lunes, 21 de diciembre de 2009

Navidad solar

Julius Evola

Sobre el plano espiritual, la doctrina de la raza deberí­a tener al menos, entre otros, dos resultados de una gran importancia. En primer lugar, provocando un retorno a los orí­genes, debería aclarar los significados mÃs profundos de la tradición y de los símbolos, oscurecidos en el curso de los milenios y que hoy no sobreviven sino fragmentados y bajo la forma de costumbres o fiestas convencionales. A continuación, la doctrina de la raza debería revivificar la concepción del mundo y de la naturaleza, limitar todo cuanto de racionalismo, de profano, de cientifista, y de fenomenológico, desde hace siglos, seduce al hombre occidental, pues todo ello está estrechamente relacionado. En cuanto al sentido viviente y espiritual de las cosas, de los fenómenos, encontraremos las mejores referencias en las concepciones solares y heroicas que son propias a las mÃs antiguas tradiciones arias.

Pocos sospechan hoy que estas fiestas aún celebradas en la época de los grandes rascacielos, la televisión, los grandes movimientos de masas en las ciudades, perpetúan una antiquísima Tradición, que nos refieren a los tiempos, donde, casi en el alba de la humanidad, se inicià el movimiento ascendente de la primera civilización aria. Una tradición en la que se expresa menos una creencia particular de los hombres que la gran voz de las mismas cosas.

A este respecto, es preciso decir, ante todo, que en el origen, la fecha de Navidad y la del principio de año, detalle generalmente ignorado, coincidí­an. Esta fecha no era arbitraria, sino que estaba en relación con un acontecimiento cósmico preciso: el solsticio de invierno. En efecto, el solsticio de invierno cae el 25 de diciembre, que posteriormente se convirtió en la fecha de Navidad pero que en el origen tení­a un significado especialmente "solar", y esto ya en la Roma antigua. La fecha del nacimiento, en Roma, era la del nuevo Sol, Dios invencible –Natalis Solis Invicti-. Con ella, dí­a del sol nuevo –Dies Solis Novien la época imperial comenzaba el año nuevo, el nuevo ciclo. Pero esta "Navidad Solar" de Roma en la época imperial, nos remite a su vez a una tradición mÃs antigua de origen
nórdico-ario. Por lo demÃs, el Sol, la divinidad solar, se menciona ya entre los dei indigetes. Las divinidades de los orí­genes romanos, herederas de ciclos de civilizaciones todaví­a mÃs antiguas. En realidad, la religión solar del período imperial, fue muy ampliamente recuperada, casi como un renacimiento, lamentablemente alterado por diferentes factores de descomposición, de la antigua herencia aria.

La prehistoria itÃlica pre-romana es por otra parte muy rica en rastros de cultos solares: carros solares, discos con radios, cruces de todos los tipos, sin exclusión de la svÃstica, grabadas, por ejemplo, sobre hachas arcaicas encontradas en el Piamonte y la Liguria. Se puede así­ constatar el paso, en Italia antigua, de una tradición que, desde la Edad de Piedra, deja, huellas idénticas a lo largo de los itinerarios de las grandes migraciones ariooccidentales y nórdico-arias. Sé­mbolos, signos, hierogramas, rudimentarias anotaciones de calendarios o de astrología, representaciones sobre vajillas, armas, ornamentos, enigmáticas disposiciones de piedras rituales o de cavernas; luego, mÃs tarde, ritos y mitos que sobrevivieron en las civilizaciones mÃs tardías. Si se estudian estos vestigios según los nuevos puntos de vista, propios a las investigaciones espirituales y raciales del
mundo de los orÃígenes, se encuentran testimonios concordantes y unívocos sobre la
presencia de un culto solar unitario, centro de la civilización de los pueblos arios primordiales, pero también de la importancia que tení­a la fecha "de Navidad" para ellos, es decir, de la fecha del solsticio de invierno, el 25 de diciembre.

Para evitar cualquier equí­voco en el espíritu de algunos lectores, subrayamos que cada vez que hablamos de un culto solar prehistórico, no entendemos una forma inferior de religión naturalista e idolatrica. Si es una fÃbula estúpida que la antigua humanidad y sobre todo la de la gran raza aria, divinizara supersticiosamente los fenómenos naturales, por el contrario, es del todo exacto que la Antiguedad concebía los fenómenos naturales, esencialmente como símbolos sensibles de albergar significaciones espirituales, es decir, mÃs o menos, como soportes ofrecidos a los sentidos, por la naturaleza, para presentir estos significados transcendentales. Quien haya podido decir en ocasiones que aquello
sucedià en otros troncos y en otros pueblos, podemos decirle, aunque ello no pruebe
nada, que el paso de ciertos cultos cristianos a formas supersticiosas, es bastante
frecuentes en algunas poblaciones incultas y fanÃticas.

Superada cualquier forma de malentendido, el significado simbólico de expresiones
arcaicas arias como "Luz de los hombres", o "Luz de los campos" (Landa Ljome)
aplicadas al sol quedan perfectamente claras. Se puede pues comprender que el curso
del sol a lo largo del año, con sus fases ascendentes y descendentes, se haya planteado en términos de un grandioso símbolo cósmico. En esta trayectoria, el solsticio de invierno constituye una especie de punto crítico, vivido en una perspectiva dramÃtica durante el período en que los arios originarios no habían abandonado aún las regiones, sobre las que se había abatido un clima ártico y la pesadilla de una larga noche. En estÃs condiciones el punto del solsticio de invierno -el mÃs bajo de la eclíptica- aparecía como aquel donde "la luz de la vida" parecía apagarse, desaparecer, precipitar en la tierra helada y desolada, en las aguas o en la sombra do los bosques, de donde, inmediatamente se eleva de nuevo desprendiendo una nueva claridad. Entonces, nace una nueva vida, se inicia un comienzo, se abre un nuevo ciclo. La "Luz de la vida" se vuelve a alumbrar. El "héroe solar" surge o renace de las aguas. MÃs allà de la oscuridad
y del frí­o mortal, se vive una nueva liberación. El Ãrbol simbólico del Mundo y de la vida se anima con nuevas fuerzas. Està en relación con todos estos significados que, ya en la época de la prehistoria, milenios antes de la era vulgar, un gran número de fiestas sagradas celebraron la fecha del 25 de diciembre, como fecha del nacimiento o renacimiento, en el mundo como en el hombre, de la fuerza solar.

Pocos saben que incluso el tradicional Ãrbol de Navidad, todavía en uso en numerosos países, pero relegado al papel de juguete para niños y de costumbre para las familias burguesas, es una supervivencia miserable de la antigua y severa tradición aria y nórdico solar. Este Ãrbol, siempre de la familia de las coníferas, semper virens, planta que no muere durante el invierno, reproduce el arcaico Ãrbol de la Vida o del Mundo que, en el solsticio de invierno, se ilumina de una nueva luz, expresada precisamente por las velas que lo decoran y que se alumbran en esa fecha. En cuanto a los regalos que se cargan en sus ramas -hoy simples regalos para niños- representan efectivamente el simbólico "don de la vida", propio de la fuerza solar que nace o renace. Pero el momento donde el semper virens (la planta que permanece verde y que no muere jamÃs) se renueva y se ilumina en el simbolismo primordial es id©ntico a aquel en el que el "héroe solar" surge de las aguas. Según un mito que se ha perpetuado hasta la Edad Media, tras haber jugado un papel importare en las leyendas relativas a Alejandro Magno, el Ãrbol Cósmico es también un Ãrbol Solar en relación estrecha con el llamado "Ãrbol del Imperio", Arbor Solis, Arbor Imperii.

Esto nos lleva a considerar otro aspecto interesante de estas tradiciones, que nos
permitirá referirnos más particularmente a la antigua romanidad. El mitraismo, o el culto a Mitra es la forma mÃs tardí­a asumida por la antigua religión ario-irania (mazdeí­smo) en una formulación particularmente adaptada a una mentalidad guerrera. Este culto se extendià en el Imperio romano; bajo Aureliano, la fecha de la "navidad solar" o solsticio de invierno, el 25 de diciembre, se identificaba con la del Natalis Invicti, es decir, con el nacimiento de Mitra considerado como un héroe solar.

A propósito del mitraísmo en Roma sería muy superficial por no decir equivocado, hablar sic et simplicer, de "importación" o de "influencias orientales". Oriente en aquella época era muy complejo, figuraban elementos muy heterogéneos, y entre ellos, indudablemente, algunos rasgos importantes y no corruptos de la mÃs antigua herencia espiritual de los pueblos arios e indo-europeos.

En cuanto a la relación que se estableció entre Mitra y la Navidad solar romana, un eminente estudioso confirmó pertinentemente que no constituía una alteración, sino mÃs bien una renovación del calendario romano según el antiguo aspecto astronómico y cósmico, que habí­a tenido en los tiempos primordiales de Rómulo y de Numa y que confería a las fiestas el significado de grandes símbolos en la coincidencia de sus fechas con las grandes épocas de la Vida del Mundo.

Tras lo cual, se vuelve importante examinar el atributo de Invictus-Aniketos, dado a
Mitra, al héroe solar en la nueva concepción romana. Es un atributo "triunfal". En las tradiciones ario-iranias originarias, y en las que les son próximas, es el atributo de cualquier naturaleza celeste y, en particular del sol (cuya luz triunfa sobre las tinieblas) fuerza urÃnica luminosa contra la cual las potencias de la noche y de la sombría tierra son importantes. Pero en Roma, vemos que el epíteto, Invictus, se convierte en el tí­tulo imperial de los Césares; y sabemos, por otra parte, que el mitraísmo era menos el culto a una divinidad abstracta que la voluntad de infundir a los iniciados, gracias a una cierta transformación de su naturaleza, la cualidad misma de Mitra. Lo que explica la tendencia a concebir simbólicamente y analógicamente el atributo solar, dotando de Él al hombre y haci©ndolo la marca y el tipo de un ideal superior de humanidad, es decir, de una suprahumanidad.

Al igual que el sol renace, eterna y victoriosamente de las tinieblas, igualmente una eterna victoria interior sobre la naturaleza mortal e instintiva se realiza en
el individuo que una virtud mística vuelve, en general, verdaderamente digno de la función regia, el jefe, el Dux. Es asi­ como Roma veneró a Mitra y en Mitra veneró al héroe solar, un fautor imperii y como se establecía una estrecha relación de simbolismo solar con las ideas de realeza y de Imperio, bajo su forma más elevada.

Tal relación un relieve particular en las tradiciones heroicas de los antiguos pueblos arios, como ya hemos dicho estudiando la doctrina mística de la "gloria". No deseando detenernos en ello, nos limitaremos a recordar la presencia de significados idénticos en la antigua Roma. La Victoria Caesaris, es decir, la fuerza triunfal mística simbolizada por una estatua que se transmití­a de un C©sar a otro, refleja exactamente las mÃs antiguas tradiciones ario-iranias de la realeza y del Hvareno; pues no olvidemos que el Hvareno equivalía a una misteriosa fuerza solar de invencibilidad y de gloria que investía a los jefes, haciendo algo más que simples mortales y testimoniando su victoria.

Una antigua efigie del Sol representa este dios simbólico con la mano derecha elevada en gesto "pontifical" de protección y la mano izquierda manteniendo un globo, sí­mbolo de la dominación universal. En otra representación, sin embargo, se puede ver a este Dios que transmite el globo al Emperador, junto a una inscripción refiri©ndose a la "solidaridad", a la estabilidad y al Imperium de Roma: SOL CONSERVATOR ORBIS, SOL DOMINUS ROMANI IMPERII. Otra medallón particularmente interesante lleva, en el anverso, la imagen del Emperador con la cabeza ceñida del semper virens, con el follaje siempre verde, mientras que el reverso representa al dios solar con el globo y además, una svÃstica (de lo que constatamos así la presencia igualmente en la Roma antigua de este símbolo) y la inscripción: SOLI INVICTO CONITI (al Dios solar, compañero invencible).

Otra imagen, conservada en el Museo del Capitolio, nos muestra la asociación del
sí­mbolo del Sol Sanctissimus con el Ãguila, el animal fatídico de Roma, del que se creía que portaba el espíritu y el alma de los Emperadores muertos lejos de la pira funeraria, hacia el cielo. No pensamos que sea casual afirmar que estos testimonios, que se podría multiplicar, nos hablan de un verdadero y real mandato divino solar, alma viviente de la función imperial de los C©sares que, para nosotros, en el mundo antiguo, fue una especie de última luz de significados arcaicos que se perdieron poco a poco.

En la antigua semana romana, el "Día del Sol", era el día del maestro, y este sentido se conservó en las épocas sucesivas bajo el vocablo domenica en italiano, sonntag en alemÃn o sunday en inglés para este día que festeja literalmente el "Día del Sol" reflejando así la antigua concepción solar aria. Algo de la sabiduría de los orígenes parece pues haberse conservado, de cierta manera, en la fiesta anual de Navidad, aunque la celebración del nuevo año se haya disociado. El simbolismo de la luz se ha conservado -y si recordamos también en el Evangelio de Juan se dice: "Erat Lux vera, quae illuminat omnem hominem venientem in hunc mundum"- así como el atributo de "gloria" que permanece posteriormente. En los monumentos del primer período romano el sí­mbolo solar está unido al de la cruz.

En la tradición aria y nórdico-aria y en Roma, el mismo tema tuvo un alcance no sólo religioso y místico, sino también sagrado, heroico y cósmico al mismo tiempo. Fue la tradición de un pueblo, a quien la naturaleza, la gran voz de las cosas hablaron de un misterio de resurrección, de nacimiento o de renacimiento de un principio no sólo de "luz" y de vida nueva, sino también de Imperium, en el sentido más alto y mÃs augusto de la palabra.

SIMBOLISMO DEL LOBO

© Ediciones Arché. Milán.
© por la traducción Ernesto Milà

I. EL CONDUCTOR DE ALMAS. TIR Y FENRIR. EL MITO ESCANDINAVO

"Los Ases educaron al Lobo (Fenrir); entre todos ellos, Tyr era el único lo suficientemente valiente para ir hasta él y darle de comer. Pero cuando los dioses vieron hasta que punto Fenrir crecía cada día y recordaron que todas las profecías supieron que estaba destinado a provocar su perdición; entonces fabricaron una cadena extremadamente fuerte para retenerlo" (3).
Así comienza este mito escandinavo. Los dioses intentaron contenerlo con cadenas, pero Fenrir las rompió. Los Ases utilizaron entonces una cadena mágica, "hecha de seis partes: ruidos de paso de gatos, barba de mujer, raíz de montañas, nervios de oso, aliento de pez y esputo de pájaros; (...) La cadena era lisa y dulce como un paño de seda, pero sólida y fuerte (...)"
Los dioses quisieron encadenar a Fenrir, a una isla llamada Gleipnir, pero el lobo desconfió. Exigió que, en prenda, uno de los Ases colocara la mano entre sus dientes: "Los Ases se miraron entre ellos; la petición era inesperado y nadie quería ceder su mano. Entonces, Tyr tendió la derecha y la colocó entre las mandíbulas del lobo. Cuando este las cerró, la trampa quedó tendida y contra más se movía, más se cerraba la presa. Entonces, los Ases estallaron en carcajadas, todos salvo Tyr: acababa de perder la mano". Gleipnir no se rompe más que en el “Ragna-rök”, el "destino de los dioses", también llamado "crepúsculo de los dioses". Fenrir se convierte entonces en el sepulcro de hombres y dioses. Este mito está ligado directamente al ocaso de un mundo, al fin de un ciclo.
Vamos a examinar, a continuación, la naturaleza y el papel de los dos protagonistas, Tyr y Fenrir, que nos permitirá comprender mejor el significado del mito.
”TIR”
La forma más habitual de su nombre es ”tiwas”. Procede del indo-europeo “deiwo”, o también “dyu”, que designa el cielo durante el día. De esta raíz han derivado particularmente: el dios védico Dyaus, el Cielo, el romano Júpiter, el griego Zeus, el término francés "dieu", "divino". La raíz “div” quiere decir también en sánscrito, "brillar". En Escandinavia, “tyr” equivale a "dios", su plural es “tivas”. Snorri Sturlesson presenta así a Tyr: "Es el más valiente y el más bravo y decide la victoria en los combates; los valientes lo invocan. Aquel que lucha con otros hombres y no retrocede jamás, es marcial como Tyr; también es sabio, de forma que se dice de quien es más sabio que los demás, que es sabio como Tyr" (4). Representa, igual y principalmente, la ley y la justicia. Los juramentos se hacen bajo su advocación, así como la celebración del Thing, que para los vikingos era, a la vez, el tribunal y la asamblea. Otro nombre de Tyr es Irmin, que procede de Irminsul, el árbol y el eje del mundo germánico. El Irminsul asegura la cohesión y el orden del Universo.
En sánscrito, “rito” –literalmente, "lo que está perfectamente ajustado"-, la ley, y “dharma” -"lo que mantiene las cosas en su lugar"-, expresan la misma idea. Este es el otro nombre de Tyr que representa la ley y el orden. Ocupa con Odín la primera función de la sociedad indogermánica, la sacerdotal y el ejercicio de la soberanía. Su sacrificio, narrado anteriormente, asegura, o más bien, salva, durante un tiempo, el orden del mundo. Por el contrario, la pérdida de una parte de su fuerza y de su pureza, perdiendo su brazo, es señal de desgracia para el conjunto de los dioses. Snorri afirma: "Desde entonces, Tyr ya no es llamado “saetir manna”, pacificador, conciliador de hombres".
La mitología escandinava cuenta otros mitos necesarios para la edificación y la estabilidad del mundo o episodios, como la muerte de Ymir, que provocan el odio destructor de los Gigantes. Este odio engendra las potencias que pondrán fin a este mismo mundo. La muerte acompaña la vida, la construcción llama a la destrucción. Los mismos dioses están atrapados por el Devenir y el Mundo. En este lugar el orden y el caos, el espíritu y la materia, se enfrentan y se mezclan. El más bravo y justo, Tyr, así como el símbolo mismo de la pureza, Balder, son los primeros afectados. Estas dos tragedias marcan el fin de la Edad de Oro. Una grandiosa batalla cierra el ciclo y es el punto de partida del “ragna-rök”, en curso del cual las fuerzas de la luz capitaneadas por Odín y las fuerzas tenebrosas conducidas por Loki y Fenrir, se matan entre sí.
Tyr lucha contra una hipóstasis del lobo, Garm, el perro de los Infiernos. Con su mano izquierda estrangula al monstruo, pero éste le hiere mortalmente. Así perecen, y se aniquilan, las representaciones del Cielo y de las Tinieblas durante la disolución del ciclo.


FENRIR Y LA EDAD DEL LOBO


El lobo Fenrir es hijo de Loki y de la giganta Angerboda. Su corazón, Hel, gobierna sobre el reino de los muertos. Su padre se muestra como un perpetuo instigador de conflictos, una fuente de problemas.
En su fuero interno, Loki detesta a los Ases e intenta destruirlos y perjudicarles constantemente. A causa de sus artimañas, muere Balder, representación de la Edad de Oro y, por tanto, de su exilio fuera de nuestro mundo. Así mismo, como hemos dicho, conduce a las fuerzas obscuras que disuelven el mundo.
Loki parece estar más próximo a los Gigantes que a los dioses. Los Gigantes, uno de los cuales es Fenrir, son fuerzas elementales. El “Völuspa” se inicia invocándolas: "Yo recuerdo a los Gigantes, nacidos en el origen". Estos, también son llamados Thursos, escarcha. Casi siempre residen en Jotumheim, se dice también de ellos que pueblan el Utgard, "Recinto exterior". Sueñan con invadir el Midgard, "Recinto Medio", donde viven los hombres, en cuyo centro reina el Asgard, "Recinto-de-los-Ases". Frecuentemente, son localizados en el Este del mundo. Esta orientación indica su anterioridad pues en el Este se asiste al nacimiento del Sol, al inicio de un ciclo, al comienzo del mundo.
Los Gigantes no son excesivamente malvados, los dioses los confunden a menudo mediante trampas y artificios, y ellos se muestran violentos. Sin embargo, algunos de entre ellos poseen una gran sabiduría y conservan la memoria de los orígenes. Así, Odín se enfrenta al gigante Vafthrudnir, cuyo nombre significa "Fuerte en la pelea".
Partiendo para esta lucha, confía en Frigg, su mujer:"Este es el antiguo saber que posee este muy sabio gigante". Los dioses descienden de los Gigantes, pero, sin embargo, representan otra generación, casi una mutación. La mitología griega comporta una evolución similar entre los Titanes, la primera generación de los dioses, nacidos de Urano y los Olímpicos descendientes de Zeus.
En ambas tradiciones, se producen numerosos conflictos entre los dos grupos. Según la tradición escandinava, los lobos son de la raza de los Gigantes; son llamados "corceles grises de la giganta". Para botar el barco fúnebre de Balder, los dioses piden la ayuda de la giganta Hyrrokkin que se desplaza cabalgando sobre un lobo. En el “Gylfaginning”, a propósito de Skoll y de Hati, lobos que perseguían respectivamente al Sol y a la Luna, se dice: "Hay una giganta que vive al Este del Mitgard, en un bosque que se llama Jarnvid ("Bosque de hierro") (...). Esta vieja giganta engendra muchos hijos de gigantes, todos bajo forma de lobos, y de allí proceden todos los lobos". El “Völuspa” evoca algo parecido:
"En el Este se establece la anciana
En el bosque de Hierro
Allí criaba a la raza de Fenrir (...)".
Los lobos, con Fenrir a la cabeza, representan la venganza de los gigantes, su voluntad de destruir el mundo que se ha construido a sus expensas. El “Völuspa” los contempla así:
"Ella chapoteó
En los ríos caudalosos
A hombres perjuros
Y lobos criminales (...)
El lobo despedazaba a los hombres (...)
Los monstruos viajaban
Todos con el Lobo (...)".
"La bestia va a saltar" no cesa de repetir el “Volpa” (viajante), en el “Völuspa”; tal es su descripción en el período que precede al “ragna-rök”. El desorden, el odio, la maldad, las traiciones, la violencia, el caos, invaden el mundo: "Los hermanos combatían entre ellos y se daban muerte unos a otros. Los padres mancillaban su propio linaje; tiempos rudos en el mundo, adulterio universal, tiempos de hachas, tiempos de espadas, los escudos están en alto, tiempos de tempestades, tiempos de lobos, antes que el mundo se hunda: nadie perdonará a nadie". En consecuencia: "(...) todos los lazos se romperán y serán arrancados". Entonces, sobrevendrá el momento temido desde hace mucho tiempo: "El lobo Fenrir se liberará". Entonces devorará al mundo: "El lobo Fenrir, abriendo las mandíbulas, apoya la inferior contra la Tierra, la superior contra el Cielo. Las abriría aún más si tuviera espacio. El fuego sobresale de sus ojos y de su ocico". En el Asgard, se aprestan para el combate: "(...) Heimdal, se alza con todas sus fuerzas en Gjallarhorn. Llama a todos los dioses y celebran un consejo". Todos los dioses, salvo Loki que dirige las fuerzas enemigas, acompañados por los héroes muertos con las armas en la mano, van al combate final: "A la cabeza, cabalga Odín, con yelmo de oro y hermosa cota de malla, con su lanza que llama Gungnir ("estremecedora"). Se dirige al encuentro del lobo Fenrir". El lobo devora a Odín. Durante un instante, podría creerse que el mundo es definitivamente conquistado por las tinieblas y el caos: "Pero acto seguido, Vidar se precipita y aplasta de una patada la mandíbula inferior del lobo. En ese pié lleva el calzado que, desde siempre, los tiempos han fabricado (...). Con una mano agarra el maxilar superior del lobo y le arranca la mandíbula: es la muerte de Fenrir". Los dos ejércitos se aniquilan: Odín y Fenrir, Tyr y Garm, Heimdal y Loki, Thor y Jormungandr, la serpiente gigante hermana de Fenrir. Los hijos de los dioses sobreviven. Una nueva generación, hipóstasis de la precedente toma el relevo. Un nuevo mundo empieza.
El Sol, justo antes de ser tragado por el lobo Skoll, da nacimiento a otro sol que le sucede. Balder, la Edad de Oro, vuelve entre los vivos
* * *
El lobo simboliza pues, en la tradición escandinava, las fuerzas oscuras, elementales, que se infiltran y corrompen, hasta disolver el mundo.
Con las diferentes partes del cuerpo de Ymir, antepasado de los Gigantes, los dioses construyen el mundo. Los Gigantes representan a las fuerzas naturales, y, por tanto, a la materia. Son diferentes elementos que, con el paso del tiempo, involucionan y se hunden. En suma, el mundo muere de sí mismo, por sí mismo; las potencias fundadoras son también las que matan. Lo que da la vida, da igualmente la muerte, a continuación. La tradición hindú representa esta noción mediante Shiva que personaliza, entre otras, la construcción y la destrucción. Se trata de una ley fundamental de lo que los hindúes llaman “maya”, a la vez la materia, la forma, la potencia y la ilusión, el mundo. La única posibilidad de escapar a este ciclo es unirse al Uno, el Espíritu, lo Eterno, más allá de la vida y de la muerte. A continuación veremos, que es el mismo lobo quien conduce también a la liberación.
El otro punto, directamente relacionado a lo que precede, que nos parece importante precisar aquí, se refiere al crecimiento constante, inversamente proporcional a la involución cíclica, de Fenrir. Cada día el lobo crece, amenaza primero al mundo, hasta convertirse en gigantesco. Este proceso parece inevitable.
Finalmente, con el paso del tiempo esta potencia devastadora se convierte en un peligro cada vez más preocupante, que, finalmente, será mortal. Sin embargo, nada puede destruir a Fenrir o a Loki, ni siquiera la idea misma es evocada en lugar alguno. Solamente Thor amenaza con matar a Loki en el curso de una disputa y afronta a la serpiente gigante Jormungandr; sin éxito pues su auxiliar se atemoriza. La única defensa, provisional que utilizan los dioses consiste en aislar a Fenrir y a Loki, encadenándolos. Esto, por lo demás, no detiene la involución; otras fuerzas disolventes están en marcha en el mundo, como los lobos Skoll y Hati, Jormungandr, los gigantes, etc. Sin embargo, hasta el desencadenamiento de Loki y Fenrir, que tañen las campanas fúnebres del mundo, una relativa estabilidad es preservada.
Sin embargo, el elemento decisivo viene del mundo de los hombres. En efecto, además de las anomalías cósmicas (ausencia de sol, tres inviernos que se suceden), lo que caracteriza a esta edad, son las guerras fratricidas, el deshonor, el afán mortífero de lucro, las ambiciones, que desgarran el mundo de los hombres. Estos últimos, tienen una responsabilidad determinante en el desencadenamiento catastrófico de las fuerzas obscuras. Pues, finalmente, si los dioses y los hombres no pueden destruir a Fenrir, es precisamente porque se encuentra entre ellos y crece con ellos. Son ellos quienes lo alimentan. El matar equivaldría para ellos, a matarse, o a transformarse. Es particulamente notable que aquel que destruye a Fenrir, Vidar, vive en el bosque, representa el mundo virgen, no corrupto, original, al margen del resto de dioses. Se le llama el silencioso.
Fenrir es inherente al mundo. Su pareja en el mundo escandinavo, es el cordero. El uno no puede encontrarse nunca sin el otro. Ambos presentan los dos aspectos extremos de la realidad terrestre. Es por ello que en el Paraíso, el lobo cohabita pacíficamente con el cordero, ambos no forman más que uno: "El lobo vive con el cordero, la pantera se acuesta cerca de la cabra, buey y león pacen juntos bajo la mirada de un niño" (Isaías, XI, 6).
La Edad del Lobo, es el equivalente escandinavo de la Edad de Hierro griega, del “kali-yuga”, la edad de los conflictos hindú, la última edad (5), aquella en las que ciertas características del lobo son los valores, implícitos o explícitos, que dominan el mundo, en particular: la voracidad, es decir, la bulimia de materia, la inestabilidad, el individualismo.
”LA MANDIBULA DE LOS INFIERNOS”
Garm, hipóstasis de Fenrir, es el guardián de los Infiernos. Fenrir, con las mandíbulas abiertas, devora al mundo. Estas dos imágenes muestran claramente que el lobo representa a los Infiernos bajo su aspecto dinámico, conquistador.
La asociación del lobo y de los Infiernos, se encuentra también en la mitología griega. La loba de Mormolycé, con la que se amenazaba a los jóvenes disipados en la Antigüedad, fue, se dice, la nodriza de Aqueronte, uno de los ríos que rodean los Infiernos. Hades, dios de los muertos, dueño de los reinos subterráneos, se reviste en ocasiones con un manto de piel de lobo. Según los etruscos, el dios de los difuntos posee orejas de lobo.
La Edad Media, fue más categórica. Pierre de Beauvais, a principios del siglo XII, escribe en su “Bestiario”: "El lobo representa al Diablo, pues éste experimenta constantemente odio por la especie humana y merodea en torno a los pensamientos de los fieles afín de hacer extraviar sus almas".
El lobo, gran carnicero, devora la materia, el mundo. Pero, como él mismo, es el mundo, quien se autodevora. La historia de Lycaon, en la mitología griega, es, a este respecto, significativa. Este rey ofrece a Zeus la carne de su hijo menor, Arcan según otras versiones. El dueño del Olimpo, indignado, transforma entonces a Lycaon en lobo.
Es pues, aquel que destruye su propia sangre, destruye su propia carne. Al igual que el mundo, cuando inicia su involución, se autodestruye poco a poco.
La transformación de Lycaon en lobo se inicia a final de la edad de bronce. A ella sigue el diluvio de Deucalión y, en consecuencia, el fin de un mundo. Esto coincide con la idea de que el lobo es una maldición enviada por Dios para castigar a los hombres. Jeremías (V), clama a quienes han abandonado a Dios y la "Vía de Yavhé": "(...) ellos también habían roto el yugo y cortado los lazos. Por ello el león del bosque los atacó, el lobo de las estepas los persigue, la pantera está al acecho ante sus ciudades: quien sale de ellas es descuartizado. Sus pecados son numerosos, múltiples en sus rebeliones".
Calamidad que tiene también como finalidad obligar a los hombres, una vez ha terminado la Edad de Oro, a ser vigilantes y a no relajar sus esfuerzos. Virgilio, en “Las Geórgicas”, se hace eco de ello: "Es él (Júpiter) quien da sus perniciosos virus a las negras serpientes, que manda a los lobos vivir de sus rapiñas, a la mar agitarse (...); su fin era, ejerciendo la necesidad, crear poco a poco, las diferentes artes, hacer buscar en los surcos la hierba de trigo y extraer del seno de guijarro el fuego que encierra".
Una leyenda bretona afirma igualmente: "Dios, viendo que los pastores no guardaban a los corderos y les dejaban devorar el trigo, golpea con un pié una mota de tierra y hace nacer al lobo".
Esta idea de castigo divino es recuperada por Habert en el siglo XVII: "Rigurosos castigos, castigos celestes. La ira del Gran Dios se manifiesta, ya que permite a los lobos, atacar al hombre, Rey de todos los animales sometidos bajo su ley".
* * *
El lobo representa a las fuerzas elementales en libertad, dominarlo equivale a que el espíritu domine al mundo, el perpetuo cambio, las fuerzas de "lo bajo". En Occidente las conversiones de lobos en animales santos expresan esta idea. En Europa son numerosos los mitos fundacionales cristianos que oponen santos a lobos, en ocasiones a serpientes como en la isla de Lerins, o de los dragones. Así, san Columbano, cuando funda el monasterio de Luxeuil en el siglo VI, debió afrontar un camino infestado de lobos. Sin embargo, a diferencia del dragón, que es preciso matar, el lobo puede ser dominado, convertido.
A principios de la Edad Media, hay una alusión al conflicto entre el cristianismo y el paganismo. El lobo, en esta óptica, representa los residuos de las religiones europeas precristianas.
La nueva creencia debe combatirlas para impulsar un nuevo ciclo. Esta lucha remite, igualmente, a los enfrentamientos cósmicos entre el Sol y las Tinieblas, frecuentemente imaginadas por el combate entre un dios, o un enviado de Dios y un monstruo. Es preciso también ver la purificación de un espacio que se convierte en sagrado, es decir, que el lazo con el Cielo y con el Centro, se ha restablecido. Esto pasa por la eliminación de las fuerzas oscuras que habían tomado el control a favor de un involución. Sin embargo, se trata de un restablecimiento del espíritu sobre la materia, no de la destrucción de esta. La materia permanece, pero transformada, regenerada. En el período en cuestión, el Cristianismo debía operar una simbiosis con los cultos anteriores. De ahí resultó el catolicismo medieval. Los lobos que trabajan, o transportan diferentes cargas, a cuenta de un santo, son otras tantas lustraciones de esta transformación. En ocasiones, un lobo toma el lugar de un asno, como sucede con el de San Austraberto o de San Maló. El asno simboliza las potencias de lo bajo. Por ello se sacrificaba el asno a Apolo. En el “Kalki-Pirôna”, sirve de montura a la personificación de “kali-yuga”. Tomar su lugar equivale a asumir una parte de su significado simbólico.
El lobo convertido en divino, en las leyendas, pasa a ser un servidor ejemplar de Dios. Así sucede con el célebre lobo de Gubbio que San Francisco de Asis volvió dulce y servicial. Los lobos acuden en ayuda de los santos, como san Deodato, san Florentino o San Odón.
* * *
El fin de un ciclo, la muerte, la disolución, aportadas por el lobo no significan extinción. El Infierno puede no ser más que un tránsito, una “obra al negro”. La muerte puede preludiar a otra vida.
La primavera sucede al invierno, el sol victorioso al sol oculto. Las mandíbulas del lobo sirven como puerta. Abren, ya sea hacia el hundimiento en la materia y las formas, o hacia una vida diferente, para el ser.

II. “EL LOBO Y LA RENOVACION DEL MUNDO”
El episodio en el que Fenrir engulle a Odín, puede parecer paradójico. En efecto, Odín reina entre los lobos. Siempre en sus flancos, los lobos Geri, "Glotón", y Fleki, "Voraz", se alimentan con los restos que el dios tuerto les da. Inspira los “ulfhednar”, los "hombres-lobo", sobre los cuales volveremos más adelante.
Odín controla a sus lobos. Le son devotos y fieles. Tienen su lugar en el orden establecido desde el inicio del ciclo. Sin embargo, Odín, dios-lobo, es también “Ulfs bagi”, "enemigo del Lobo". Este pone fin a sus días. Hasta el ataque funesto de Fenrir y de los suyos, hay acuerdo entre las diferentes partes que componen el mundo. Este posee una ley, vías, un sentido. El espíritu domina la materia, la modela, la dirige, al igual que los lobos son vasallos de Odín. El hijo de Loki, devorando al "dios de los lazos", disuelve este orden. Cuando Odín y Fenrir mueren, el mundo, purificado hasta el límite, vuelve a cero. Solo permanecen los gérmenes de vida.
El invierno es el período durante el cual el mundo se renueva. El punto culminante de esta renovación es el 21 de diciembre, día del solsticio de invierno, noche más larga del año. El Sol parece definitivamente vencido. Sin embargo, a partir de esta fecha, reaparece cada día más y triunfa poco a poco sobre la oscuridad.
El 21 de marzo, equinoccio de primavera, el astro de luz toma una ventaja decisiva. Los días se vuelven más largos que las noches. La Tierra parece revivir. La naturaleza es, de nuevo, prolífica. El Sol ha vencido.
Al invierno corresponde, como orientación simbólica, el Norte; a la primavera, el Este; al verano, el Sur; al otoño, el Oeste. El Este, "Tierra de las auroras", abriga el Conocimiento, la Edad de Oro, el Paraíso se sitúa frecuentemente ahí.
El Sur, el verano, es el lugar de la plenitud, de la mayor riqueza, de la prosperidad. Sin embargo, la oscuridad lanza y recupera la ventaja en un mundo que, enervado por esta hermosa estación, olvida la luz de los orígenes. El Oeste, el otoño, evoca la agonía, la descomposición, luego, en el límite del invierno, la disolución, la última batalla.
El mundo que muere ha sido condenado por sus propias culpas. Es él mismo quien engendra al lobo encargado de devorarlo. Su decadencia provoca su pérdida, el lobo representa el choque con retroceso, entraña el nacimiento de un mundo nuevo, lavado de todas las manchas del presente. Como escribe Montherlant, en “El Treceavo César”, "(...) quien ha abierto las alcantarillas, perecerá por las alcantarillas". Todo mundo corrupto llama al lobo, aquel que viene a cauterizar el mal por el mal. Él mismo se infringe esta terrible justicia.
Si hemos indicado las correspondencias entre las estaciones, los puntos cardinales y las edades de un ciclo, es en la medida en que el lobo es un animal ligado, frecuentemente, con el Norte y el invierno. En Alemania del Sur, el antiguo nombre del mes de diciembre es “wolfsmond”, "mes del lobo". En la Grecia antigua, el lobo se encuentra asociado a Capricornio, signo zodiacal que cubre el primer tercio del invierno (6). Tal como expone Mircea Eliade (7): "La experiencia fundamental es provocada por el encuentro con los muertos que, sobre todo en las proximidades del solsticio de invierno, vuelven sobre la tierra. El invierno es también la estación en la que los iniciados se transforman en lobos". El invierno es un período oscuro. Igualmente, cuando el lobo devora a un ser, como la muerte de Odín, acarrean una caída en las tinieblas.
Un himno del “Rig-Veda” refiere que los Ashvins, gemelos, han arrancado una codorniz de la mandíbula de un lobo. La codorniz se identifica con la luz y la primavera. Cuando el lobo se la pone en su mandíbula, la luz sufre un eclipse. Su liberación anuncia la primavera. En su ira hacia Lycaon, Zeus no perdona más que a uno de sus numerosos hijos, Nyctimos. Bajo el reino de éste tuvo lugar el diluvio de Deucalión. Su nombre procede del griego “nuktos”, "noche". En consecuencia, le es asociada la idea de oscuridad. En la tradición china igualmente, el lobo corresponde al Norte y al invierno.
El “Grimnismal”, texto escandinavo, indica en una descripción del Walhalla: "Un lobo ante la puerta mira al oeste, un águila mira por debajo". Más adelante volveremos a esta asociación entre el águila y el lobo. Interesa aquí señalar la situación del lobo: en la puerta del oeste. Parece guardarla. Efectivamente, a partir del Oeste, empiezan sus dominios, es decir a partir del otoño, cuando el mundo se disuelve. Entonces el lobo gigante retuerce su hocico y muestra sus colmillos. El fin no está lejos.
EL CONDUCTOR DE ALMAS
Mediante la destrucción que opera el lobo, provoca también una metamorfosis, el tránsito de un estado a otro. No es el único en hacerlo en el bestiario simbólico. En Occidente, el león, tiene igualmente este papel de guardián del umbral y de animal psicopómpico, es decir, conductor de almas, al igual que los diferentes monstruos antropófagos omnipresentes en la escultura romana.
En el capítulo precedente, hemos evocado este papel del lobo en el macrocosmos. Aquí, nos ocupamos del microcosmos, del hombre. Pero como, según la enseñanza de Hermes Trimegistro, "lo que está arriba es como lo que está abajo", encontramos, en otra escala, la misma ley.
Tal como hemos descrito precedentemente, el lobo no es sólo un destructor, sino también, en otra vertiente, un conductor. Lleva al Uno a aquel que se muestra digno. Lo que parece ser la nada, la muerte y que puede serlo efectivamente, se abre, tras un período oscuro de transición, sobre otra vida.
Hasta entonces hemos asociado al lobo con las tinieblas. Sin embargo, podemos igualmente hacerlo con la luz. Esto responde a la dualidad propia de este animal. En efecto, está frecuentemente relacionado con divinidades luminosas como Apolo, llamado “lukogenès”, "nacido del lobo". Zeus es llamado en ocasiones “lukios”, "con forma de lobo". La palabra griega que designaba al lobo, “lukos”, está muy próxima a “lyké”, "luz".
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Un canto fúnebre rumano recomienda: "Aparecerá aquel lobo ante ti (...) Tómale como tu hermano pues el lobo conoce el orden de los bosques (...) Te conducirá por el camino llano hacia un hijo de Rey, hacia el Paraíso".
El Paraíso es el lugar de la unión con el Uno. El hijo del Rey es el creador de nuestro mundo, la emanación del Uno, su "puerta". Su camino llano remite a lo plano que simboliza nuestro mundo, por su horizontalidad, pero también el Otro Mundo, en la tradición céltica. Expresa igualmente la idea de espacio ilimitado. Por orden de los bosques, es preciso entender aquí el conocimiento de los laberintos. En suma, el lobo conoce el camino que lleva del laberinto de nuestro mundo a la luz eterna.
Se asegura que el lobo puede ver en la noche y posee una mirada que percibe las tinieblas. Según una creencia, el anillo de Saint Loup, cura la ceguera. San Hervé, ciego, fue guiado por un lobo. En la tradición egipcia, Oupouaout, "el que desbroza caminos", o también "el que abre los caminos", dios lobo, guía el barco del Sol en su peligrosa travesía nocturna. Citemos también, en la misma tradición, a Anubis, dios con la cabeza de chacal, perro o lobo, que conduce las almas en el reino de los muertos. Es, igualmente, el "señor de la Necrópolis", el que la guarda. Pesa los corazones y, de alguna manera, la autenticidad de las almas; por tanto, decide su destino “post mortem”. Habitualmente, era llamado "portero del Hades", lo que evoca a Garm y a Cervero. En ocasiones fue asimilado a Horus, el Sol espiritual, lo que no deja de recordar la asociación del lobo con Apolo.
En una leyenda turca, un lobo-guía, nacido de la luz, interviene así ante Oghuz, ancestro de los Seléucidas y de los Otomanos: "(...) cuando despunta el día, en la tienda de Oghuz kaghan, entra una luz como el Sol. De esta luz sale un gran lobo de pelaje y crines azules. Este lobo permanece ante Oghuz kaghan y se dirige a él (...) Oghuz, yo, voy a marchar ante ti".
”EL LOBO Y EL AGUILA”
El lobo representa la fuerza mal contenida, irracional, impulsiva. En clave iniciática, corresponde a la toma de posesión de una fuerza cuyo empleo puede ser, tanto destructora, como constructora.
Aquel que dispone de ella, debe canalizarla y dirigirla. Esta fuerza puede volverse contra quien la utiliza, pudiéndolo destrozarlo o cabalgarlo. Permanece a sus lados como una amenaza constante, un arma de doble filo. Evola (8), contemplando esta situación, advierte: "En un solo instante disminuye de intensidad la tensión, gracias a la cual un poder es atraído hacia un hombre y le obedece, en el instante mismo este poder lo desborda y arrastra en el seno de la corriente vertiginosa de las "aguas"".
Esto vale para quienes pretenden utilizar la fuerza inconmensurable del lobo. Aquí reside la tentación titánica consistente en utilizar esta potencia con fines no espirituales, por razones individuales, materiales o colectivas. En este caso, esta fuerza se apropia de ellos, así la caída y la destrucción comienzan.
Evola, en otra obra (9), analiza la naturaleza simbólica del lobo y del águila. La primera está ligada al mundo, hereda su ambivalencia. Caracteriza la función guerrera y sus dos orientaciones posibles: caballeresca o titánica. El águila es, por otra parte, un ave, que escapa a la atracción terrestre y, así, se sitúa como intermediaria entre la Tierra y el Cielo. Por otra parte, contempla e incluso fija, al Sol que percibe directamente, en todo su esplendor. Simboliza la soberanía, la autoridad del Centro. Por ello, Evola habla de "someter el lobo al águila", pues: "El águila es el símbolo de una naturaleza real que, por sus propias fuerzas, sabe elevarse más allá de la Tierra hasta fijar al Sol -según la antigua creencia".
Mientras, el lobo permanece como "un rebelde que tiene el poder de arrastrar, pero no de construir". Igualmente, opone su "potencia transitoria" a la "potencia eterna" del águila. Da como ejemplo a Rómulo que habría realizado una: "(...) transfiguración en lo sagrado de un principio simplemente viril y guerrero (lobo); una compenetración -si se puede decir- del principio desencadenado de Marte, dios de la guerra y de la serenidad solar y dominadora de Apolo".
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Todo es interesa recordarlo, especialmente a la hora de interpretar el simbolismo guerrero del lobo. Si bien conduce, escolta, es decir, protege en el curso de un desplazamiento peligroso, no da la dirección para ello. El lobo tiene necesidad de ser dirigido y sobre todo orientado hacia el polo espiritual, el que dispensa una fuerza positiva, constructora. Aquel que es lobo, o que marcha a su lado, tendido hacia el Uno, de forma auténtica, irradia pureza. Sino, el lobo no dejará de devorarlo.

III. VIRILIDAD Y FECUNDIDAD
Casi en oposición a su carácter destructor, el lobo simboliza igualmente la fecundidad; esto equivale casi a engendrar antes que a construir, pues no en vano el nacimiento supone una etapa anterior de la edificación. Es una venida al mundo y no una estructuración. Esta última etapa exige cualidades que el lobo no posee. Este impulsa, da la fuerza, es decir la materia, pero debe someterse a un principio superior a fin de que su intervención se convierta en verdaderamente positiva, para que se oriente hacia lo alto. Este principio, eje y polo, toma, particularmente, la forma del águila tal como hemos evocado en el capítulo precedente.
En Europa, son principalmente los lobos quienes ilustran este aspecto. En efecto, el ejemplo más conocido es el de la loba que alimenta a Rómulo, fundador de Roma, y Remo. En la mitología griega, Leto se transforma en lobo antes del nacimiento de Artemis y Apolo. Por el contrario, entre los demás pueblos e incluso entre los romanos y griegos, un lobo interviene virilmente en el origen.
La idea inicial es la misma. Procede del mundo indo-europeo. Sin embargo, cuando se trata de una loba, el principio masculino está siempre presente bajo la forma de un pájaro, sustituto, en este caso, del lobo. Así, un pico-verde, pájaro profético consagrado a Marte, ayuda a la loba a alimentar a Rómulo y Remo y los protege por igual. El lobo estaba consagrado igualmente a Marte, dios de la guerra. Su madre, Rea Silva, evoca a Rhea, la esposa de Knosos o Saturno, que los romanos han transformado en Cibeles, o también en Hécate que se convierte en ocasiones en loba como la diosa irlandesa Morrigan. Se encuentra, en consecuencia, una pareja lobo-loba. El mito griego parece similar. En efecto, hemos señalado que Zeus, padre de Apolo y de Artemis, era llamado en ocasiones “lukios”, "en forma de lobo". Durante el nacimiento de Apolo, un grupo de cisnes se manifiesta y rodea la isla luego conduce al dios a Hiperborea. Bajo la forma de un cisne, Zeus se une a Leda, madre de los Dióscuros, Castor y Pólux, a los cuales se parecen mucho los gemelos romanos. Según las leyendas relativas a Merlín, este fué engendrado por un pájaro, luego bautizado por el eremita Bleiz, "Lobo", el cual vivía retirado en el bosque en compañía de un lobo gris. El encantador adoptaba, según se dice, en ocasiones, la apariencia de un lobo. La tradición turca refiere que K’uon-mo, rey de los Wou-Suen, abandonado tras su nacimiento, fué alimentado por una loba y un cuervo. En Europa, el cuervo es, de una parte, el mensajero del Sol y de los dioses. Los cuervos de Odín, él mismo “hrafnagud”, "dios de los cuervos", se llaman Hugin, "Pensado" y Munin, "Memoria".
Viajan por el mundo por el dios tuerto y le refieren lo que han visto y oído. Helios envía un cuervo a Mithra para encaerarle matar a un toro. En el mitreanum de San Prisco, una inscripción dice: "Salud para los cuervos, protegidos de Mercurio", este último era el mensajero de los dioses. El cuervo estuvo asociado a Apolo, al dios celta Lug, a la diosa irlandesa Bodb, a Apolo, uno de los nombres de Morrigan, en esta tradición, poseer "la sabiduría del cuervo" quiere decir el conocimiento supremo. Esto nos introduce al segundo punto aquí desarrollado, relacionado con el color negro del cuervo. Este simboliza las tinieblas primordiales, la indiferenciación original, anteriores a la Creación. Evoca también la noche, la obra al negro, la muerte transitoria que precede y permite, el nacimiento del nuevo sol. Por otra parte, cuervo era el nombre del primer grado de la iniciación en los misterios de Mithra. Así el Cielo, viril, está presente a través del pájaro. El cisne y el cuervo refuerzan la idea de inicio.
Hemos citado a Rómulo y Remo, y a Apolo como ejemplos. No son los únicos. Miletos, héroe epónimo y fundador de la ciudad de Mileto Asia Menor, hijo de Apolo según las leyendas, fué alimentado, en suprimera infancia, por una loba. La historia de Lycastos y Parhasios, fundador de la ciudad arcadia Parhasia, está quizás inspirada por la de Romulo y su hermano. Ellos también fueron recogidos por una loba. Según Plutarco, Ares sería el padre de dos gemelos, recordemos que es igualmente el de los gemelos romanos.
Otras versiones atribuyen la paternidad a Zeus. Uno de los primeros santos irlandeses, San Aislbe, nacido de la segunda función, fué, según una leyenda, amamantado por un loba.
”EL LOBO Y LA BICHA”
Gengis-Khan pretendía descender de un lobo azul, Börte Tchino, que se habría unido a una fiera salvaje, Ko’ai Maral. La morada de este lobo, representación del principio masculino, se encuentra en el Cielo y la luz. Los pueblos uralo-altaicos tienen una veneración por el Cielo donde reside el Soberano Supremo. "(...) el rayo del Cielo es un lobo azul, se dice en Turquía, lobo celeste de una virilidad acerada que atraviesa a la fiera de la Tierra, y la semilla para que dé a luz a los héroes, conquistadores, rudos jefes armados con vigor sobrehumano hasta los ojos de acero enrojecido" (10). La comparación del lobo y del rayo no deja de tener interés. Por excelencia el arma del Cielo, el rayo, castiga o insemina.
Establece un lazo entre el Cielo y la Tierra. El "cuchillo que atraviesa a la fiera" no deja de lugar a dudas en cuanto a su naturaleza viril e ígnea. La leyenda siguiente, parecida a la que narra los orígenes del linaje de los Gengiskhánidas, fué recogida en el siglo XVIII por Abu’l Ghazi Bahadur Khan, historiador y jefe turco del Khrezm en el Turquestán occidental. Ilustra la asociación de la luz celeste y de la fecundidad. Alan Ko’a es la mujer de Dobun Mergen, el cual desciende del Börte Tchino y de Ko’ai Maral. Esta leyenda renueva el mito fundador del linaje: "Una mañana, en el momento en que el día iba a ponerse, Alan Ko’a fué despertado por un rayo de luz que penetró en su tienda por la apertura superior. Vio un hombre de rostro blanco y con los ojos azules oscuros salir de este rayo de luz y descender hacia ella. Se aproximó a ella y usó de los derechos de un esposo, luego se fue pasando a través de la misma abertura. Este hombre volvió una vez más. Sin embargo, desde la primera noche, Alan Ko’a llevaba en su seno un recuerdo de esta unión". El color azul indica el origen celeste. Los turcos, así como los mongoles, se refieren a “kök tengri”, el "cielo azul", a la vez “möngke”, "eterno", “dere”, "supremo", y “kötch”, "poderoso". Los primeros se calificaban de "turcos azules", los segundos de "mongoles azules". La bicha simboliza el principio femenino. En la mitología griega, es consagrada a Hera, la Tierra y a Artemisa, que la caza o se sirve de ella para tirar de su cuadriga. Además de la gracia y la belleza, la bicha evoca la virginidad y la pureza, Ko’ai Maral es llamada en ocasiones como si fuera blanca. El otro color que es el más frecuentemente atribuido a esta última, la fiera, pone el énfasis sobre su equivalencia con la Tierra. Una creencia Anatolia quiere que cuando una bicha se sitúa bajo una luz sobrenatural ilumina a la Tierra.
Tenemos aquí, pues, un mito auroral similar a la hierogamia primordial, le fecundación de la “materia prima” por el Espíritu divino. El mito fundador de las Gengiskhánidas comporta tres indicaciones que confirman esto. Primeramente, una versión precisa que el lobo atraviesa el mar. Lo que equivale al enfriamiento de las "Tinieblas invernales" (11). En Extremo-Oriente, el elemento correspondiente al invierno es el agua. Esta es colocada en paralelo con todas las leyendas relativas a una navegación que tenga como fin abordar una isla, o una tierra maravillosa, donde la Edad de Oro está preservada. Luego, se señala que el lobo se dirigía hacia el norte, dirección del origen, del tránsito de la Tierra al Cielo. En fin, el relato afirma que el hijo nacido de esta unión nace cerca de la fuente del río Onon. Aquí también, la idea del inicio es expresada.
Los ríos fueron en ocasiones divinizados, nacidos de una misma fuente, que tiene su origen en el Paraíso. El Ganges procede del monte Meru, montaña polar, eje del mundo, donde posee su fuente terrestre, incluso alimentada por el Ganges celeste nacido de la estrella Polar, es decir, por significación simbólica, del polo espiritual, Dios. En otras leyendas altaicas, una loba salva y alimenta al ancestro de un pueblo, el cual, en ocasiones, se une a ella. El hombre y el animal se refugian en una caverna. Esta representa la matriz, la oscuridad primordial, el nuevo sol, aun en germen, se desarrolla. El lazo entre Artemis y la bicha no deja de tener interés. En efecto, siendo hermana de Apolo, y asociado él a su vez al lobo, este funda una pareja lobo-bicha en la Grecia antigua, parecida a Börne Tchino y Ko’ai Maral. La bicha se relaciona igualmente con el Norte; en consecuencia, encarna la pureza original. Para capturar la bicha de Cerynia consagrada a Artemisa, Hércules, según Píndaro, se desplaza a Hiperbórea. Según Calímaco, la hermana de Apolo le habría encontrado en el momento de partir, con otros cuatro, sobre el monte Liceo. En esta montaña se albergaba un culto a Zeus “lukaios”.
El nombre Liceo, mismo, deriva del lobo en griego, “lukos”. Esta leyenda aparece pues como un eco de la unión mítica del lobo y la bicha.
No se trata en absoluto de coincidencias. El mundo antiguo no era del todo fijado como se imagina muy frecuentemente hoy. Esto se explica, particularmente, por las migraciones indo-europeas que recorrieron en varias oleadas el continente euro-asiático. Fueronla fuente común de culturas de pueblos diferentes, del Extremo-Occidente al Extremo-Oriente. Entre otros pueblos, turcos y siberianos, el lobo es igualmente sinónimo de fecundidad. En Anatolia, las mujeres lo invocan para que cese su esterilidad. En Kamchatka, en el extremo este de Siberia, durante las fiestas de octubre, la representación de un lobo es escenificada a fin de atraer la fecundidad. Diferentes ritos, relacionados con la fecundidad del lobo, están difundidos entre los samoyedos y los yakutos.
”LA CELEBRACION DEL LOBO-CARNERO”
Dos divinidades del entorno mediterráneo, ya evocadas, establecen lazos suplementarios entre el lobo y la fertilidad. En la mitología griega, Hécate, en ocasiones asimilada a Artemisa, concede la prosperidad, la elocuencia, la victoria y toma, de tanto en tanto, la forma de una loba. Hesiodo dice de ella en la “Teogonía”: "Sabe (...) hacer crecer el ganado (...) el hijo de Knosos a hecho de ella la nodriza de la juventud (...)". La otra divinidad es Anubis en ocasiones calificado como "Señor de las vacas lecheras". Pero, es en Roma donde esta asociación revestía tal importancia que se manifestaba mediante una fiesta anual cardinal en la vida de la ciudad, las Lupercalias. Estas tenían lugar el 15 de febrero. En esta fecha, los lupercos, hermandad de sacerdotes, inmolaban, en una gruta del Lupercal, situada en el nor-oeste del Palatino, un cabrito o una cabra y un perro. Luego cortaban las lanas en la piel del cabrito o de la cabra, y a continuación se distribuían por la ciudad flagelando a las mujeres que lo deseaban. Esta fustigación era considerada como deparadora de fecundidad. La palabra lupercalias se descomponía en “lupus”, "lobo" e “ircus”, "carnero" o "cabrito". El significado del carnero se refiere a la del signo zodiacal del mismo nombre, el cual comienza en el equinoccio de primavera.
Fecundo, enérgico, viril, simboliza la naturaleza que explota por su prodigalidad. En la India, está relacionado con el fuego, Agni, pero también a Indra, aquel que, por la muerte del dragón Vritra, permite la renovación del mundo. Sirve de montura, en la misma tradición, a Kuvera, guardián del Norte y de sus tesoros. Este lazo con el Norte, el Origen, se evidencia en el seno de la mitología griega en las leyendas que se refieren a los Argonautas en busca del Toisón de Oro del carnero ofrecido por Zeus a Phrixos y Helle. Esta misma tradición conocía un Hermes Krioforo, "porta-carnero".
Los dorios adoraban al Apolo Karneios, "el dios carnero". El chivo posee atributos propios a parte de los del carnero. Animal de Dionisos y Afrodita, tiene un aspecto sensual, enteramente absorbido por el acto sexual y la lujuria. Este carácter se acentúa con el tiempo en Europa, hasta tal punto que durante la Edad Media se representa al diablo a través de un chivo. En la India, es como el carnero, asociado a Agni y al fuego primaveral, dador de vida: "El chivo es Agni; el chivo es el esplendor (...); el chivo expulsa a lo lejos las tinieblas (...)" (“Atharva-veda”). Al igual que el lobo, la energía que lleva puede, en ocasiones, volverse, por su exceso y su caricatura, hacia lo infrahumano. Ya no está, a partir de entonces, inspirado en la luz del Espíritu, sino en el demonio de la materia. En la Roma antigua, loba era el nombre dado a las prostitutas. Malas lenguas han insinuado que una de ellas, Acca Laurentia, fue la nodriza de los gemelos. La cabra está asociada a menudo al rayo, especialmente en China, el Tibet, y en la Grecia Antigua. En esta última tradición, donde su morada simbólica se encuentra en el signo de Capricornio, la cabra Amaltea alimenta a Zeus durante su infancia sobre el monte Ida, en Creta. Se encuentran en presencia diferentes elementos que indican un mito auroral: la montaña, representación del centro y del eje, último refugio y punto de partida de un ciclo, el solsticio de invierno por el Capricornio, la juventud de un dios, el animal-nodriza, que representa la “materia prima” generosa y fecunda.
Señalemos especialmente que Zeus ofrece a Amaltea un cuerno de cabra que iba a poder procurarle todos los frutos deseados. Se le llama Cuerno de Amaltea, o también Cuerno de la Abundancia. Se trata aquí de un tema conocido que evoca la abundancia de la primera edad. Esta profusión señala, ante todo, la felicidad espiritual. Su último avatar es la búsqueda del Graal, la cual consiste en encontrar e incluso en reintegrar, lo que ha sido perdido, el estado original, la Edad de Oro. En cuanto al perro, reemplaza al lobo.
El sacrificio del animal remite al desmembramiento del gigante cósmico o al estallido del huevo primordial. Referido sobre el año, ocupa el período del equinoccio de primavera, el cual sucede a la gestación invernal. El signo del carnero e inicia el 21 de marzo, es decir, durante el equinoccio. El lobo, animal invernal, lo precede. Este período ve la transformación del lobo en carnero. La naturaleza, de estéril y rigurosa, se convierte en pródiga. Se trata siempre del mismo poder, pero que adopta otro aspecto. Hécate, la loba, diosa generosa, toma también, en ocasiones, un aspecto infernal, tenebroso.
La gruta representa la matriz, oscura, fértil, del nuevo sol. Febrero es el mes de las purificaciones. Es, también hoy, la época de la Cuaresma. Esto corresponde igualmente, siempre en la tradición católica, a la fiesta de la Purificación de la Virgen o Candelaria que, poco a poco, ha reemplazado a las Lupercalias. Hay que señalar, a propósito de los orígenes de esta conmemoración, que Juno Lucina, que preside los nacimientos y estuvo en el origen de los ritos de las lupercales, tenía un templo sobre las faldas del Aquilino, cerca del lugar donde hoy se alza, majestuosa, la basílica de Santa María la Mayor, en la cual termina la gran procesión de la purificación de la Virgen.
Juno Lucina, la Virgen, la purificación, son otros tantos símbolos que señalan el período de renovación y de inicio de un nuevo ciclo.
El detalle, que sigue, del mito relativo a la loba y a los gemelos romanos confirma estas indicaciones.
”LA MADRE DE ROMA”
Rómulo y Remo tienen por madre a Rea Silvia, hija del rey Numitor, vestal, es decir, virgen. Diversas leyendas refieren que Marte seune a ella durante su sueño. Este acto remite al invierno y al tema cosmogónico de la unión de una fuerza viril con una virgen en el centro de los tiempos.
Los gemelos concebidos son amenazados de muerte. Su errar por el mundo comienza. Esto evoca también la infancia de Zeus para evitar la teofagia de su padre, al igual que Leto que vaga por el mundo para dar a luz a Artemisa y Apolo. Este viaje se nos muestra igualmente parecida, por la canasta que navega sobre las aguas, alas de Noé y Deucalión, cuyas arcas salvan de un diluvio a quienes iban a fundar, acto seguido, una humanidad.
Luego, la cesta se detiene ante la higuera Ruminal. Esta representa al “arbor mundi”, el eje cósmico en torno al cual se ordena el mundo. Una montaña, sobre la cual embarrancan las arcas, la representa frecuentemente. El eje cósmico relaciona y une, los tres mundos: infierno, tierra y cielo. Por este eje pasa la influencia divina. Todo lugar donde se encuentra un centro, es el punto de partida de un ciclo. Tanto como los hombres permanecen próximos al eje, al centro, irradian. Si se alejan, entendiendo que se trata de un alejamiento espiritual, las tinieblas se apropian poco a poco de ellos. Hay que señalar que la corriente deposita la cesta al nor-oeste del Palatino. Esta orientación se asocia con la disolución del mundo y el tránsito entre nuestro mundo y el supramundo, a un cambio de Estado. El Palatino se sitúa en el corazón de Roma, los emperadores habitaron allí. Ovidio, en “Las metamórfosis”, dice hablando del palacio de Júpiter: "Es el lugar donde, si la audacia en las palabras nos es permitida, no temería en llamar el Palatino del Cielo". Su función de centro se ve así claramente confirmada. El autor latino relata, en la misma obra, una leyenda que confirma su papel de montaña polar, origen de toda vida es decir, lazo entre el Cielo y la Tierra. Un día Rómulo ve: "(...) su lanza, fijada sobre el monte Palatino, se cubre de golpe de hojas, mantenida en pie por una raíz nueva y no por el hierro hundido en el suelo, ya no un arma, sino un árbol de ramas flexibles (...)". El arma, de golpe, se convierte en "árbol de la vida", "árbol verde", al cual se opone el "árbol seco" de los períodos de eclipse. Este árbol que se desarrolla, de forma sobrenatural, sobre el Palatino representa el eje cósmico. La jabalina representa, el rayo. Esta escena expresa, por una parte, la legitimidad concedida por el Cielo, de otra parte, el inicio de un ciclo.
Prosigamos con el mito. La cesta se encuentra a los pies de la higuera. La loba llega. Amamanta a los gemelos. Un pico-verde le ayuda. La leyenda sitúa esta acción en una gruta próxima a la higuera. Ya hemos dicho algunas palabras sobre el significado de la gruta y señalado leyendas similares en otras tradiciones. Todos estos elementos evocan el nacimiento de un mundo. Otra indicación notable: por la gruta, llamada Lupercal, discurre una fuente, promesa de regeneración y de fecundidad. Es igualmente digno de ser señalado que el nombre de la higuera, Ruminal, procede de “rumis”, pezón. Fue a continuación objeto de culto. Por la higuera, los gemelos reciben la luz celeste. La loba les aporta una fuerza y una raza del alma, un estilo que modela la Roma antigua. Si el lobo actúa por el Cielo, se encuentra sin embargo en el mundo. También, sirve de intermediario, al igual que el alma es Šintermediaria entre el espíritu y el cuerpo.
Los romanos, como muchos pueblos indoeuropeos tal como veremos a continuación, han nacido de tribus que decían descender de un lobo mítico. Esta filiación atestigua una forma de vida y un tipo de civilización específicos. El lobo fue uno de los emblemas de las legiones romanas. La loca es calificada de “mater romanorum”. Todos los romanos son sus hijos. Esta les ha transmitido la luz de Lo Alto, pero bajo un aspecto que se muestra conquistador, viril. Abnegación, sacrificio, simplicidad, rudeza, estos diferentes rasgos caracterizan las mejores cualidades de la Roma republicana. Serán quienes construyan la grandeza de Roma. La loba transmite a los gemelos, al inicio de este ciclo, una forma interior, un estilo si se prefiere. Si la higuera indica de donde vienen, la loba les indica como realizar su destino y los propulsa.
Simbólicamente, los gemelos tienen una parte divina y otra humana. Son así intermediarios entre los dos mundos. Zodiacalmente, se sitúan en Géminis uno de cuyos animales correspondientes es el caballo, animal que conduce de un mundo a otro. El dios asociado a Géminis es Mercurio, el mensajero. Los gemelos son quienes aportan lo que la loba y la higuera, les ha dado. Este don original contenía el destino de Roma, a la vez solar y marcial.
”EL LOBO VERDE”
En Jumiges, Normandía, cada año el 23 y el 24 de junio, tiene lugar la fiesta del Lobo Verde (12). La sustitución del asno de san Austroberto por un lobo es el mito fundador oficial. Veamos en qué consiste esta fiesta: El 23 de junio, la Hermandad de San Juan acude a la casa de un hombre, el Lobo Verde del año. Este se viste entonces de verde. Luego se desarrolla el oficio eucarístico en la iglesia. Durante la tarde, ante el fuego de San Juan encendido por el Lobo Verde, la hermandad corre y danza en torno al fuego intentando atrapar, por tres veces, al futuro Lobo Verde que se defiende con una vara. Tras lo cual este último sufre un simulacro de cremación. Luego la hermandad vuelve a la casa del Lobo Verde que ofrece una comida frugal. Pero, tras la media noche, se come, se bebe, se habla, sin parar. En la mañana se oficia una nueva misa y la bendición, tras la que el Lobo Verde tiene mesa franca durante varios días. El verde es el color de la regeneración, de la vegetación, de la primavera. El Lobo Verde es el lobo de la primera mitad del año cuya actividad está marcada por la fecundidad. El solsticio de verano marca el apogeo de este período de felicidad. En los días que siguen empieza un lento declive en beneficio de las tinieblas. En este momento cardinal del alma, los fuegos del solsticio celebran el estallido y la irradiación del Sol, de la naturaleza, la prosperidad y el júbilo de los días felices. La ronda en torno al fuego evoca el año. Atrapando al futuro Lobo Verde, la comunidad imita el ciclo anual y, por ello el período sombrío que vendrá y la ruptura que opera, se refiere al lobo fecundo de primavera. El número tres, aquí, hace referencia al tránsito de un mundo a otro. Así los tres días que separan la muerte sobre la cruz de la resurrección de Cristo, o en el Mazdeismo, los tres días que separan de la muerte física al tránsito del puente Chinvat o de la caída de este. Este número expresa también la idea de totalidad del mundo manifestado. Este está presente en el "triple tiempo": pasado, presente, futuro; en las tres regiones cósmicas: infierno, tierra, cielo; y también en el año que, en la mitología griega, se divide en tres tiempos (13). El simulacro de cremación contiene dos ideas principales. De una parte, remite al Sol, a la unión del lobo con el centro del círculo, es decir, con el fuego, la luz y, por eso, con la unión de la “materia prima” con el Espíritu. Por otra parte, este rito expresa la idea de regeneración, de nuevo nacimiento, como los del fénix y del águila, como se creía aun en la Edad Media para esta última, tal como explica Guillermo El Clérigo en su “Bestiario Divino”: "El águila es el rey de los pájaros. Una vez llegada a la vejez, puede recuperar la juventud gracias a su naturaleza completamente extraordinaria. Cuando el águila llega a la vejez, cuando sus ojos se oscurecen, cuando cada una de sus alas se vuelve en demasiado débil, le pesa, busca entonces una fuente clara y pura, donde el agua sea límpida e hirviente, en el momento en que los rayos del Sol son más destellantes. El águila empieza entonces a alzarse en los aires, muy alto, por encima de esta fuente, en dirección al Sol, que extiende muy a lo alto su luz. Cuando el águila ha alcanzado la altura máxima, justo en el lugar donde hace más calor, fija sus ojos en el gran disco solar y lo contempla por todo el tiempo que desea pareciendo que vaya a arder por completo.
Entonces, en esta llama, abraza a la vez sus ojos y sus alas; luego desciende hacia la fuente, en el lugar donde es más clara y sana y se zambulle, bañándose por tres veces, hasta que esté, sabedlo bien, enteramente nueva y regenerada, curada de su vejez". Otro punto importante: las dos comidas dadas, la primera antes de media noche, la segunda después. Media noche, en relación al año, corresponde al solsticio de invierno. La primera comida es frugal. Hace referencia al período de esterilidad, de desnudamiento, que precede al 21 de diciembre. Luego, renovación del Sol, una nueva Edad de Oro comienza. Esta amplitud solsticial se expresaba igualmente en las saturnalias romanas, las kronias griegas, o en el festín de Tara de los celtas. En cuanto al mito fundador, traza la transformación del lobo devorador, come el asno y por ello al mundo, en un servidor ejemplar de la luz. El lobo del fin de los tiempos sucede a aquel que impulsa la primera edad. Se trata pues de una fiesta que se refiere a la primera mitad del año, el “deva-yana”, el "camino de los dioses", para los hindúes. Es una llamada a las fuerzas creadoras del solsticio de invierno y esto al solsticio de verano, al apogeo, es decir al momento en que se inicia una inexorable caída. De forma que esta fiesta es, a la vez, homenaje a la primavera, a la creación, y también al Sol, pero sobre todo, una conjura contra el obscurecimiento del mundo.
LOS HIJOS DEL LOBO
Hemos visto como Gengis Khan, los turcos, los romanos, se reclamaban descendientes de lobos. Esta singular genealogía es igualmente reivindicada por numerosos pueblos. Así, en la Italia pre-romana, tres tribus hacen referencia a un lobo como ancestro del grupo. Los lucanios: "Plinio (...), nos sitúa, con una sola palabra, sobre la pista: a su entender los lucanios son samitas a quienes había conducido a la victoria un tal Lucius. Este jefe lleva el nombre de un dios- lobo, Apolo “lukeios”, del cual los romanos hicieron Apolo “lycius”. Es el hombre-lobo; y, para afirmar su parentesco con la bestia divina, los lucanios han emitido en la segunda mitad del III siglo antes de nuestra era, monedas en cuyo anverso figura Zeus, pero cuyo reverso lleva, con una cabeza de lobo, la leyenda “lukanon”, como si su nación procediera del lobo: “lukos”" (14). Los hirpinios, tribu instalada en el Benevento, de “hirpi”, "lobo" en sabino, realizaban un culto al lobo, al igual que los Hispi-sorani cuyos ritos se desarrollaban sobre el monte Soracte, en el norte de Roma. Son ciertamente los sabinos, pueblo que comprendía varias tribus como los lucanios, los hirpinios y los Hirpi-sorani, que estuvieron en el origen de la celebración de las lupercalias. Sobre todo esto, Carcopino señala: "Mientras que en Roma no encontramos fuera de la leyenda de los Gemelos, vestigios muy claros de un culto al lobo y a la loba, es en la religión de los sabinos donde este animal, a la vez temido y venerado, fue verdaderamente para ellos el “totem” que, por una contradicción frecuente en semejante caso, sabían poner en fuga como un maldito y seguir, en sus expediciones guerreras, como su protector soberano. Es lógico que reorganizando la ciudad romana, donde se han establecido definitivamente hacia el 450 a. JC introdujeron el culto por el cual se habían habituado a vencer; y los ritos del Lupercal, fuera de los cuales lo buscaríamos en vano en la Ciudad, llevan la evidencia de su huella indeleble". En territorio griego, mencionamos Licia, en Asia Menor, casi el "país de los lobos", nombre dado, según los autores, por Leto a este país donde los lobos le guiaron. Podría tratarse de una herencia de los Lobitas cuyo nombre procede de "luz" y quizás de "lobo" en indo-europeo. El nombre Licurgo significaría (16) "conductor de lobos". Esto implica que los pueblos griegos se identificaban con lobos; esto procedía, sin duda de una ley de los dorios, pues el legislador espartiata, -compárese con el Lucius de los lucanios- vivió en el siglo IX, dos siglos después de la llegada de los dorios, fundadores de la ciudad, originarios del norte de la península balcánica. Estos fundaron también Argos, ciudad que tomó por emblema el lobo y cuyos habitantes se llamaban así mismos "lobos". Macedon, héroe epónimo de Macedonia, era, según algunos autores, hijos de Lycaon. Según Diodoro, lleva una coraza de piel de lobo y la cabeza de este animal. Los dorios fueron vecinos, e incluso primos ya que igualmente indo-europeos, de los dacios, antepasados de los romanos, también llamados getios o tracios. Su nombre procede, según Estrabón, de “daoi”, "lobos", o "los que son semejantes a los lobos". Más al este vivían los escitas, pueblo también indo-europeo, que practicaba el nomadismo del Mar del Norte al Mar de Aral. Entre ellos, los Neuros, que habitaban en la actual Ucrania, se transformaban, algunos días al año, en lobos, según Heródoto (libro IV, CV). En la laguna aralo-caspia se encontraban, varios siglos antes de nuestra era, tres tribus escitas entre ellos los Haumavarga, literalmente "lobos de haoma". El haoma, el soma para los hindúes, es el licor sagrado, frecuentemente divinizado, que procura fuerza, éxtasis, embriaguez. Volveremos más adelante sobre este tema. En el territorio persa, en el sur del Mar Caspio, una región se llamaba Hyrcania, "país de lobos". Los griegos designaban sus habitantes por el nombre de Hyrkanoi, "los lobos". Poblando el actual Sin-Kiang, región durante mucho tiempo indo- europea, los Uigures, según su tradición, son los frutos de la unión de dos mujeres jóvenes con lobos celestes.
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Todos estos pueblos, que reivindicaban a un lobo como ancestro o que se identificaban con los lobos, tenían dos puntos comunes: el nomadismo y la tradición indo-europea. Este animal es, por excelencia, para los sedentarios un raptor, un cazador que roba y azota las propiedades. Contra este, los agricultores, y sobre todos los pastores, invocaban las divinidades para su protección y la de sus bienes, Fauno en Italia, Apolo en Grecia. El antiguo nomada rogaba al dios al cual el lobo se asociaba anteriormente le liberase de las antiguas fuerzas que, desde su instalación, le son nefastas. San Jorge y San Miguel, "maestros de lobos" en algunas regiones de Europa son implorados en otras contra estos mismos animales. El lobo, visto bajo este ángulo, se presenta ligado a un tipo de civilización: el nomadismo. Es revelador el hecho que fueran los turcos, el último gran pueblo nómada y conquistador, herederos de una parte notable de la tradición indo-europea, quienes consideraron a este animal como emblema sobre sus estandartes en una época donde este símbolo era olvidado en tanto que tal en Europa. Esto explica porque el lobo, animal anteriormente venerado, encarnaba el más alto punto de las virtudes esenciales para todo pueblo emigrante, cae al rango de animal maldito, luego odiado, que necesita verdaderos exorcismos, como a fines de la Edad Media. Como término de esta desconsideración y hostilidad crecientes, esta frase de Buffon cae como una cuchilla: "Es perjudicial en su vida, inútil tras su muerte". "El espíritu del lobo" fue dominado, es decir domesticado, o simplemente exterminado para el nuevo mundo que emergía. Pero, en ocasiones, esta fuerza rechazaba resurgía inopinadamente por una violencia revuelta. Esto, entre otros, ha dado el tema del "loup-garou", cuyo equivalente sería "el coco", el licántropo, residuo de un culto inmemorial convertido en superstición. Los pueblos que se han llamado "lobos" eran indo-europeos o estaban fuertemente influenciados por ellos. Fueron durante mucho tiempo nómadas antes de establecerse. Su tierra original se convirtió sin duda en inhabitable tras un cataclismo y un importante cambio de las condiciones naturales colocando a los supervivientes ante la eventualidad de emigrar. Durante milenios, vivieron como lobos. Cuando se establecieron poco a poco sobre nuevas tierras no pudieron abandonar, de la noche a la mañana, sus costumbres seculares. Así, los cultos al lobo subsistieron durante mucho tiempo. Convertidos en anacrónicos, inadaptados, degenerados, fueron cada vez peor percibidos por los indo-europeos sujetos a lo sedentario.

IV. LOS GUERREROS-LOBOS
El lobo es el gran predador. Reina sobre la fauna, como el león lo hace en ambientes más cálidos. Al igual que a éste último, podemos calificarlo de "rey de los animales". Sus cualidades: valor, dureza, movilidad, astucia, abnegación, hacen de él un cazador sin par. Estos diversos factores, y su dominación sobre la fauna terrestre particularmente, le han designado como modelo y mejor símbolo de la casta guerrera. Ser lobo, convertirse en tal, era una aspiración común a numerosas organizaciones guerreras indo-europeas. Una iniciación permitía entrar en el seno de la hermandad. El guerrero debía adquirir las cualidades propias de este animal, indispensables para todo combatiente tal como muestra esta arenga de un emperador chino: "Adoptad un aire terrible! Sed como tigres, osos, lobos, dragones". También, el lobo sirvió frecuentemente de emblema a los ejércitos. Se le encuentra a la cabeza de las legiones romanas, entre los dacios (un lobo con cuerpo de dragón), sobre los estandartes persas, en los turcos, etc.
LAS HERMANDADES DE HOMBRES-LOBO
Los relatos escandinavos mencionan a grupos de hombres muy temibles llamados “berserkir”, "guerreros con envoltura de oso", o “ulfhednar”, "hombres con piel de lobo". Un fragmento del “Ynglinga Saga” (capítulo VI) refiere sus sorprendentes aptitudes: "(...) sus hombres (los de Odín) marchaban sin cotas de malla, enfurecidos como perros o lobos, mordían sus escudos, fuertes como osos o toros. Mataban a sus enemigos, pero ni el hierro ni el fuego los dañaba. Tal es lo que se llama el furor de los “berserkir”". El skaldo Thorbjörn Hornklofi, en el “Hrafnsmal”, los describe así durante la batalla: "Allí los “berserkir” gritaban -la batalla se desencadenaba -pieles de lobo ululaban salvajemente, las lanzas silvaban". Y poco después: "Pieles de lobo se llamaban, se les ve actuar, ensangrentados los escudos. Rugieron las espadas cuando llegaron al combate; el rey sabio en el combate se hace proteger por rudos héroes que alzan sus escudos" (17) En Germania, estos grupos se llamaban “Männerbunde”, lo que Mircea Eliade traduce como "sociedades secretas de hombres" (18). Los países celtas han tenido igualmente iniciaciones guerreras relacionadas con el lobo. En el combate algunos galos llevaban cascos ornados con cabezas de lobo. Georges Dumézil señala, en “Heur et malheur du guerrier” (19), la transformación en lobo de un héroe del “Mabinogi de Math”. Los Fianna, élite guerrera de la Irlanda mítica, obedecían al héroe “Finn” (o “Find”), dios-ciervo, esposo de la bicha “Sadv”. Incluso si el animal de referencia, el ciervo, difiere, poseen, sin embargo, la mayor parte de las características de las demás órdenes guerreras indo-europeas. Hemos evocado, anteriormente, en la Italia antigua, a los lucanios, los hirpinios y los “Hirpi Sorani”, literalmente, "hombres lobo". Los lupercas, sacerdotes encargados de ejecutar los ritos de las lupercales, eran elegidos entre familias que detentaban hereditariamente esta función. La mitología griega ha conservado huellas de dos órdenes guerreras, quizás igualmente sacerdotales, cretenses: los curetes, protectores míticos de Zeus “couros”, "niño" y los Dactylos, de los cuales, según la leyenda, Hércules formaba parte. También hemos visto a los “doai” de Rumanía. Según Eliade: "(...), parece bastante probable que su nombre étnico deriva, en última instancia, del epíteto ritual de una fraternidad guerrera" (25). Sociedades similares estaban presentes en Irán. Widengren (21) observa: "Los orígenes de la sociedad de hombres irania (al igual que la comunidad india correspondiente, que ha encontrado su traducción mítica en la hueste divina de los Maruts) se remonta a los tiempos arios. Está compuesta por jóvenes guerreros; sus miembros son los “mairya”- (en sánscrito marya-), literalmente: hombre joven (...).
Los guerreros son llamados igualmente (...) "lobos". Sus adversarios hablan de ellos como de "lobos bípedos", más peligrosos que los lobos cuadrúpedos. En su culto, estos hombres veneran a un héroe matador de dragones (...). En Irán, es Mithra quien patronea estas hermandades (...)".
La India védica no tenía, que sepamos, sociedades guerreras con el lobo por símbolo. Sin embargo, debieron existir hermandades similares, a la imagen de los Maruts, temibles divinidades que acompañaban a Indra. Estos tienen por padre a Rudra, "Aquel que grita", dios a la vez destructor y fecundador que se convertirá en Shiva en los textos post-védicos. Bajo el nombre de Sharva, vaga por los bosques adoptando la forma del lobo. En el Mahabhárata, uno de los héroes se llama Vridokara, "vientre de lobo", nombre asociado a la valentía, el honor y la victoria heroica.
DE LA INICIACION AL FUROR HEROICO
Las sociedades guerreras en cuestión presentaban varias características:
- La piel renovada.
- El ascenso a otra personalidad.
- La importancia de la noche y del color negro.
- La embriaguez.
- El desenfreno sexual.
- Las muertes rituales.
- La rapiña.
- Las pruebas iniciáticas.
- El furor heroico, manifestación de la fuerza obtenida mediante la iniciación. Examinaremos ahora estos diferentes puntos.
LA PIEL RENOVADA
Como signo exterior, el guerrero revestía una piel del animal venerado, oso o lobo, de ahí, en este último caso, el nombre de ulfhednar, "piel de lobo". Mediante este contacto y esta apariencia, consideraba que debía adquirir la fuerza del animal. El cambio de piel equivale a un cambio de estado, de dimensión, a una transformación. En la tradición védica, el rechazo de la "vieja piel" se considera indispensable para que se inicie un nuevo ciclo (22).En el “Volsunga Saga”, relato germano-escandinavo, dos Volsung, Sigmund y Sinfjoetli, revisten cada uno piel de lobo. Así ataviados, hablan y comprenden el lenguaje de los lobos, aúllan como ellos. Realizan incursiones. Sinfjoetli mata a once hombres que le habían atacado. Tras diez días, abandonan sus pieles y las queman. A partir de ese momento se aprestan a vengar a su familia. Señalemos que la cifra diez contiene un ciclo, señala la unidad reencontrada. Como culminación de esta mutación, incineran las pieles, es decir, de una parte, cambian definitivamente de condición, de otra parte, eliminan el vehículo, a partir de ese instante inútil, que les ha permitido esta transmutación.
En la Ilíada, en el canto X, un troyano, Dolon, se cubre de una piel de lobo antes de ir, en plena noche, a espiar a los Aqueos. Tras las pruebas que medían el valor del futuro iniciado, este podía revestirse con la piel del animal. Mircea Eliade explica: "(...), la metamorfosis en lobo -es decir, el revestimiento ritualde una piel de lobo- constituía un momento esencial de la iniciación en las “männerbund”. Revistiendo su piel, el postulante asimilaba su comportamiento al del lobo; dicho de otra forma, devenía guerrero fiero, irresistible, "lobo" era el apodo de los miembros de las hermandades militares indo-europeas" (23). Esta creencia estaba igualmente presente en China, tal como señala Marcel Granet: "La palabra someter quiere también decir portar a modo de vestido. El Chan hai king (...) enseña que para volverse dueño de las virtudes propias de estos animales, basta con comerlos, saber llamarlos por sus nombres, o portar sus despojos" (24). Este revestimiento ritual puede situarse en paralelo con laimportancia de los ritos relacionados a la concesión de un nuevo vestido, tales como, antiguamente, la toga viril entre los romanos,o aun hoy, el “naoijote” de los mazdeos, el “upanayana” de los hindúes, etc., los cuales señalan el tránsito de un estado a otro, en general superior, la entrada en el seno de un grupo.
EL ASCENSO A OTRA PERSONALIDAD
En “Structure de la mythologie nordique”, (25), Renauld-Krantz observa: "La palabra que designa estas pieles, “hamr”, designa de una manera general lo que “reviste”, lo que “envuelve” y en consecuencia la “forma”, “la apariencia”, “el cuerpo”, como vestidos del alma (...). De forma que revestir el “hamr” de un lobo, es no solo revestir su piel, sino su forma y por ello participar en su naturaleza, convertirse en cierta medida en lobo (...)". Regis Boyer (26) da como equivalente de “hamr”, "estado de espíritu".
Precisa a su vez: "Implica que este “harm” es propio del individuo que lo asume, define de alguna manera su persona o su personalidad (...) y, en consecuencia, define su originalidad". Se trata de lo que Evola (27) llama la raza del alma, el carácter, la fuerza y la forma interiores. El guerrero pasa entonces del estado de individuo al de persona. Encarna una función. Se relaciona con una realidad supra-individual y supra-humana. Se torna capaz de activar las fuerzas extra-individuales propias de la segunda función. Boyer observa también que “hamr” es: "primeramente y sobre todo interior"; “Hamr” es del hombre, en el hombre, íntimamente". Esta transformación es pues primeramente, y sobre todo, interior, mental si se prefiere. La palabra persona necesita una corta explicación a fin de que no sea confundida con su sentido actual próximo a apariencia, es decir, hipocresía. Procede del latín “persona”, "máscara". "El iniciador enmascarado encarna el genio que instruye a los hombres; las danzas con máscara insuflan en el adolescente la persuasión de que muere para su condición antigua, a fin de renacer a la nueva condición de adulto" (26). La máscara permite una identificación y una apropiación, fenómeno similar a la utilización de la piel de un animal. Otra virtud de la máscara: capta fuerzas. Una sentencia china afirma: "El alma-soplo de los difuntos es errante: es por ello que se emplean máscaras a fin de fijarla". La máscara es pues la exteriorización de una fuerza y no una fachada. El “ulfhednar” es aquel que ha sabido captar ciertas fuerzas, tarea que no está carente de peligros. Las fuerzas en cuestión pueden invertirse, volver contra aquel que pretende ser su dueño. Este se convierte entonces en su títere. Las fuerzas animadoras de la persona pueden emanar de lo supra-humano, pero también de lo infra-humano. Al igual que el lobo sirve de luz o propaga las tinieblas.
LA NOCHE Y LO NEGRO
Hemos visto el lazo estrecho que une el lobo y la llegada de las tinieblas. En el zodíaco, corresponde a Capricornio y al solsticio de invierno, es decir a un período del año donde la noche predomina. No es, en consecuencia, sorprendente que las hermandades en cuestión privilegien la noche y su color, el negro. El “Egilssaga Skallagrimsonar” relata que Ulfr, "Lobo", abuelo del héroe, se transforma en lobo durante la noche (29): "Podía dar un buen consejo en cualquier ocasión pues lo comprendía todo. Pero cada vez que llegaba la noche, gruñía y pocas gentes podían acercarse a hablar con él. A la caída del día tenía la costumbre de aletargarse. Se contaba que vagaba frecuentemente de noche bajo un aspecto transformado. De ahí que las gentes lo llamasen Kveldulf, es decir, el lobo de la noche". Tácito, en “La Germania”, refiere sobre los guerreros Harii: "En cuanto a los Harii, además de un poder mediante el cualsuperaban a los pueblos que acabo de enumerar, su alma feroz iba más lejos aún que su salvaje naturaleza valiéndose de los recursos del arte y del momento: escudos negros, cuerpos pintados; para combatir, elegían noches oscuras; el horror solo y la sombra que acompañaban a este ejército de lemures bastaban para llevar el terror, ningún enemigo podía soportar esta visión estremecedora e infernal, pues en toda batalla los primeros vencidos son los ojos". El nombre Harii, desconocido para otros textos sobre los Germanos designa en realidad, no a una tribu, sino a una hermandad, una “männerbund”. en efecto, según Dumezil (30), se encuentra en este nombre el de “Einherjar” (“aina-harija”-) que llevan los elegidos de Odín, los guerreros admitidos en el Walhalla. La bandera de los “mairya” iranios era negra. Sus vestidos y armaduras eran igualmente negros. Se desplazaban frecuentemente de noche.
LA EMBRIAGUEZ
Su fuerza, además de su entrenamiento y aptitudes, los guerreros iranios la extraían de la absorción de una bebida enervante. "Durante las fiestas, la embriaguez, los aullidos, la danza giratoria, provocaban una exaltación feroz que se traducía mediante impulsos lúbricos, con un furor salvaje capaz de destrozar cualquier obstáculo" (21). Este gesto de beber hasta el límite tenía por objeto imitar a los dioses, grandes consumidores de brebajes que conferían poder e inmortalidad, la ambrosía, el haoma, el soma, el “amrita”, etc. A modo de alimentación, Odín no ingiere más que vino. Cuando Indra, en la tradición védica, se apresta a matar al dragón Vritra, ingiere licor sagrado, el soma: "Este brebaje enervante te ha embriagado, es el “soma” traído por el águila y exprimido para ti. Gracias a él, gracias a tu poder, o bien-armado, tu has matado a Vritra, separándolo de las aguas" (32). Ya hemos evocado a los Escitas Haumavarka, "lobo del haoma", o dicho de otra forma, "aquellos que se transforman en lobos, en el éxtasis provocado por el haoma" (23). El “Völuspa” cita a Mojodvitnir, un enano cuyo nombre significa "Lobo de hidromiel", expresión similar a “haumavarka”. Virgilio señala esta transformación, en “Las bucólicas”, sin precisar si las hierbas en cuestión son exprimidas o no: "Estas hierbas y venenos cogidos en el Puente, Maris mismo me los ha dado: el Puente es fértil en veneno. Yo he visto, por su virtud, a Meris trocarse en lobo y esconderse en los bosques (...)". Las composiciones de estos brebajes hoy se han perdido. Esta embriaguez y las orgías que le acompañaban comportaban varios significados. Mircea Eliade distingue cuatro principales (24):
- Evocación de una hierogamia. Esto se relaciona con la fecundidad. "Generalmente, la orgía corresponde a la hierogamia. A la unión de la pareja divina debe corresponder sobre la Tierra, el frenesí genesíaco ilimitado. Al lado de jóvenes parejas que repetían la hierogamia sobre los sofás, debía producirse el crecimiento máximo de todas las fuerzas de la colectividad".
- El fin de las esclerosis. "Los excesos cumplen un papel preciso y saludable en la economía de lo sagrado. Rompen las barreras entre el hombre, la sociedad, la naturaleza y los dioses; ayudan a hacer circular la fuerza, la vida, los gérmenes de un nivel al otro, de una zona de la realidad en todas las demás".
- Sigue una reintegración en lo indiferenciado, la “materia prima”. "Lo que estaba vacío de sustancia se sacía; lo que estaba fragmentado se reintegra en la unidad; lo que estaba aislado se funde en la gran matriz universal".
- Así el mundo puede renovarse."La orgía, entre otras funciones (...) tiene también la de volver posible y preparar la "renovación", la regeneración de la vida. El despertar de una orgía puede ser asimilado a la aparición del brote verde sobre el surco: es una nueva vida que empieza, y para esta vida, la orgía ha saciado al hombre de sustancia y de impulso. Más aún, la orgía, reactualizando el caos mítico anterior a la creación, vuelve posible la repetición de esta creación. El hombre regresa provisionalmente al estado amorfo, nocturno, del caos, para poder renacer con mayor vigor en su forma diurna. La orgía al igual que la inmersión en el agua, anula la creación, pero la regenera al mismo tiempo; identificándose con la totalidad no diferenciada, precósmica, el hombre espera volver a él restaurado y regenerado, en una palabra "hombre renovado". En la estructura y en la función de la orgía, identificamos el mismo deseo de repetir un gesto primordial: la Creación organizando el caos. Esto se refiere también al mito fundamental para las hermandades del combate auroral contra un dragón. Al sucederse los períodos de delicuescencia, la fiesta, la orgía, pierde su carácter sagrado, es decir su función y su sentido ascensional y se convierte en profana. Se ensombrece en la caricatura. Deja de honrarse a Dios, o a un dios, para adorarse al individuo y a sus fantasmas. Los efectos se invierten, el dragón se rehace. Este proceso se produce en Roma a partir de que la religión original perdiese su vigor. Según Tito Livio, permitía a "cada cual encontrar el género de voluptuosidad que correspondía mejor a sus tendencias". Esta embriaguez no es solo la del cuerpo, sino sobre todo y ante todo, la del espíritu. En efecto, es preciso también comprenderla como un éxtasis. Odín es igualmente el dios de la poesía. Los Curetes poseían un don profético. Los Dactylos eran magos y músicos reputados. Según Porfirio, Pitágoras fué iniciado en sus misterios.
Para ser admitido en el seno de los Fianna, era preciso ser letrado y conocer numerosos escritos poéticos. En la Edad Media, diversas figuras ilustran esta asociación entre la guerra y la poesía: Guillermo IX de Aquitania, Bertrán de Born, Thibaud IV de Champagne, Wolfram von Eschembach, caballero, autor de “Parsifal”. En extremo-oriente, los samurais son otra muestra.
EL DESENFRENO SEXUAL
En el seno de las hermandades, la fecundidad se manifestaba frecuentemente de forma brutal, anárquica, desmesurada. Pryluski (35) señala: "(...) la actividad de los jóvenes no está solamente orientadahacia la caza y la guerra; es también regulada por la sexualidad. La importancia del “männerbund” no debe hacernos olvidar que el grupo de mujeres jóvenes, organizado o no, es la contrapartida indispensable de la hermandad de los muchachos". Otro tanto ocurren Persia tal como subraya Widengren (36): "Los miembros de esta sociedad viven licenciosamente. El “mairya” es acompañado de la “jahik“ o “jah“ (...), "prostituida". Los elementos religiosos más notables son la lucha contra el dragón y el rito de fecundidad; son combinados en la fiesta de Año Nuevo (...) tras su victoria, el divino matador del dragón esposa a las mujeres que ha arrancado de las garras de la fiera (...)". Es preciso ver en ello un eco de estas prácticas en el “sveyamvara” hindú, casamiento por rapto tolerado para los guerreros. El “Mahâbharata” relata que Arjuna secuestra así a Subhadrâ, "como hacen los guerreros" dice el texto. Odín, padre e inspirador de los “ulfhednar”, posee varios nombres que atestiguan su poder genesíaco: Gautr, Gauti, "aquel que engendra, procrea", Gondlir, "miembro viril". En Escandinavia, “oden” es en ocasiones empleado con el sentido de "en calor, en celo". Gran seductor, es también llamado Oski, "aquel que desea". Los romanos designaban frecuentemente, tal como hemos visto, a las prostitutas mediante el nombre de "lobas" y, por extensión, a cualquier mujer de sexualidad desenfrenada.
LAS MUERTES RITUALES
A imitación de las fieras, los guerreros debían matar durante los combates, evidentemente, pero también en el transcurso de los ritos. Durante tales ceremonias, devoraban a sus víctimas. Algunos autores evocan casos de antropofagia, pero no está demostrado. Los textos escandinavos, hindúes, romanos, no señalan nada de ello, las tradiciones célticas tampoco. Sin embargo, algunos escritos iranios hacen alusión ellos y ciertos autores griegos mencionan elementos similares. Así, al decir de Platón, en “La República” (VIII, 565), estas prácticas han tenido lugar en el monte Liceo. El mito de Lycaon parece reforzar esta hipótesis ya que ofrece a Zeus carne humana. En la mitología griega igualmente, las Ménades, "Mujeres Poseídas", bacantes divinas, ninfas de Dionisos, se entregan a ceremonias similares. "En su delirio, las Ménades situaban miembros de animales jóvenes cuya carne cruda y sangrienta devoraban, lo que daba al cortejo de Dionisos el carácter de una caza seguida de un ágape comunal" (37). Cometieron una muerte significativa, la de Orfeo, que fue desmembrado. Es preciso aproximar estas "muertes" míticas a la de aquel gigante cósmico, Ymir, de la tradición escandinava, o a la mutilación de Urano, la muerte de Vritra o el desmembramiento de Purusha en la tradición védica, la de Osiris y también la crucifixión de Cristo, con la consiguiente comunión donde se come su cuerpo y se bebe su sangre. San Juan (VI, 56) refiere estas palabras de Cristo: "Aquel que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él". Guillaume de Saint-Thierry afirma igualmente: "El hombre puede comer el cuerpo de Cristo, es decir convertirse en cuerpo de Cristo". Estos mitos diferentes se fundan sobre el sacrificio original de la divinidad creadora del mundo. La comida comunitaria de las hermandades celebra este acontecimiento fundamental y lo imita para apropiarse de una parte de la fuerza creadora. Este ágape tiene lugar frecuentemente al término del invierno, en el período del año que, justamente, ve una nueva creación, la eclosión de un nuevo sol.
LA RAPIÑA
Las hermandades guerreras se diferenciaban también por sus rapiñas: "(...), los miembros de la hermandad aterrorizaban a las mujeres y a los no-iniciados y ejercían de alguna manera un "derecho de rapiña", costumbre que se reconoce aún, bajo una forma atenuada, en las tradiciones populares de Europa y del Cáucaso. La rapiña, sobre todo el robo de animales asimila a los miembros de la hermandad a los carniceros" (38). Es posible adelantar algunas hipótesis para comprender el sentido de estas rapiñas. Se tratan seguramente de un resto de conflictos que opusieron nómadas a sedentarios, cazadores y campesinos. Estos robos pueden igualmente haber tenido un fin educativo, como es el caso de los jóvenes espartíatas. No se excluye que estos robos fueran méritos para atribuirse esta reputación. En Irlanda, los Fianna se encargaban, en ocasiones, de recaudar impuestos. En invierno, se alojaban con los habitantes, lo que ha podido contribuir a la idea de una carga obligatoria injustificada en período de paz, es decir, un robo. En indo-persa, "lobo" significa también "raptor".
LAS PRUEBAS INICIATICAS
La iniciación comportaba igualmente varias pruebas físicas cuyo fin era comprobar las aptitudes, el valor y la voluntad del guerrero. Así para el “männerbund”, Eliade dice: "Se devenía “berserkr” tras una iniciación que comportaba pruebas específicamente guerreras. Así, por ejemplo, entre los Chatti, nos dice Tácito, el postulante no se cortaba los cabellos ni la barba antes de haber matado a un enemigo. Entre los Taifali, el joven debía abatir un jabalí o un oso y entre los Hérulos, era necesario combatir sin armas. A través de estas pruebas, el postulante se apropiaba de la forma de ser de la fiera: se convertía en un guerrero temible en la medida en que se comportaba como una bestia de presa. Se transformaba en superhombre porque conseguía asimilarse a la fuerza mágico-religiosa compartida por los carniceros" (39). En Creta, los Curetes debían, entre otras pruebas, vencer y encadenar a un toro, permanecer en una gruta. En Irlanda, los Fianna tenían pruebas a la altura de su naturaleza mítica. El postulante debía: "Enterrarse en un agujero hasta la cintura y con la ayuda de un escudo y de una vara de avellano, defenderse contra las lanzas de nueve guerreros; correr desnudo en el bosque, perseguido por tres guerreros, sin que su cabellera se desarreglara siquiera, sin que una brizna se rompa bajo sus pies; saltar corriendo sobre una barra situada a la altura de la frente y pasar por debajo de otra a la altura de la rodilla; arrancar, sin detener su carrera, una espina clavada en el talón" (46).
EL FUROR HEROICO
Estas aptitudes y excitaciones desembocan y se agrupan en la principal característica de las hermandades guerreras: el “furor heroico”. Los guerreros en cuestión poseían las cualidades de fuerza, habilidad, valor, dureza, ardor. Cualidades que aumentaban considerablemente mediante una especie de trance y de arrebato que les permitía adquirir una energía que superase ampliamente las habituales capacidades humanas. Los escandinavos llamaban a este estado "furor de los berserkir". En ocasiones fue asimilado a una gran cólera y, también, a un gran desprendimiento de calor. Así, sobre Cuchulainn, héroe irlandés, un texto de la tradición local dice particularmente: "Para calmar su cólera se le aportan tres barriles de agua fría. Se le coloca en el primer barril, da al agua un calor tan fuerte que el agua rompe las planchas y los flejes del barril como se rompe una cáscara de nuez. En el segundo barril el agua produjo burbujas grandes como un puño. En el tercer barril el calor produjo un hervor en el agua que algunos hombres pudieron soportar y otros no". Se le atribuía un "furor guerrero que hace fundir la nieve a treinta metros de distancia". En Persia, el furor, Aesjma, fué divinizado, pero como demonio nacido de la embriaguez. Caracteriza también a los “mairya”. El equivalente sánskrito, “ishmin”, cualifica a los Maruts. En sánscrito, el calor se construía a partir de la raíz “tap”, que significa igualmente "practicar la ascesis". Existe pues un paralelismo entre el éxtasis guerrero y el éxtasis místico, con la importante diferencia de que el primero es algo físico y el segundo espiritual, a la imagen de los roles atribuidos al poder temporal y a la autoridad espiritual, a la segunda casta y a la primera, o también a la “pequeña guerra santa” y a la “gran guerra santa” (41). Sin embargo, no hay que olvidar que algunas divinidades participan de las dos funciones: Odín, Dagda, Nuada, Lug, Athenea, Indra, etc. Algunos representan la función real, plurifuncional: Nuada, Lug, Indra. Otras figuran entre la primera función, pero son igualmente guerreros: Odín, Dagda. El calor está relacionado también con la Creación en la tradición védica. "En el inicio, este universo no existía: no había ni Cielo, ni Tierra, ni Espacio-intermedio. “Esto”, el No-Ser, se hizo Ser, es decir Pensamiento: "!yo soy!". “Esto” calienta y de este calor nace el humo, “Esto” calienta primero, y de este calor nace el fuego. “Esto” calienta y de este calor la luz nació. “Esto” calienta y de este calor nace la llama" (42). El calor, la Creación, se unen a los temas que hemos desarrollado tratando del lobo y de la fecundidad. Se trata siempre de la manifestación de la energía sagrada, a la vez destructora y creadora; los guerreros iniciados se servían de esta fuerza extra-humana de manera belicosa. “No se llegaba a ser “berserkr” únicamente por bravura, por fuerza física o por dureza sino también tras una experiencia mágico-religiosa que modificaba radicalmente la forma de ser del joven guerrero. Este debía transmutar su humanidad mediante un acceso de furia agresiva y terrorífica, que lo asimilaba a los carniceros enfurecidos. "Se calentaba" hasta un grado extremo, transportado por una fuerza misteriosa, inhumana e irresistible, que su impulso combativo hacía surgir de lo más profundo de su ser. Los antiguos germanos llamaban a esta fuerza sagrada “wut”, término que Adam von Bremen traducía como “furor”; era una especie de frenesí demoníaco, que llenaba de terror al adversario y terminaba paralizándolo" (43). Según los textos escandinavos, al furor sucede una gran debilidad, "como después de una enfermedad". El guerrero jadeaba, sin fuerza y vulnerable.

V. LA USURPACION GUERRERA
En las hermandades se alternaban los dos aspectos propios del lobo: uno positivo, constructivo, el otro negativo, destructor. Los hombres-lobos pueden ser guerreros de élite, protectores eficaces de una comunidad. Pero la embriaguez puede igualmente degenerar. Entonces, el éxtasis se convierte en demencia e impulsa a destruirlo todo sin distinción. Textos escandinavos mencionan a guerreros que, durante un acceso de furor ciego, masacran a sus compañeros. Esto llega inevitablemente cuando el polo de referencia se pierde, cuando el guerrero deja de servir a la autoridad espiritual. El mundo de “Lo Bajo” hace entonces de él un instrumento de disolución que facilita la llegada de las tinieblas. La tradición mazdea, en el extracto siguiente del “Avesta” (44), distingue dos embriagueces, una procedente del Haoma que eleva, la otra demoníaca: "La menor ofrenda de Haoma, la menor libación de Haoma, el menor sorbo de Haoma basta para matar a mil Devas. Todo el mal hecho por los demonios desaparece al instante de la casa en la que el hombre se sirve Haoma, donde loa al Haoma sanador (...). Cualquier otra embriaguez es un arma mortal: la embriaguez de Haoma marcha con alegría, salta del corazón: la embriaguez de Haoma es ligera". (15). El Avesta, menciona igualmente que existen dos Vayu, dios de la atmósfera, del espacio intermedio, guerrero, en tanto que diferencia "la parte de Vayu que pertenece al Espíritu del bien y la parte que pertenece al Espíritu del mal". Los textos sagrados insisten, de una parte, en la complementareidad de las dos primeras castas, de otra parte, en la indispensable subordinación de la segunda función a la primera, del orden temporal al espiritual (45). Refieren también insubordinaciones al orden de las castas y al principio que se desprende de él, por la segunda función, la guerrera. La decadencia de ésta se manifiesta mediante una voluntad de poder desprovista de toda referencia al Uno y a la autoridad espiritual. Esto se traduce particularmente, en el gusto por lo gigantesco, las formas, el naturalismo y el individualismo. Sigue a ello una materialización progresiva de los ideales del conjunto de una comunidad. El mito de Lycaon, ya evocado, se haría eco de un período muy lejano en el que la segunda función había tomado el poder. Ovidio, describe en “Las metamórfosis” la llegada de esta época y de esta raza de hombres que los Gigantes representan igualmente, de los que Lycaon era el eminente representante: "Y para que el éter, casi inaccesible, no ofreciera más seguridad que la Tierra, los Gigantes, se dice, pretendieron la conquista del reino celeste, amontonando montañas sobre montañas hasta la altura de los astros. Entonces, el señor todopoderoso, lanzando el rayo, destruye el Olimpo y derriba a Pelion de la cúspide de la Osa que le servía de Pedestal. Y como estos cuerpos monstruosos yacían aplastados bajo la masa amontonada por sus propias manos, la Tierra, bañada en olas de sangre de sus hijos, se fue impregnado, se dice, e insuflando la vida a esta sangre aun caliente; y, para que quedara alguna huella de aquellos que había sido su matriz, da a estos seres un aspecto humano. Pero este linaje, también, se muestra lleno de desprecio por los dioses, apasionado por la crueldad y muerte; nada habría podido ignorar el hecho de que había nacido de la sangre" (47). Júpiter decidió el fin de esta raza impía y funesta. El diluvio que siguió puso fin a la edad de bronce que Hesiodo pintó así: "Y Zeus, padre de los dioses, creó una tercera raza de hombres perecederos, raza de bronce (...) terrible y poderosa. Esta no soñaba más que en los trabajos de Ares y en las obras de desmesura (...); aterrorizaban. Poderosa era su fuerza, invencibles sus brazos y vigoroso su cuerpo (...). Sucumbieron bajo sus propios brazos y partieron para la estancia oscura del Hades, sin dejar su nombre sobre la tierra. El negro olvido les cubrió, por radiantes que fueran, y abandonaron la centelleante luz del sol" (48). En la tradición védica, el sexto avatar de Visnhú, Râma-del-hacha, combate y extermina a los guerreros revueltos contra la autoridad celeste. En el “Mahâbharata”, Indra sufre una desgracia mientras expía la muerte de dos brahmanes. "Así, cuando el protector de los tres mundos... hubo desaparecido en su temor (provocado) por la muerte de los brhamanes, el universo no tuvo jefe (...); el “rajas” y el “tamas” invadieron a los dioses; las oraciones del Veda no eran eficaces; los demonios se mostraron y el Veda se perdió. Los mundos debilitados, privados de Indra, se convirtieron en muy vulnerables" (49). En suma, cuando la segunda función usurpa el sacerdocio y la soberanía, los destruye, abrió las puertas a las fuerzas tenebrosas. Por el contrario, se aureoló de una gloria inmortal cuando asumió con abnegación y fielmente su papel: la protección del centro y el mantenimiento del orden. Se comprende, en esta óptica, que San Miguel, jefe de las milicias celestes, y San Jorge, sean considerados en la Europa del Este, como “señores de los lobos”. Estos, pertenecían a la cuarta raza según la clasificación de Hesíodo: "(...) Zeus, hijo de Kronos, creó aun una cuarta raza (...) más justa y brava, raza divina de los héroes que fueron semi-dioses y cuya generación nos ha precedido sobre la Tierra sin límites". El guerrero, como el lobo, puede ser pues, igualmente, el más feroz servidor del Sol y del Uno.

VI. EL GUARDIAN DEL SOL
Tal como hemos señalado, el lobo se encuentra frecuentemente asociado al Sol. Esto hasta tal punto que en ocasiones fue asimilado al astro de luz. Así, Macrobio, en “Las saturnalias”, observa: "(...) la prueba de que el Sol recibe el nombre de Lukos, lobo, es que Lycopolis, ciudad de Tebaida, rinde un culto semejante a Apolo y al lobo, adoptando al Sol en ambos". En Grecia, Apolo era llamado en ocasiones “lukogenés”, "nacido del lobo". Sea porque Leto, su madre, se habría mutado en lobo, durante doce días, para escapar a lo celos de Hera. Sea, poruqe, como refiere Charbonneau-Lassay (30): "(...) un lobo se había mostrado a su madre, mientras que ella estaba encinta de él (...), por esta aproximación, la esencia vital del lobo solar había pasado a él (...)". En griego, ”lukos”, "lobo", está relacionado con “lyké”, "luz", y también con “leuky”, "blanco". Hemos citado a este respecto leyendas altaicas en las cuales el lobo se identifica con la luz celeste. Es igualmente digno de ser señalado que algunos autores han efectuado una aproximación, hipotética, entre el dios celta apolíneo Belen, o Belenus, y el nombre galo de lobo, “bleiz”. Sin embargo, lo más frecuentemente, el papel del Lobo consiste en proteger al Sol. Según Charbonneau-Lassay (18): "el lobo fue siempre considerado en las antiguas tradiciones de los países ribereños del mar de Noruega y del Báltico, como un animal de luz, una especie de genio solar a quien la constelación de la Osa Mayor era consagrada". Se pretendía en ocasiones que esta constelación se compone de siete lobos lo que es aún más explícito. La Osa Mayor y la Osa Menor forman una muralla, infranqueable para el no-iniciado, en torno a la estrella Polar, el centro cósmico. Analógicamente, el Cielo, el Lukaion, bosque sagrado ateniense, rodeaba el templo de Apolo.
Leyendas griegas refieren que un lobo salva el tesoro de Delfos matando al ladrón que cometía el sacrilegio, luego, por sus aullidos, alerta a los habitantes de la ciudad próxima. En su honor, una estatua de bronce fue erigida cerca del gran altar. En un cuento rumano (52), para presentarse en casa del emperador, la heroína debe atravesar tres puentes: el primero de arena (53), el segundo de plata, el tercero de oro. Cada vez que franqueaba uno un animal se interponía: un lobo, un león, una hidra. El emperador representa el centro. Los animales son otros tantos guardianes que autorizan el tránsito sólo a las personas cualificadas y suficientemente puras. En Egipto, el dios lobo Oupuaut, de Lycopolis, "viuda de lobos", es llamado, tal como hemos visto, "espanto de los caminos" y también "aquel que abre los caminos". Estas dos denominaciones evocan el carácter guerrero del lobo. Conduce a los combatientes en tierra enemiga y se sitúa en la proa de la barca del Sol en su peligroso periplo nocturno. Este culto, según Diodoro, se funda sobre el siguiente acontecimiento: un ejército de lobos habría detenido, en la región de Elefantina, una invasión etíope. Una creencia muy extendida, ya mencionada, quiere que el lobo posea una mirada que percibe las tinieblas pues sus ojos brillan en la noche. También, más que un simple defensor, que un “guardián del umbral”, el lobo guía igualmente el carro solar y para esto se sitúa a su cabeza. Un texto (54), relatando la llegada del dios Enki en Sumer, dice especialmente: "Para el Capitán, la proa del navío constantemente, como un lobo, devora el agua (...)". Según la tradición china, los lobos guardan las Nueve Puertas de los Cielos. Para la tradición escandinava, un lobo precede al Sol. Este mismo lobo devorará, a finales de nuestro ciclo, al astro del día. "Sköll se llama al lobo que guía al dios de rostro brillante hasta el abrigo de los bosques (...)" (55)
* * *
Este aspecto del lobo, protector y guía del Sol, es menos conocido que aquel desarrollado en el primer capítulo, a saber el lobo como animal infernal, que conduce a la destrucción y al caos. Se percibe tan luminosa, como tenebrosa es la otra. Se trata, de alguna manera, de su contrapartida, lo que se desprende de la ambivalencia de su naturaleza.
EL LOBO Y EL DEVENIR DEL MUNDO
Recapitulemos las grandes líneas del simbolismo del lobo. Provoca el fin de un ciclo devorando el mundo transformado en materia. Devora y -por tanto- representa la disolución y las tinieblas. A la inversa, representa igualmente la luz. Otra antinomia. A la muerte -y en cierta manera a la esterilidad- que cabalga sobre él, sucede la fecundidad de la que también es portador. Símbolo guerrero, imagen del combatiente móvil, valiente, astuto, fiel, duro, enteramente entregado al principio que sirve; puede, también, zozobrar en las pasiones más egoístas y destructoras de la carne y, por extensión, del mundo, alcanzando un paroxismo sin igual. El, fuerza y garante del orden, se convierte entonces en violencia y caos. Devorador de la materia, conduce al espíritu hasta la transfiguración y el reencuentro con el Uno.
De la síntesis de estos diferentes elementos, resulta: El lobo como símbolo del tiempo cualificado. Pertenece tanto a la luz de la Edad de Oro, como a las tinieblas de la edad sombría. De fecundo, en la primera edad, deviene funesto en la última. Vuelto hacia el espíritu, se aparta, poco a poco, para servir a las fuerzas de lo bajo. Representa, de forma notable, las cualidades de cada edad y más particularmente de la primera y de la última.
En Alquimia y Astrología, el lobo está relacionado con Saturno y Marte. Saturno corresponde a la Edad de Oro, pero también, por su identificación a Kronos, al tiempo y por eso mismo a los cielos y a la muerte. Presenta, una vez más, dos aspectos opuestos, la luz de los orígenes y el principio destructor que trae la noche.
Representa también el mundo, en su fase ascendente, fértil, luminosa y en su descenso que acarrea la oscuridad. Por tanto, es una imagen elocuente de la versatilidad de esta, de esta fuerza que da a la vez la vida y la muerte. Sin embargo, permanece en el ciclo y no escapa de él. También, se identifica con el Devenir y no con el Ser intangible.
Aquí se encuentra la razón por la cual el lobo está asociado, en ocasiones, a la Luna. Al igual que ésta, presenta varios rostros, crece y decrece de forma cíclica, refleja la luz del Sol. La traducción realizada por Langlois del “Rig-Veda” (56) comporta, a este respecto una nota interesante. He aquí, primeramente, el fragmento en cuestión: "Los [rayos] de Agni, el de alas las ligeras, están solos bajo esta bóveda celeste que lo alberga todo: separan de su ruta al lobo que atraviesa las grandes ondas". La nota indica también: "El texto lleva la palabra “vrica”, que, transformado en algunas ocasiones en "bandoleros" y "ladrón", significa también "lobo". El comentarista, ante la duda, presenta ambos sentidos. Supone primeramente que Trita, en el fondo del pozo, tiene miedo de que algún lobo venga a devorarlo y que el Richi ruega a los rayos del día alejarse de este animal hambriento. Da luego un sentido encontrado por Yâsca. El lobo, es Tchandramas, la Luna, pues sedice “vrica” de un astro cualquiera sometido a un ciclo periódico; las grandes ondas, son las olas celestes, es el aire; y en esta hipótesis, Trita dice que los rayos tienen la propiedad de hacer desaparecer a la Luna". Jehan de Cuba (57) afirma igualmente este lazo: "El cerebro del lobo crece y decrece según el estado de la luna". En fin, el lobo simboliza el hombre. Como él, puede ser luz o tinieblas, constructor o destructor, servidor del Espíritu o de la materia, un santo, un héroe, o un demonio. Presenta estos dos aspectos opuestos. De aquí procede, quizás, esta fascinación y también este rechazo mortífero del hombre moderno que, hipócrita, ha eliminado, o marginalizado, a este animal, testigo e imagen molesta, es decir, comprometedora. Esto no impide en absoluto a los lobos tenebrosos el multiplicarse, sino todo lo contrario. El mundo está situado bajo el signo del lobo, con sus cualidades y defectos, su grandeza y sus bajezas. Los "hombres lobos" de hoy desgarran el mundo, no dan, toman con violencia, no sirven, se sirven.
Sin embargo, otro lobo, gigantesco, se prepara. En el reloj del mundo su hora se aproxima. Transformará la oscuridad en tinieblas y la chispa de luz en sol. Es muerte y vida, con toda la amplitud posible de esta misteriosa fuerza, condena y liberación, crepúsculo y aurora, fin e inicio.


NOTAS

(1) Calman-Lévy, París, 1947.
(2) Las palabras “tradición” y “tradicional”, son empleados según la acepción expuesta por Guenon. No se trata de sinónimos de conservadurismo, sino que designan civilizaciones, y la concepción del mundo vehiculizada por estas, que están orientadas hacia lo Alto, hacia el Espíritu. La sociedad medieval fue, en Europa, una última expresión de esta orientación.
(3) Gylfaginning, capítulo 33. Extraído de Les religions de l’Europe du Nord, de Regis Boyer y Eveline Lot-Falck, Fayard- Denöel, París 1974. Los demás extractos de textos escandinavos proceden de esta obra.
(4) Snorri Sturluson, poeta islandés del siglo XIII, ha escrito la mayor parte de lo que nos ha llegado sobre mitología escandinava.
(5) La concepción tradicional del tiempo es cíclica. Un ciclo comprende cuatro edades: oro, plata, bronce, hierro.
(6) Cfr. Géographie sacrée du monde grec de Jean Richer. Trédaniel, Paris, 1983.
(7) Initiation, rites, sociétés secrètes, Gallimard, 1976.
(8) Ur et Krur 1927, Arché, Milan, 1983.
(9) Symboles et mythes de la tradition occidentale, Arché, 1980.
(10) Daniel Bernard, L’Homme et le loup, Berger-Levrault, París 1982.
(11) Cfr. Jean Haydry, Traverser l’eau de la ténèbre hivernale, Etudes Indo-Européenes, n. 13, Lyon 1985.
(12) Sobre este tema ver: Heimdal, n. 16, 1975 y n. 20, 1976, Bayeux.
(13) Cfr. Jean Haudry, Héra y Héra et les héros, Etudes Indo- Européennes, n. 6, 1983, n. 7, 1984, n. 12, 1985, Lyon.
(14) Jéròme Carcopino, La louve du Capitole, Les Belles Lettres,Paría, 1925. (15) Ibidem.
(16) Cfr. Jacques Duchaussopy que se apoya para esto en el diccionario inglés de W. y R. Chambers, en Le bestiaire divin ou la symbolique des animaux, Le Courrier du livre, Paris 1972.
(17) Traducción extraída del artículo de Martin Ninck, Odín, le seigneur des berserkers, aparecido en Heimdal, n. 32, 1980.
(18) En Initiation, rites, societés secrètes. Gallimard, París, 1976.
(19) Presses Universitaires de France, París 1969.
(20) De Zalmoxis, Gengis Khan, Payot, París 1970.
(21) Les religions de l’Iran, Payot, París 1968.
(22) Cfr. Ananda K. Coomaraswamy, La doctrine du sacrifice, Dervy- Livres. París 1978.
(23) Initiation, rites, sociétés secrètes, op. cit.
(24) Danses et legendes de la Chine ancienne. Ed. d’Aujourd’hui, 1982.
(25) G. P. Maisonneuve y Lorose, París 1972.
(26) Hamr, Fylgia, Hugr, Pour les anciens Scandinaves, Heimdal, n. 33, 1981.
(27) Cfr. Le chemin du cinabre, Arché-Arktos, 1983.
(28) Dictionnaire des symboles, Seghers, París 1974.
(29) Citado en Odin, le seigneur des berseskers, op. cit.
(30) En Heur et malheur du guerrier, op. cit.
(31) Jean Przyluski, Les confreries de loup-garous dans les sociétés indo-européennes, Revue de l’histoire des religions, París 1940.
(32) En Cosmogonies védiques de Jean Varenne, Arché - Les Belles Lettres, 1982.
(33) M. Eliade, De Zalmoxis, Gengis-Khgan, op. cit.
(34) Traité d’histoire des religions, Payot, Paris 1983.
(35) Op. cit.
(36) Op. cit.
(37) J. Przyluski, op. cit.
(38) M. Eliade, Initiation, rites, sociétés, op. cit.
(39) Ibidem.
(40) Jean Paul Persigout, Dictionnaire de al mythologie celtique, Ed. du Rocher, Monaco, 1985.
(41) Según un haddîth, una palabra de Mahoma, es preciso distinguir la pequeña guerra santa, física, hecha para vencer al enemigo de carne, exterior, de la gran guerra santa, espiritual, teniendo como fin la sumisión del enemigo interior, presente en cada uno de nosotros. Ver: Julius Evola, Metafísica de la Guerra. Ed. Barbarroja, Barcelona, 1990.
(42) Cosmogonies védiques, op. cit.
(43) Initiation, rites, sociétés secrètes, op. cit.
(44) Traducción James Darmesteter, Librairie d’Amérique et d’Orient Adrien Maisonneuve, París 1960.
(45) Cfr. René Guenon, Autorité spirituelle et pouvoir temporel, Véga, París, 1976. Ananda K. Coomaraswamy, Autorité spirituelle et pouvoir temporel dans la perspective indienne du gouvernement, Arché Milan 1985. Françoise Le Roux et Christian-J. Guyonvarr’h, Morrigan-Bodb-Macha, La souveraineté guerrière de l’Irlande, Ogam-Celticum, Rennes, 1983. Igualmente: Lois de Manou, Ed. d’Aujourd’hui, 1976.
(46) En Morrigan-Bodb-Macha, La souveraineté guerrière de l’Irlande, op. cit.
(47) Flammarion, París, 1966.
(48) Les travaux et les jours, Les Belles Lettres, París 1982.
(49) Parvan del Mahabhârata, Les Belles Lettres, París 1979. Rajas es la cualidad horizontal, su color es el rojo, su sentimiento correspondiente, la pasión. Tamas, está orientado hacia lo bajo, su color es el negro, oscuridad e ignorancia le están asociados.
(50) Le Bestiaire du Christ, Arché, Milan, 1974.
(51) Ibidem.
(52) Citado por Gaston George en Les quatre âges de l’humanité, Arché, Milán, 1976.
(53) Equivale a la edad de bronce.
(54) Citado en La naissance du monde, Seuil, París, 1959.
(55) Grimnismal, en Les religions de l’Europe du nord, op. cit.
(56) Librairie d’Amérique et d’Orient, París, 1984.
(57) Citado por Charbonneau-Lassay en Le Bestiaire du Christ, op. cit.