca, recordar el pasado otomano, islamizar el nacionalismo turco, volver a crear un vínculo legítimo entre la religión y el estado, hacer hincapié en la democracia y en la tolerancia y fomentar los lazos con las repúblicas y naciones turquicas.[42]

El movimiento de Gülen se caracteriza por el esfuerzo concienzudo y por la tolerancia hacia los demás. Hasan Horkuc cita la siguiente recomendación de Gülen:

Debe ser una tolerancia tan amplia, que podamos cerrar los ojos ante las faltas de los demás, mostrar respeto por las diferentes ideas, y perdonar cualquier cosa que sea perdonable. De hecho, aún cuando nuestros derechos inalienables sean violados, nosotros debemos respetar los valores humanos e intentar establecer la justicia. Incluso antes de tener los pensamientos más bruscos y las ideas más crueles, con la precaución de un Profeta y sin alterarnos debemos responder con la afabilidad que el Corán presenta como «palabras corteses».[43]

También podemos encontrar una encarnación de los ideales enunciados por Gülen en La Declaración de la Misión de la Fundación de Periodistas y Escritores, una organización creada por los seguidores de Fethullah Gülen para promover el diálogo y la cooperación interreligiosos. La declaración expone (tan solo una parte):

El mundo moderno ha sido moldeado por los sistemas y perspectivas que han sido abrazados como valores universales, los cuales consideran el afecto, la tolerancia, el entendimiento y la unidad como principios fundamentales... los cuales prefieren superar y vencer todas las hostilidades, el odio y la cólera por la amistad, la tolerancia y la reconciliación; los cuales emprenden la misión de pronunciar la cultura y el conocimiento en beneficio de la humanidad; los cuales pueden crear un equilibrio entre el individuo y la sociedad sin sacrificar ni al uno ni a la otra; los cuales tienen una amplia perspectiva sin caer en la trampa de las utopías y sin dejar a un lado las realidades; los cuales creen en el mérito de mantener factores determinantes tales como la religión, el lenguaje, y la raza libres de cualquier presión obligatoria.[44]

Para contemplar los resultados del pensamiento de Gülen debemos remitirnos, obviamente, a las escuelas establecidas por el movimiento asociado con su nombre. He abordado la filosofía y el alcance de esas escuelas en otros escritos,[45] por lo que no necesito repetirme en este punto. No obstante, el elocuente comentario de Elizabeth Özdalga muestra que «las escuelas Gülen» no están relacionadas con el proselitismo o con el lavado de cerebro, sino con «la enseñanza de los valores a través del ejemplo». Ella declara: «El objetivo principal (de la educación provista en estas escuelas) es proporcionar a los estudiantes una buena educación, sin alentar ninguna orientación ideológica específica. Una idea básica de los seguidores de Gülen es que los valores éticos no son trasmitidos abiertamente a través de la persuasión ni de las lecciones sino dando buenos ejemplos en la conducta diaria».[46]

Concluiré con un testimonio personal. Yo no soy miembro del «Movimiento Gülen», ni tampoco soy musulmán, pero he tenido la oportunidad de visitar muchas de estas escuelas en varios países y de entrevistar de manera exhaustiva al personal administrativo y docente, así como a los estudiantes musulmanes y a los no musulmanes, a sus padres y a los educadores no musulmanes de aquellas localidades. Cuando leo los ideales expresados en los escritos de Gülen, encuentro que efectivamente han sido llevados a la práctica en la vida de aquellos que pertenecen al movimiento. Está claro que ellos son gente moderna, con un buen conocimiento de las ciencias seculares, pero con una preocupación genuina y sincera por los valores espirituales y humanos. Valores que ellos buscan comunicar a los estudiantes con su propio comportamiento. Ellas ofrecen una educación de primer nivel que reúne los últimos avances tecnológicos con la formación del individuo y altos ideales. En mi opinión, las escuelas Gülen, son la prueba más efectiva de la validez de los esfuerzos de Gülen por reconciliar la modernidad con los valores espirituales. Las mismas son uno de los esfuerzos más fascinantes y prometedores que tienen lugar en el mundo de hoy en día.


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[1] Anne-Marie Schimmel, en su tratado «What is Sufism?» (“¿Qué es el Sufismo?”), nunca logra una definición comprensiva sino que, cita la descripción parcial del Safismo otorgada por muchos Sufíes y eruditos. Mystical Dimensions of Islam (Las Dimensiones Místicas del Islam) (Chapel Hill: U. of North Carolina Press, 1975), 3-22.

[2] La descripción de Ruwaym viene a ser, tal vez, la más cercana «Los Sufíes son personas quienes prefieren a Dios sobre todo y Dios los prefiere a ellos más que a cualquier otra cosa». Citado en Schimmel, pág. 15.

[3] Yalal al-Din Rumi, The Mathnawi-ye Ma’nawi, III: 1259-1266, traduc. Ibrahim Gamard, http://www.dar_al_masnavi.org/n.a_III_1259.html

[4] Asghar Ali Engineer, «Islamic World and Crisis of Modernism» (“El Mundo Islámico y la Crisis del Modernismo”). Islam and the Modern Age (El Islam y la Era Moderna), Enero, 2002,

[5] Bruce Lawrence, The Defenders of God (Los Defensores de Dios) (Londres: Tauris, 1990), 27.

[6] Samuel Huntington, The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order (El Choque de las Civilizaciones y el Rehacimiento del Orden Mundial) (Nueva York: Simon y Schuster, 1997), 40.

[7] Lawrence, pág. 27.

[8] Thomas Michel, «Fethullah Gülen as Educador» (“Fethullah Gülen como Educador”), citado en M. Hakan Yavuz y John L. Esposito (editores), Turkish Islam and the Secular State: The Gülen Movement (El Islam Turco y el Estado Secular: El Movimiento Gülen). Syracuse: Syracuse University Press, 2003, pág. 69.

[9] Fethullah Gülen, citado en L.E. Webb, Fethullah Gülen: Is There More to Him than Meets the Eye? (Patterson, N.J.: Zinnur Books, 1983), 103.

[10] Ibidem pág. 80.

[11] Ihsan Yilmaz está de acuerdo con esta perspectiva, diciendo que la mayoría de los eruditos que escriben sobre Gülen están de acuerdo en que él continua una larga tradición Sufi de esforzarse para dirigirse a las necesidades espirituales de la gente, la educación de las masas y la búsqueda de la estabilidades en los tiempos tumultuosos (vea Ihsan Yilmaz, “Ijtihad and Tajdid by conduct: The Gülen Movement” (“Ijtihad y Tajdid por conducta: El Movimiento Gülen”) citado en M. Hakan Yavuz y John L. Esposito (editores), Turkish Islam and the Secular State: The Gülen Movement (El Islam Turco y el Estado Secular: El Movimiento Gülen). Syracuse: Syracuse University Press, 2003, págs. 208-237.

[12] Zeki Saritoprak, «Fethullah Gülen: A Sufi in His Own Way» (Fethullah Gülen: Un Sufi a Su Propia Manera), papel entregado en el seminario «Islamic Modernities: Fethullah Gülen and Contemporary Islam» (“Modernidades Islámicas: Fethullah Gülen y el Islam Contemporáneo”), Georgetown University, 26-27 Abril 2001, esperando publicación, pág. 7. El papel de Saritoprak es realmente el primero en estudiar los elementos Sufi en el pensamiento de Gülen. Yo no intentaré repetir lo que él ya ha elaborado.

[13] Schimmel, pág. 105.

[14] Gülen, Key Concepts in the Practice of Islam (Conceptos Clave en la Práctica del Islam), pág.9.

[15] Ibidem, pág. 7.

[16] Elisabeth Özdalga, «Worldly Asceticism in Islamic Casting: Fethullah Gülen’s Inspired Piety and Activism» (“Ascetismo Terrenal en la Decisión Islámica: La Piedad y el Activismo Inspirado de Fethullah Gülen”), Critique, 17 (Otoño 2000), pág. 91.

[17] Ibidem, pág. 93.

[18] En su comentario sobre Masnawi al-Nuriya de Nursi (The Epitomes of Light) (Los Epitomas de Luz), Gülen se refiere a Said Nursi como «el Maestro» e insta a que sus trabajos sean estudiados a profundidad.

[19] Bediüzzaman Said Nursi, The Letters, The Twenty-ninth Letter, Ninth Section, First Allusion (Las Cartas, La Vigésimo Novena Carta, Novena Sección, Primera Alusión), Estambul: Sozler, 1997, pág. 518.

[20] Said Nursi, The Letters, Twenty-ninth Letter, Ninth Section, Third Allusion (Las Cartas, La Vigésimo Novena Carta, Novena Sección, Tercera Alusión), pág. 521.

[21] Fethullah Gülen, «Sufism and Its Origins» (“El Sufismo y Sus Orígenes”) The Fountain, Julio-Septiembre, 1999.

[22] Fethullah Gülen, «Key Concepts in the Practice of Sufism» (“Conceptos Clave en la Práctica del Sufismo”) pág. 190.

[23] Saritoprak, págs. 18-19.

[24] Fethullah Gülen, «Key Concepts in the Practice of Sufism» (“Conceptos Clave en la Práctica del Sufismo”), Izmir: Kaynak, 1997, pág. 2.

[25] Fethullah Gülen, «Sufism» (El Sufismo), traduc. Ali Unal, (Estambul: Fountain, 1999), pág. xiv.

[26] Fethullah Gülen, citado en Webb, pág. 103.

[27] Fethullah Gülen, «Towards the Lost Paradise» (Hacia el Paraíso Perdido), (Londres: Truestar, 1996), 11.

[28] Ibidem.

[29] Nilüfer Göle, «Ufuk Turu» (Estambul, 1996).

[30] Ibidem.

[31] Fethullah Gülen, Towards the Lost Paradise (Hacia el Paraíso Perdido), 72-73.

[32] Ibidem, pág. 71.

[33] Ibidem, pág. 70.

[34] Fethullah Gülen, «Understanding and Belief: the Essentials of Islamic Faith» (Entendimiento y Creencia: Fundamentos de la Fe Islámica) (Izmir: Kaynak, 1997), pág. 309.

[35] Fethullah Gülen, «The Relationship of Islam and Science and the Concept of Science» (La Relación del Islam con la Ciencia y el Concepto de Ciencia), The Fountain, Octubre-Diciembre, 1999.

[36] Ahmet Kuru, «Searching for a Middle Way between Modernity and Tradition: The Case of Fethullah Gülen» (Buscando un Punto Medio entre la Modernidad y la Tradición: El Caso de Fethullah Gülen), citado en M. Hakan Yavuz y John L. Esposito (editores), Turkish Islam and the Secular State: The Gülen Movement (El Islam Turco y el Estado Secular: El Movimiento Gülen). Syracuse: Syracuse University Press, 2003, pág.117. La cita de Kuru sobre Gülen es tomada de Fethullah Gülen, «Prophet Muhammad: The Infinite Light» (El Profeta Muhammed: La Luz Infinita), Londres: Truestar, 1995, págs. 200-201.

[37] Fethullah Gülen, «Towards the Lost Paradise» (Hacia el Paraíso Perdido), 71.

[38] Fethullah Gülen, «Sufism and Its Origins» (“El Sufismo y Sus Orígenes”), The Fountain, Julio-Septiembre, 1999.

[39] Fethullah Gülen, «Criteria or Lights of the Way», I (Criterio o Luces del Camino), (Izmir: Kaynak, 1998), 50.

[40] Fethullah Gülen, «The Concept of Science» (“El Concepto de Ciencia”)

[41] Bülent Aras y Omer Çaha, «Fethullah Gülen and His Liberal “Turkish Islam” Movement» (Fethullah Gülen y Su Liberal “Movimiento “Islam Turco”), Middle East Review of International Affairs Journal (Periódico de Análisis de los Asuntos Internacionales del Oriente Medio), Vol. 4, no. 4 (Diciembre 2000)

[42] Ibidem.

[43] Hasan Horkuc, «New Muslim Discourses on Pluralism in the Postmodern Age: Nursi on Religious Pluralism and Tolerance» (“Los Nuevos Discursos Musulmanes sobre el Pluralismo en la Era Postmoderna: Nursi en el Pluralismo y Tolerancia Religiosos”), American Journal of Islamic Social Sciences (Periódico Americano de Ciencias Islámicas Sociales), Primavera 2002, 19 (2), nota de pie de página 62.

[44] Citado en Mucahit Bilici, «Context, Identity and Representational Politics of the Fethullah Gülen Movement in Turkey» (El Contexto, Identidad y Representación del Movimiento Fethullah Gülen en Turquía), documento entregado al seminario “Modernidades Islámicas: Fethullah Gülen y el Islam Contemporáneo,” Georgetown University, 26-27 Abril 2001, un artículo no publicado, pág. 1.

[45] Thomas Michel, «Fethullah Gülen as Educator» (Fethullah Gülen como Educador), págs. 1-6

[46] Elisabeth Özdalga, «Entrepreneurs with a Mission: Turkish Islamists Building Schools along the Silk Road» (Empresarios con una Misión: Islamistas Turcos Construyendo Escuelas sobre el Camino de Seda), un documento no publicado entregado a la Conferencia Anual de la Asociación Norteamericana de Estudios sobre el Oriente Medio, Washington, D. C., noviembre 19-22, 1999.